Los Kirchner ya empiezan a pensar en un 2011 diferente

Los Kirchner ya empiezan a pensar en un 2011 diferente
El matrimonio habla poco del futuro. Pero habrían dado señales de que no pelearán la presidencial de 2011.

Todas las mañanas cerca de las siete, Néstor Kirchner camina en la cinta. A veces lo hace por los jardines. Después de leer diarios empieza su día en la residencia, en la oficina que usa casi de unidad básica. Horas después, su esposa, la Presidenta, se va a la Casa Rosada y él se queda. Ahora sumó las salidas de campaña. Algunas rutinas se mantienen pero muchas cosas cambiaron en Olivos. La principal: ya no habría planes de los Kirchner para seguir en la cúspide del poder en 2011.

Nada de renuncias anticipadas ni salidas escandalosas. Cristina Kirchner gobernará hasta el último día, juran a su lado. Pero en la cuidada intimidad de Olivos ya habrían suspendido los planes para intentar quedarse en la Casa Rosada otro período más.

La Presidenta sólo piensa en la gestión. No habla de sus planes para cuando deje la presidencia, pero ha dicho que no peleará por otro mandato. Le quedan más de dos años en el poder y tiene mucho trabajo por delante.

Su marido contó en una sobremesa, en el comedor de la residencia, que su única obsesión es ganar el 28 de junio, aunque sea por un voto. No habla ahora de intentar volver en 2011; antes lo hacía. Hasta se divertía con el cotillón de pingüinos inflables con la banda presidencial y la leyenda "Kirchner 2011".

En Olivos, cuando Kirchner habla de política y la Presidenta de la gestión, lo hacen frente a dos personas: Carlos Zannini, secretario Legal y Técnico de la Presidencia, y Héctor "El Chango" Icazuriaga, jefe de la SIDE. Nadie más.

Los Kirchner son celosos de su intimidad. Algunos de los secretos de los Kirchner se develan cuando habilitan el comedor de la quinta de Olivos. Intimidad es cenar con ellos, un ritual casi diario para Zannini e Icazuriaga. Trabajan hace más de 20 años con los Kirchner y son, además, amigos. Para ellos es natural comer en Olivos y después hacer caminatas nocturnas con el ex Presidente para hablar de política.

Cristina Kirchner prefiere estar adentro y si sale al jardín, lo hace solo para hacer ejercicios. Los Kirchner hacen un culto de las caminatas. "Les oxigena la cabeza", interpreta un funcionario. Alguna vez el propio Kirchner contó que cuando no podía tomar una decisión, caminaba y después sentía que pensaba mejor.

Los otros que también entran en la quinta de Olivos no son recibidos en la casa. Y eso marca la diferencia.

Antes, de las cenas en la casa principal participaba Alberto Fernández, hoy muy lejos de Cristina Kirchner: la Presidenta no le dirigió la palabra nunca más desde que renunció a su cargo. En cambio entre Kirchner y el ex jefe de Gabinete hay en trámite una reconciliación todavía muy frágil.

El círculo íntimo de los Kirchner no se amplió con la partida de Fernández. Se cerró aún más.

Ni Máximo, el hijo mayor de los Kirchner, va tan seguido a Olivos. Se replegó. Abandonó la agrupación La Cámpora. Volvió a Río Gallegos para seguir ocupado de los negocios inmobiliarios de la familia. Antes participaba bastante, discutía y cuestionaba, pero ahora volvió al bajo perfil. Hizo una excepción cuando apareció en el lanzamiento de la candidatura de su padre, el jueves. Su habilidad para el análisis político era y es muy valorada por la Presidenta.

Kirchner mantiene casi el ritmo de horas en actividad que antes, salvo que no va a la Casa Rosada. Atiende en Olivos a políticos (desde ministros a intendentes) en una pequeña oficina que enfrente tiene otra con cuatro televisores. Su vocero, Alfredo "El Corcho" Scoccimarro, es otro de los hombres que acompañan a Kirchner, además de sus tres secretarios privados.

