"Kirchner y Duhalde han cumplido una etapa"

El gobernador de Salta toma distancia de la Casa Rosada al afirmar que cree en "el diálogo permanente y no en la imposición de decisiones", aunque también elogia a la pareja gobernante y asegura que tiene un proyecto para erradicar la pobreza en el país
La política no es un circo, aunque es cierto que para ser político en la Argentina hay que especializarse en el arte del equilibrismo. Y, además, para ser un dirigente oficialista en tiempos de Kirchner hay que recibirse de malabarista, en especial después de las elecciones del 28 de junio y si se quiere soñar con algún futuro serio después de 2011.

Hay casos particulares, de todas formas, como las acrobacias de Daniel Scioli, que hace equilibrio con gestos hacia todos lados, sin red y sobre una cuerda floja que llega desde Olivos, o el contorsionismo de Julio Cobos, Elisa Carrió y Margarita Stolbizer, tan flexibles que son capaces de girar sobre sí mismos para llegar al principio, cuando estaban desunidos.

El gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, es la mejor síntesis de un equilibrista y malabarista.

Siempre fue el niño mimado de los Kirchner, sobre todo de la Presidenta, que lo conoce desde que ambos eran legisladores, relación que justificó que algunos lo calificaran de "ultracristinista".

Pero este abogado que hoy cumple 40 años también dio un paso al costado del oficialismo en el conflicto con el campo, renegó de las candidaturas testimoniales y hoy, como demuestra en la entrevista con Enfoques, alterna elogios al matrimonio gobernante con críticas al Indec, al "estilo de imposición de decisiones" y su inesperada confesión de que se reúne y habla con el archienemigo de la Casa Rosada: Eduardo Duhalde, a quien incluso reivindica por su experiencia política.

Aun así, Urtubey considera que "Duhalde, Kirchner y todos los que ocuparon cargos importantísimos en la Argentina han cumplido una etapa". Y, en forma algo críptica, deja entrever que no cree en el proyecto "Kirchner 2011".

Casado, con cuatro hijos (de 15, 12, 9 y 5 años), Urtubey fue funcionario del ex gobernador Juan Carlos Romero, pero él niega que haya sido su delfín y destaca que sólo trabajó un año y medio durante su gestión en Salta. Al que sí le reconoce su padrinazgo político es a su tío Julio Mera Figueroa, el ex ministro menemista, de quien rescata que fue "un tipo de palabra".

"Tenemos que garantizar que en la Argentina caminemos hacia la equidad", dice Urtubey, por otra parte, al hablar de su proyecto más ambicioso: un fondo de 3000 millones de pesos para "combatir las causas y no las consecuencias" de la pobreza.

-¿Qué es lo que más y lo que menos le gusta del kirchnerismo ?

-Hay un mal histórico, que son los "ismos". Soy peronista. Y un convencido de que en la Argentina, igual que en el mundo entero, hay que recuperar un Estado presente que genere reglas de juego para no dejar librada al mercado o al azar, sobre todo, la situación de vulnerabilidad de los más excluidos. He participado activamente en el Congreso en la política de derechos humanos. Y si uno toma las distintas bandas de crecimiento de la Argentina de las últimas décadas, esta es una de las épocas en donde más acompañó el crecimiento de los indicadores sociales al del Producto Bruto Interno. Ahora falta la segunda fase que es casi tan importante o más importante que la primera: garantizar que ese crecimiento sea inclusivo, no sólo en términos sociales sino geográficos, y es ahí donde planteo algunas alternativas superadoras.

-¿Por ejemplo?

-Tenemos que garantizar que caminemos hacia la equidad en la Argentina. Gobierno una provincia que tiene un producto bruto geográfico, per cápita, de 5000 millones de pesos contra 10.000 que es el promedio nacional. Una provincia que tiene un presupuesto de 3300 pesos por habitante mientras otras tienen más de 20.000 pesos. Estamos hablando de dos Argentinas diferentes. Algunos creen que la discusión está en la ley de coparticipación. No es la solución. No inventemos nada, copiemos lo que está bien hecho: el Fondo de Cohesión de la Unión Europea, la Cassa per il Mezzogiorno italiano, en Colombia hay un sistema parecido, igual que en Portugal. Es lo que hizo crecer a muchos lugares. Apliquemos recursos a aquellas provincias que tienen mayores niveles de necesidades básicas insatisfechas, que están por debajo de un promedio. Si aplicáramos fondos, no más de un 3% de la masa coparticibale, a ese tipo de provincias, no para gastos corrientes, sueldos, sino para inversión en infraestructura que genere desarrollo, en 14 años garantizamos niveles de equidad que hoy la Argentina no tiene. Ahí hay que poner estos fondos. En la Argentina tenemos la mala costumbre de trabajar sobre las consecuencias, no sobre las causas.

-Igualmente, no me contestó qué le incomoda del kirchnerismo.

-No me incomoda para nada.

-¿Pero no le molesta nada?

