Los Kirchner van a extrañar a Bush

Por Martín Kanenguiser

No hay ninguna duda: buena parte del mundo respirará más tranquilo a partir de la salida de George W. Bush de la presidencia de los Estados Unidos que comienza a decidirse hoy.

Pero no está claro si al matrimonio Kirchner le ocurrirá lo mismo. Desde 2003, la doctrina norteamericana de no meter sus narices en América latina más allá de Cuba y Colombia le permitió a al Gobierno juguetear con una errática política exterior que ni la acercó a los países desarrollados ni consolidó sus alianzas regionales más allá de las fotos en cumbres regionales o de la venta de bonos al extravagante Hugo Chávez.

Estados Unidos miró para otro lado también cuando la Argentina decidió hacerle una agresiva quita a los acreedores privados en default de casi el 70% en 2005 en la reestructuración de deuda soberana más importante de la historia moderna.

Además, aunque por otros motivos, la administración Bush también despreció al FMI que el gobierno kirchnerista criticó muchas veces con argumentos más que válidos.

Finalmente, el gobierno de Bush hijo dejó de presionar por un tratado de libre comercio continental como el que habían empujado su padre y el demócrata Bill Clinton.

Así, aunque los discursos parezcan reflejar una enorme distancia ideológica entre Bush y los Kirchner, el polémico presidente norteamericano, tal vez el más cuestionado en la historia de su país, parece haber sido funcional al gobierno argentino.

Si el próximo presidente de Estados Unidos decide tener una mirada más inteligente e integral sobre América latina, posiblemente el Gobierno deberá hacer un esfuerzo mayor en términos de coherencia, una cualidad que no parece abundar en estos últimos tiempos en la política oficial.

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