La Presidenta también atiende bastante en Olivos, en la oficina derecha a la de su marido, que es el despacho presidencial de la quinta. Lleva bastante trabajo a la residencia. Uno de sus ministros de más confianza es el jefe de Gabinete, Sergio Massa. Kirchner prefiere a Florencio Randazzo, ministro del Interior.

Los Kirchner hablan poco del futuro. A ninguno le gusta. Pero habrían dado señales de que ninguno de ellos peleará la presidencial de 2011. Kirchner lo dice en privado, aunque en público sólo habla sobre la pelea electoral inmediata.

El ex presidente es un animal político y no dejará la política.

Al matrimonio ni se le pasa por la cabeza irse antes. "Ellos dicen que Cristina renuncia si quedamos debilitados en el Congreso, porque ellos son los que van a querer voltearnos, trabarnos leyes. Les vamos a ganar y la Presidenta va a mandar las leyes a debatir, como siempre", dice Kirchner delante de un funcionario-amigo.

Ellos, para Kirchner, son Mauricio Macri y los suyos, y Elisa Carrió con los aliados radicales.

En un despacho del Senado, algunos senadores peronistas llegaron hasta imaginar el escenario de una elección presidencial anticipada, si Kirchner pierde o, si el oficialismo se queda sin poder de imponer mayorías en el Congreso. Fue hace algunas noches. Todos le temen al Kirchner con menos poder.

Esas especulaciones tienen su razón. Han escuchado a Kirchner decir en la dramática noche del 18 de julio del año pasado, cuando Julio Cobos definió el voto contra la resolución 125: "No nos interesa un gobierno sin poder". Esa misma frase la suele decir Kirchner pero siempre aclara que no hay ninguna posibilidad de retirada. "Nunca me fui de ningún lado", le gusta recordar.

Los que lo conocen de memoria aconsejan no subestimarlo. El ex Presidente niega haber pensado en hacer las valijas y volverse a Santa Cruz, después de aquel voto de Cobos. Y ahora ante una elección que se presenta complicada mandó a callar a los que comentaban en privado que el kirchnerismo podría emprender la retirada si las cosas salen mal.

El matrimonio sabe que un sector del peronismo empezó a preparar la sucesión kirchnerista. Lo huelen y tienen información concreta de las reuniones privadísimas que se hacen en Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba.

Cristina Kirchner casi no participa en el armado político, le deja ese lugar a su marido, que pasa horas en Olivos encerrado en la oficina. Habla con gobernadores, intendentes y legisladores. Y empezó él a marcar el límite de su propia sucesión.

Sabe que Carlos Reutemann aparece hoy como el elegido por la mayoría de los hombres del PJ que ya no militan en el kirchnerismo, y también seduce a otros oficialistas. Los gobernadores ya no le dicen a Kirchner "El Flaco", como en las épocas en las que medía más de 60 puntos en las encuestas. Pero Kirchner los elogia y suma precandidatos a la lista de presidenciables que encabeza Daniel Scioli.

El ex presidente apuesta a ganar en la provincia de Buenos Aires y discutir su sucesión desde una posición de poder.

"El candidato a Presidente de 2011 del peronismo saldrá de una interna, y hay varios. Todos pueden ser", le dijo a uno de los hombres que pasa con él las tardes que no está de campaña.

Por eso Kirchner habla de otros gobernadores como Jorge Capitanich, Mario Das Neves y Juan Manuel Urtubey. No quiere tampoco que nadie ataque a Reutemann. "Nunca se fue del PJ", advierte.

En los últimos días, Kirchner y los suyos se mostraron en privado convencidos de un triunfo electoral en la Provincia.

Eso podría abrir una puerta que hoy en Olivos parece cerrada. A Kirchner le gusta sorprender. Y jugar a fondo.

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