-Hay cosas... Me considero una persona mucho más dialoguista. Por ahí es mi formación parlamentaria. Fui diez años legislador. Eso, en alguna medida, influye en mi forma de actuar. Trabajo mucho sobre el diálogo permanente, continuo, y menos en lo que es la imposición de decisiones, que eso es lo que a veces genera algún ruido en la sociedad como forma de gestión.

-¿Le parece positiva la reaparición de Eduardo Duhalde?

-Un dirigente político de verdad nunca se va de la política. Una cosa es irse de los cargos, pero de la política no se va nadie.

-Como los Kirchner lo habían identificado con un padrino mafioso...

-Esas categorías son producto de la propia crispación de los procesos electorales. Una vez que pasan, todo se amortigua.

-Usted seguramente se reunió con Duhalde. ¿De qué hablaron?

-Sobre cosas de las que hablamos los dirigentes, no hay ninguna otra cosa que sea evaluar cómo el peronismo puede ser una real alternativa de poder en el futuro.

-¿Estas reuniones con Duhalde no le traen problemas con Kirchner?

-No. Charlo con todo el mundo. También hablo con dirigentes que piensan distinto de Duhalde. O con radicales, y no me hago radical. Tengo amigos en Pro y no soy de Pro, ni me van a convencer.

-¿Duhalde tendrá un papel importante en la recomposición del PJ?

-En la Argentina vamos hacia un cambio de época. Hay dirigentes importantísimos, como el propio Duhalde, Kirchner... Todos los que ocuparon cargos importantísimos, los que dieron todo de sí para ser grandes presidentes, han cumplido una etapa. La construcción política tiene que tener más que ver con el siglo XXI que con el siglo XX. Y esa forma de construcción es sobre ideas comunes, mucho más horizontal.

-¿Duhalde y Kirchner, entonces, representan el pasado?

-No digo que representen al pasado. Ellos fueron presidentes y se supone que dieron todo de sí para ser grandes presidentes. Si ya dieron todo de sí, ya está. No me gusta catalogar como pasado o presente, con categorías o adjetivos calificativos. Son datos objetivos de la realidad. La demanda siempre va por más y para adelante.

-Hablar de las elecciones parece del pasado, pero, ¿por qué perdieron las elecciones los Kirchner?

-Nosotros solemos nacionalizar el resultado de la provincia de Buenos Aires. Entonces los resultados de las provincias son provinciales y los de Buenos Aires son nacionales. En la provincia de Buenos Aires la gente quiso votar algo distinto, quiso dar un mensaje, quiso cambiar.

-La sensación es que Kirchner está políticamente más fuerte que nunca. ¿Tendría que haber dispuesto cambios de Gabinete y de políticas para estar en sintonía con el mensaje electoral?

-El cambio se verá a partir del 10 de diciembre en el Congreso. La gente votó para que las políticas se expresen allí.

-Entonces le parece bien que el Gobierno administre sin importarle el mensaje que marcaron las urnas.

-No, es bueno que se escuche a la gente. Pero pretender que el cambio se exprese en la composición del Gabinete es pretender que la Argentina esté en una democracia parlamentarista, y no la tenemos.

-No sólo en el Gabinete. La gente no parece haber votado para que siga el conflicto del campo o para que se pelee contra el grupo Clarín. El Gobierno perdió, pero da pasos hacia un kirchnerismo más recalcitrante.

-Sí, pero eso es verlo desde la mirada cortoplacista. Porque la expresión del resultado electoral se verá a partir del 10 de diciembre y por un plazo de cuatro años.

-Insisto: no es la actitud de un gobierno derrotado, que corrige aquellas cosas que lo hicieron perder.

-Kirchner ha sido toda la vida un dirigente que fue al frente. Siempre jugó con mucha fuerza y va a seguir jugando igual. Y las relaciones de fuerzas son las que van moderando las tensiones.

-¿Kirchner puede ser candidato presidencial en 2011?

-Puede ser candidato el que tenga voluntad de serlo.

-Más allá de la voluntad de él, ¿cree que debería serlo?

-La demanda de la sociedad es ir a futuro. Kirchner fue un gran presidente de la Argentina, fundamental en el proceso que le tocó vivir. Y habrá que ver si la demanda de la sociedad dentro de dos años va por ahí. Creo que va ir para adelante.

-¿El o la sociedad?

-La sociedad, en términos de expectativas de futuro. Es mi visión.

-¿Esa visión excluye a Kirchner?

-Le cuento una anécdota. Cuando estábamos discutiendo con un grupo de compañeros la conformación de una lista, un amigo mío se pone a hablar de la renovación. Otro, con más experiencia, le dijo: "Yo estoy de acuerdo con la renovación, pero primero que me ganen". Así es la política.

-Es lo que dice Luis Barrionuevo. Pero si alguien cree en la renovación también puede dar un paso al costado.

-En política, la renovación no se genera por voluntad del renovado, sino por la voluntad de los renovadores. Y es así en casi todos los ámbitos de la vida.

