Kirchner gana tiempo mientras el peronismo no encuentra la salida

Por: julio Blanck

Francisco De Narváez dijo en público lo que gobernadores y dirigentes peronistas dicen en riguroso privado: "Scioli es un derrotado y no tiene autoridad para conducir el PJ". La maniobra de Néstor Kirchner para cederle al gobernador bonaerense la administración partidaria, zafando de la condición de blanco fijo que le impuso la elección, parece derretirse a paso vertiginoso.

Primero fueron los condicionamientos y reclamos de los gobernadores a Scioli y su plan componedor. Y ahora las palabras de De Narváez, que no es el nuevo referente peronista ni mucho menos, pero que tiene el peso específico del que viene de ganar.

Scioli ya tomó nota del ambiente adverso. No es nada personal en su contra, pero lo ven demasiado adherido a Kirchner. Los amigos del gobernador de Buenos Aires aseguran que en sus encuentros y diálogos de estos días con los gobernadores "Scioli nunca se puso en conductor". Dejó en claro que busca una salida que ayude a sostener al gobierno de Cristina, aunque tiene opínión crítica sobre aspectos de la gestión y sobre varios funcionarios. Por extensión, claro, trata de levantar un muro de defensa sobre su propia administración provincial. El traje de componedor es funcional al doble objetivo. Pero el espacio de maniobra que tiene es mínimo.

Para colmo, ayer Scioli habló de "respetar a Kirchner". No es que Kirchner no merezca respeto, pero esas palabras de Scioli son lo último que quieren oir los jefes territoriales del peronismo que salvaron la ropa en la elección y no quieren cargar más con salvavidas de plomo. ¿No eran esos gobernadores los kirchneristas más enjundiosos? Claro que sí. Pero eso era cuando Kirchner ganaba y les repartía migajas de su poder. Ahora perdió y el poder se le escurre. La historia es otra, tan cruel como siempre aunque con los protagonistas en posiciones intercambiadas.

Kirchner, autodesplazado del PJ, opera ahora para reparar y apuntalar la gestión de Cristina. Tiene a favor su determinación feroz por retener el poder. Pero también lo ayudan los titubeos de la dirigencia peronista, que sólo atina a mascullar su resistencia frontal a la continuidad del kirchnerismo, pero que no encuentra ni las formas ni los contenidos que provoquen un giro en la propiedad y el sentido del poder partidario.

A los jefes del peronismo les asusta la sombra que proyecta Julio Cobos sobre la elección presidencial de 2011. Sacan fácil la cuenta: el conglomerado de radicales, socialistas y la Coalición Cívica reunió casi seis millones de votos (30% del total) en una elección legislativa, tradicionalmente dispersa; con desempeños apenas aceptables en Capital y Provincia; y sin Cobos como candidato. Suponen, en la quemazón de la derrota reciente, que una reiteración de las personas, las políticas y los estilos los pondrá al borde de perder el poder dentro de dos años. Les preocupa el signo futuro del Gobierno nacional. Pero también los desvela la amenaza de una oleada adversa que los empuje a resignar sus dominios locales, que de eso viven.

Los que juegan formalmente dentro del PJ tratan de esquivar cualquier compromiso con la gestión de Scioli. Y algunos hasta la rechazan de modo sonoro y extrañamente áspero, como hizo Carlos Reutemann, preocupado por actuar de modo convincente su distanciamiento definitivo de Kirchner.

Pero este no es el único movimiento que se verifica por estas horas en el universo no kirchnerista. También están operando De Narváez y la cara peronista de su armada ganadora, Felipe Solá. Y de algún modo también lo hace Mauricio Macri, que entró en contacto con varios gobernadores para dar señal de que su proyecto presidencial , aún demorado, los podría abarcar.

Entre muchas diferencias que mantienen, De Narváez y Solá también tienen distintas miradas sobre el peronismo y su rumbo inmediato.

Para Solá, que aún es vocal de la conducción partidaria, la cesión de la administración a Scioli fue "un acto de monarquía hereditaria de Kirchner". Propone que en lugar de tertulias con gobernadores y sindicalistas, Scioli convoque cuanto antes al Consejo del PJ: "Están todos los que perdieron, pero también están todos los que ganaron", explica. Supone que allí podría surgir una nueva conducción que sea superadora de la etapa kirchnerista. Y advierte que si eso no ocurre "el PJ, que ya dejó de ser el continente del peronismo, será solamente el refugio del kirchnerismo".

Solá ya habló con varios gobernadores. Y sus contactos con Reutemann son mucho más frecuentes que lo que se conoce. Todos ellos, y también algunos referentes distritales como el porteño Víctor Santa María, coinciden en que sólo una interna abierta por la candidatura presidencial, limpia y masiva, puede reconociliar a las fracciones peronistas entre sí, y a todas ellas con una sociedad que, en buena parte, acaba de darles la espalda.

¿Acaso Solá se imagina un futuro de retorno al peronismo oficial abandonando la disidencia que se asoció con Macri? Ni sí, ni no. Pero tiene claro que junto a De Narváez y Macri, que tiran en yunta, su juego siempre será reducido.

El resultado electoral lo dejó a Macri ligeramente incómodo. Por cierto, fue el único oficialismo que ganó en los grandes distritos: el peronismo oficial perdió en Buenos Aires, Mendoza y Entre Ríos; los socialistas perdieron en Santa Fe y el peronismo no kirchnerista cayó en Córdoba. Pero la elección del macrismo en la Capital tuvo poco brillo. Y además, la victoria de Reutemann introdujo un factor de complicación para Macri y su proyecto de alinear a franjas más gruesas del justicialismo descontento. Si el peronismo encuentra un candidato propio para 2011, no tendrá necesidad de buscar uno prestado.

Lo que hará De Narváez es una incógnita. Ganó con una porción de la dirigencia peronista, y con mucho voto peronista que hizo lo que quiso y no lo que le mandó el aparato. Pero está más cerca de una versión liberal-populista que de un peronismo modernizado pero con identidad indeleble.

De Narváez se para sobre su triunfo indiscutible y dice: "La llave que abre la puerta de la reorganización del peronismo la tenemos nosotros. Ya vamos a ver cuándo la usamos". No es el primero que sueña con encolumnar detrás suyo al movimiento que creó Perón.

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