Kirchner ganó la batalla e impuso su ley de medios

Con 44 a favor y 24 en contra, el oficialismo consiguió la aprobación en general. Fue clave el apoyo de los dos senadores "tránsfugas", del socialismo y de los legisladores fueguinos
Con una amplia mayoría, el kirchnerismo aprobó en general la ley de medios. Se impuso por 44 votos contra 24. Triunfó con los votos de 38 de los 39 senadores de la bancada mayoritaria a la que se sumaron: el socialista Rubén Giustiniani, el neuquino Horacio Lores, los fueguinos del ex ARI, José Martínez y María Rosa Díaz, el bussista Carlos Salazar y la cobista correntina Dora Sánchez. Sorprendieron las ausencias de Carlos Menem y la llegada tarde del santiagueño Emilio Rached, que ingresó al recinto cuando el tablero ya mostraba el resultado. El faltazo del riojano sumó suspicacias ya que desde que la iniciativa llegó a la Cámara alta el gobierno había intentado convencerlo para conseguir su voto. Una más de la saga de negociaciones extrañas que ensombrecieron todo el trámite parlamentario.

"Tal vez este proyecto haya nacido aquella noche de marzo de este año en la que el kirchnerismo fue derrotado en Catamarca", afirmó el senador Oscar Castillo. El ex gobernador y actual senador por el Frente Cívico recordó que ésa fue la primera ocasión en la que Néstor Kirchner pronunció públicamente la frase "qué te pasa, Clarín". El gran diario argentino, como se autodenomina el medio fundado por Roberto Noble en 1945, es uno de los objetivos que esconde la ley de medios. No es el único. La sanción de esta iniciativa es para Kirchner una lucha de poder. Un intento por "poner de rodillas" a uno de los grupos periodísticos más poderosos. Es la batalla que el kirchnerismo quería ganar. El triunfo que no consiguió en la elección parlamentaria del 28 de junio, ni tampoco cuando envió a las cámaras legislativas la aprobación de la resolución 125.

Néstor pelea contra los medios de comunicación que no reflejan la realidad kirchnerista. Esa que definen como de crecimiento económico a tasas chinas. Tal vez esto explique la mística que los más enfervorizados voceros del kirchnerismo mostraron a la hora de defender la iniciativa. Muchos la presentaron como una movida fundacional. Lo hizo el santacruceño Nicolás Fernández cuando dio el puntapié inicial a la maratónica sesión. Cumplió con todos los ritos: citó la carta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar y también a Arturo Jauretche.

Los menos alineados de los kirchneristas definen al enfrentamiento que el Gobierno mantiene con Clarín como la "pelea del loco y el ambicioso". Uno de ellos es Néstor y el otro, Héctor Magnetto. Cada vez que hablan del hecho recuerdan que el santacruceño le propuso al empresario ser socios en Telecom y también en Clarín. Ningún K deja de subrayar que como condición el CEO pidió para el grupo empresario el 51 por ciento.

Unos pocos oficialistas admitieron que se estaba discutiendo poder. Lo hicieron Eric Calcagno y Marcelo Fuentes. Ellos, al igual que los restantes kirchneristas, cargaron contra los monopolios. Todos los bloques del Senado hubieran acompañado a Kirchner en esa pelea. Néstor no quiso porque ese enfrentamiento es parte de su juego y también una carta permanente de negociación.

Ganarle una pulseada a Clarín es para el santacruceño también una señal de poder hacia la interna peronista. Acostumbrados a seguir a un jefe, no cabe duda de que muchos pejotistas se encolumnarán detrás de Néstor después del triunfo de ayer. Eduardo Duhalde lo sabe. Por eso no descartó ser candidato a presidente en 2011. Un gesto que pretende marcar una raya que frene la migración de los peronistas que todavía enfrentan al patagónico.

Néstor y Cristina Kirchner están convencidos de que deben repetir una y otra vez su discurso porque, finalmente, algo quedará. La historia demuestra que los diarios oficialistas no tienen destino. Le pasó a La Razón de Jacobo Timerman durante el gobierno de Raúl Alfonsín, le pasó a El Expreso de Gerardo Sofovich en tiempos de Carlos Menem. El pronóstico aventura que ni El Argentino, ni Radio del Plata, en manos del empresario Sergio Szpolski y el grupo Electroingeniería, podrán darle a Kirchner el futuro político que las encuestas y los últimos comicios le niegan. El abultado número de apoyos, las presiones y negociaciones manejadas a control remoto desde Olivos, también entregó otra premisa: todo tiene precio.

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