-¿Lo ve bien a Carlos Reutemann? ¿Es realmente una carta de triunfo del peronismo para 2011?

-Lo primero que hay que hacer con Reutemann es dejarlo tranquilo. Está muy nervioso últimamente. No creo en la carta de triunfo de la lógica mesiánica, sino en aquellos que tengan capacidad de una construcción colectiva. Y, hasta ahora, Reutemann no lo ha demostrado.

-Usted es considerado el delfín político del ex gobernador Romero, pero ahora es su rival. ¿Le debe mucho?

-Yo le gané la elección. No empecé en política con Romero, sino en una elección interna contra él, en 1994, acompañando a Mera Figueroa, el hermano de mi madre. Nos ganó y me incorporé como minoría. Fui funcionario un año y medio. Llegué a la gobernación peleando contra su candidato y contra él, que se postulaba para senador. Ahí se zanjó la discusión. Hay una lógica tradicional en el peronismo por la que el que gana conduce y el que pierde tiene que acompañar. En eso estamos trabajando.

-Su padre, Rodolfo Urtubey, es un abogado que trabaja desde hace mucho para Romero. ¿Se lleva mal con él?

-Sí.

-Hace poco, en la pelea por el control del PJ salteño, su padre firmó un recurso de amparo en contra de usted y hasta lo acusó de haber dado "un virtual golpe de Estado" contra la conducción partidaria". Es muy duro...

-Nunca tuve relación con mi viejo. Desde muy chico tuvimos una relación traumática por muchísimas cuestiones. Somos diez hermanos y yo soy el octavo. Pero él tiene una personalidad muy particular, muy especial. Siempre fue un seguidor de Romero y seguirá siéndolo. Está bien. Son sus ideas. Tengo una idea distinta.

-¿Hablan de esto o ni se hablan?

-Muy poco. Conversamos sobre el clima, esas cosas interesantes (se ríe).

-¿Usted también piensa que Julio Cobos es un traidor?

- Hizo lo que él pensaba que tenía que hacer. Hubiese sido bueno que eso lo discutiera previamente con la Presidenta. Siempre es esperable que el vice acompañe al gobernador o a la Presidenta.

-Usted tiene una mala relación con su vicegobernador, Andrés Zottos.

-No es mala relación. Tenemos posiciones distintas en algunas cosas. No dramatizo lo de Cobos. Tengo una buena relación personal con él, tiene cosas para aportar. No hay que darle entidad a la diferencia de criterio. Si no, pretenderíamos que la Argentina fuera una especie de máquina de hacer chorizos y saliéramos todo igual.

-¿Usted confía en el Indec?

-Eso es lo menos importante. El Indec debe dar los marcos referenciales y da la sensación de que no hay mucha confianza. Hay que hacer una ley que le dé autarquía y se tiene que manejar con otra lógica. Técnicamente puede estar correcto, pero si está discutido es de poca utilidad.

-¿Es perjudicial o no la presencia de Guillermo Moreno en el Gobierno?

-Es notable el nivel de celebridad que tiene. Pero hay que discutir políticas.

-¿No es un símbolo de aquellas cosas que deberían cambiar?

-Si está como funcionario, debe de ser que quienes tienen la responsabilidad de gobernar creen que hace bien su tarea.

-¿Su continuidad es responsabilidad de Néstor Kirchner?

-De Cristina Kirchner, la Presidenta.

-Pero Néstor está muy activo.

-Son dos cosas distintas. La conducción del espacio político es de Néstor Kirchner, pero la responsabilidad de la administración del país la tiene la Presidenta.

-Forman una sociedad política.

-Correcto.

-¿No le parece mal?

-No, porque no es nada nuevo. Los argentinos votaron eso.

-¿Cree que la gente sabía que estaba votando ese combo en 2007?

-Esto viene all inclusive (risas). Así funciona.

© LA NACION

Mano a mano

Rápido de reflejos, preocupado por quedar bien con casi todos y con cierta tendencia a tirar la pelota afuera con el fin de hacer tiempo. En esta época en la que el fútbol es palabra santa para el kirchnerismo, esas características de Juan Manuel Urtubey podrían convertirse en el mejor símbolo de su militancia en el equipo oficialista. Es evidente que está en una posición incómoda: no puede, ni quiere todavía, salirse de las filas K. Pero también quiso dar señales de que no elude el diálogo con Eduardo Duhalde y de que el PJ y la Argentina deberían salir del cerco de los dos últimos presidentes. Y decir hoy, como lo hizo él, que no ve claramente el proyecto Kirchner 2011 puede costarle caro. En la entrevista, en la Casa de la Provincia de Salta, Urtubey tomó mate con bombilla, no contestó su BlackBerry e hizo honor, con mucha amabilidad, a su aspecto de "niño bien" de la sociedad salteña. Tiene mucho futuro. Sobre todo cuando comience a definirse y a dejar de ser un kirchnerista que amaga con dejar de serlo.

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