Kirchner evalúa enterrar los símbolos del PJ y reflotar la "transversalidad"

Kirchner evalúa enterrar los símbolos del PJ y reflotar la "transversalidad"
Buscará respaldo en radicales y socialistas K y sectores del progresismo como Sabbatella.
La frase sonó enigmática el lunes, a pocas horas de la derrota del domingo, cuando anunció su renuncia a la presidencia del justicialismo. "Me quiero mover con mucha libertad para profundizar el modelo y el cambio", dijo Néstor Kirchner ante la cámara que lo filmaba en la Quinta de Olivos.

¿De qué "libertad" estaba hablando el ex presidente? Con el paso de las horas, el ex presidente comenzó a dar algunas señales en sus conversaciones con quienes lo visitan en la residencia presidencial. Ante más de un interlocutor ha ensayado un mea culpa por haberse encerrado en el peronismo. Un movimiento que en poco más de un año le licuó buena parte del poder construido en dos décadas. Y, créase o no, vuelve a pensar en un nuevo ensayo de transversalidad para garantizarle la gobernabilidad a Cristina por los próximos años.

Cómo reconocen los principales dirigentes peronistas, Kirchner estuvo muy sagaz en acelerar su renuncia a pocas horas de su derrota. Se anticipó a un reclamo que iba a empezar a sonar pocas horas más tarde y la pudo presentar como una decisión de hidalguía política.

Los gobernadores peronistas repiten que quieren ayudar a la gobernabilidad, pero para eso reclaman cada vez mayores cuotas de poder en el PJ y en las decisiones de Gobierno, sobre todo en las que involucran directamente a su provincias, como la coparticipación de impuestos.

No le soltarán la mano al Gobierno, porque necesitan de su asistencia económica. Pero, como ya lo siente Daniel Scioli en sus intentos de rearmar el PJ, los caudillos provinciales necesitan tomar cada vez mayor distancia de los Kirchner. Es puro instinto de supervivencia. Saben que lo necesitan por sus propias aspiraciones provinciales y nacionales para las elecciones de 2011.

Quienes conversaron con Kirchner en las últimas horas dicen haberle escuchado lamentarse por el fiasco que resultó su regreso al peronismo. El PJ, más que la "base de sustentación" del gobierno de su esposa con la que soñó, resultó ser un corsé de hierro que primero lo asfixió y después lo hundió.

Sabe que no podrá contar con la mayor parte del peronismo para apuntalar los dos últimos años del gobierno de Cristina. Y su renuncia a la conducción del PJ iría acompañada por un distanciamiento del "pejotismo" en sentido amplio. Como en los primeros años de la era kirchnerista, la Marcha, el escudo y las fotos de Perón y Evita volverían al arcón de los recuerdos.

La "libertad" para volver acercarse a los aliados K sin la mochila del PJ es la que busca Kirchner. Entre los escombros de la transversalidad subsisten, también heridos, pero al menos con mayor fidelidad kirchnerista, los líderes de movimientos sociales como Luis D'Elía y Edgardo Depetri. Este último, ya tendría asegurado un puesto en el Ministerio de Planificación.

También los gobernadores radicales K, como el santiagueño Gerardo Zamora y el rionegrino Miguel Saiz podrían ganar protagonismo. Y el contingente de radicales y socialistas K y progresistas de cuño diverso que integran hoy Gustavo López, María José Lubertino, Oscar González, Jorge Rivas y Ariel Basteiro, que podría ampliarse en el futuro, cuando aparezcan vacantes en el gabinete. Otro posible aliado es el ex intendente de Morón, y diputado electo, Martín Sabbatella.

Entre los visitantes de Kirchner en la quinta de Olivos, hay quienes lo impulsan a avanzar en este regreso a la transversalidad y quienes le recomienda, en cambio, resistir en el PJ, aún en minoría.

Habrá que ver si la Concertación plural, que también fue vapuleada el domingo pasado (Ver La concertación...) puede ser resucitada por un golpeado Kirchner

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