Kirchner ya hace caja para 2010

Por: Alcadio Oña

De un día para el otro, por un decreto de necesidad y urgencia, Cristina Kirchner aumentó el gasto público en 24.140 millones de pesos, o sea, 6.320 millones de dólares. Y el ministro de Economía, locuaz para otros menesteres, no le dedicó una sola palabra a semejante decisión; menos, desde ya, una conferencia de prensa libre.

Para empezar, el decretazo busca ocultar el estado en que se encuentran las cuentas públicas. Esto es, que después de años de superávits abundantes, en 2009 ya rozaban un déficit imposible de disimular.

Luego, es una prueba de que faltaban recursos para afrontar los gastos. La alternativa era un fuerte ajuste fiscal, con efectos sobre la economía y las aspiraciones políticas del kirchnerismo: así se lo evitó.

Pero hay algo más, encubierto en el decreto presidencial: que el Gobierno no usará toda la plata este año. Según la consultora LCG que dirige Martín Lousteau, le quedará un plus de $ 16.000 millones para gastar en 2010, por arriba del Presupuesto Nacional aprobado por el Congreso y sin necesidad de una ley. O sea, llena necesidades actuales y hace caja pensando en que ya no dispondrá de las mismas fuerzas parlamentarias.

Unas cosas y las otras explican que, de un golpe, fueran tomados $ 8.724 millones de la ANSeS: 5.250 millones del fondo que garantiza la sustentabilidad de las jubilaciones y 3.474 millones de los aportes a la seguridad social. Si esto no es debilitar el sistema previsional, se le parece bastante.

En el mismo raid, el Gobierno capturó $ 11.971 millones del Banco Central. Por un lado, todos los dólares que el BCRA había recibido por la afiliación argentina al Fondo Monetario. Y agregado, un inusual adelanto de las utilidades que este año obtendrá por la devaluación y la revalorización de los títulos públicos que tiene en cartera.

Las cifras son, nuevamente, de LCG. Y por lo que le toca al Central, el paquete representa emisión monetaria para cubrir gastos: ni bueno ni malo, tal cual.

La operación remata con un dibujo que cualquier tributarista independiente reprobaría. Se computan como recursos fondos que debieran ser considerados financiamiento, y así termina maquillándose el resultado fiscal mismo.

Hasta ahora, la estrategia del kirchnerismo consistía en subestimar la recaudación impositiva. Y luego, con el excedente, aumentaba el presupuesto y distribuía las partidas a su arbitrio. Eso hizo Cristina Kirchner con un DNU en 2007, nada menos que por $ 36.000 millones.

El problema, esta vez, es que los ingresos crecen sólo al 10 % y los gastos, al 30 %. Y que entre enero y octubre el superávit primario, sin pagos de la deuda, se achicó a 9.400 millones, contra 34.000 millones del mismo período del año pasado. Los recursos extraordinarios que aporta el nuevo DNU barrerán con este cuello de botella.

Ya se venían exprimiendo todas las fuentes oficiales a mano: desde la ANSeS, el Banco Central y el Nación hasta la Lotería el PAMI y la AFIP. Para afrontar gastos diversos y vencimientos de la deuda.

Quizás no tenga nada de malo que el Estado financie al Estado, si sirve para sostener inversiones y no se postergan otras necesidades también esenciales. Pero el hecho concreto es que se rasca cada vez más el fondo de la olla.

En el mismo cuadro entran los 9.000 millones de pesos acumulados por los llamados ATN, que el Gobierno retiene hace tiempo. Es, en realidad, dinero que les pertenece a las provincias y que bien les vendría, dado el estado de ahogo financiero que enfrentan. Una decisión presidencial acaba de remachar el procedimiento: otra vez, manejo arbitrario del poder central.

Los decretos de necesidad y urgencia implican saltear al Congreso y, siempre que atiendan situaciones excepcionales, son una vía aceptada por la Constitución. A juzgar por las veces que usó ese instrumento, o la Presidenta transita por situaciones excepcionales constantes o se ha acostumbrado a los DNU que antes denostaba. Entretanto, el Poder Legislativo queda relegado al papel de un observador.

Ahora, con recursos del sistema previsional y del Banco Central, se cubrirán sueldos, incrementos en los subsidios a la energía y el transporte de pasajeros, habrá más dinero para Aerolíneas Argentinas, AySA y obras de Vialidad Nacional. En cambio, se podarán gastos en otras inversiones públicas y en escuelas. Todo al gusto de Olivos.

Amado Boudou se entusiasma con la posibilidad de que, cerrado el canje con los bonistas, la Argentina pueda salir al mercado de crédito. Pero cuando dice que será para inversiones públicas y privadas debiera agregar pagos de la deuda: en cualquier caso, entraña el riesgo de subirse nuevamente a la calesita del endeudamiento.

Ese es también un modo de mantener robusta la caja, valiosa para fogonear las necesidades de la política tal como Néstor Kirchner la concibe. Y explotar urgencias provinciales. Nada que se desconozca, aunque el dinero no garantiza la felicidad para siempre.

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