Kirchner, el que divide a la oposición

Por Carlos Pagni

El piquetero Emilio Pérsico dijo la semana pasada que Cristina Kirchner podría renunciar si el Gobierno perdiera las próximas elecciones. Varios funcionarios desmintieron una salida anticipada, pero olvidaron, en el apuro, retrucar la grave afirmación en la que esa profecía se sostenía: el 28 de junio el oficialismo puede ser derrotado.

¿Qué sería, para el Gobierno, perder? Hoy por hoy, algo muy concreto: que Néstor Kirchner no salga primero en la provincia de Buenos Aires.

Esa hipótesis, cuya verosimilitud aumenta en estos días, vuelve más intensa la disputa bonaerense: cualquier victoria sobre Kirchner quedará transformada en la plataforma de un lanzamiento presidencial. El apoyo de Mauricio Macri a Francisco de Narváez, las dificultades de Felipe Solá con ese dúo, la lista común que impulsa Eduardo Duhalde y la intransigencia de Elisa Carrió son movimientos sólo comprensibles a la luz de la ulterior competencia por el gobierno de la Nación.

Que Kirchner puede perder no es sólo un consenso entre encuestadores. Hugo Curto, el experimentado intendente de Tres de Febrero, se lo confesó la semana pasada a un encumbrado dirigente opositor: "A Néstor lo tengo segundo en mi distrito, detrás del «Colorado»". "El Colorado" es De Narváez, claro.

Varios colegas de Curto registran el mismo problema y temen perder el control de sus concejos deliberantes. Deben elegir entre el triunfo de Kirchner y su propia estabilidad en la comuna. Por eso, bajo cuerda, negocian listas con De Narváez y Solá, y también por eso esta semana condicionarán su apoyo al ex presidente. Le pedirán que, a diferencia de lo que hizo hace dos años, cuando permitió la postulación de dirigentes de izquierda que terminaron formando sus propios bloques de concejales, esta vez no promueva en los municipios candidaturas alternativas a la oficial.

El encierro final del kirchnerismo en el PJ sería la frustración definitiva de cualquier vestigio de transversalidad. Condolencias para Alberto Fernández.

Kirchner sigue siendo imbatible en las áreas más postergadas del Gran Buenos Aires (José C. Paz, el sur de La Matanza, Florencio Varela). Pero las encuestas detectan que en algunos barrios pobres ha comenzado a perder el monopolio electoral, en principio a favor de De Narváez. De profundizarse, esa tendencia sería decisiva porque, para compensar sus dificultades con la clase media, rural y urbana, Kirchner debería arrasar entre los más humildes. Acaso lo esté buscando cuando radicaliza su discurso.

La vacilante superioridad de Kirchner y el avance de De Narváez son evidencias preliminares aceptadas en voz baja por la Coalición Cívica y la UCR. Pero cuidado: es sólo la foto de largada. Hay que despejar varias incógnitas para descubrir la dinámica de todo el proceso.

Una de ellas es el papel de Daniel Scioli en la campaña. Scioli parece ser incombustible: su popularidad flota por encima del 45%, aunque, a su lado, los Kirchner estén envueltos en llamas. Por eso su hermano José integraría la lista. Scioli pasará estos meses temblando. Con su política de seguridad amenazada (el miércoles pasado, policías en actividad desfilaron en La Plata con carteles referidos a supuestos negociados), teme que su distrito se convierta en un campo de combate entre chacareros y piqueteros. Importa el destino de Scioli: después de junio puede ser la única tabla que rescate a los Kirchner si se convierten en náufragos.

Apuesta publicitaria

El opulento De Narváez apuesta al despliegue publicitario. En su primer spot aparece como un señor común y corriente que, desde dentro de un sencillo buzo azul, pide ayuda. La cámara lo toma desde arriba. Luce indefenso. De Narváez confía en que ese look, y no la gresca, lo convertirá en contrafigura del esposo de la Presidenta. Pero ¿alcanza con eso para enfrentar una política de alcance nacional?

La postulación de Kirchner llevará a Macri a comprometerse con la campaña de De Narváez hasta casi apropiarse de ella. A Macri le parece inofensivo respaldar a alguien que, por haber nacido en Colombia, tiene vedada la presidencia. Si el verdugo de Kirchner fuera autóctono, como Solá, el líder de Pro estaría alimentando un competidor para las presidenciales. Al postergar a Solá, Macri y De Narváez están privando al PJ de un candidato para la Casa Rosada. Carlos Reutemann, agradecido.

¿Contará también De Narváez con el madrinazgo de Gabriela Michetti? Depende del protagonismo que ella asuma en la campaña. Macri espera que Michetti regrese de sus vacaciones (lo hizo ayer) para pedirle que se lance en la Capital como candidata a diputada nacional.

Desde la vereda de enfrente, Elisa Carrió aconseja (y desmerece) a la vicejefa: "Que no se deje engañar por Kirchner y Macri". Si Michetti no la enfrenta, juran algunos de sus amigos, es más por temor que por afecto. Además, ella sueña con la jefatura de gobierno, para la que Carrió no es un obstáculo. ¿Se desviará de ese objetivo para liberar a Macri de una rival en la carrera hacia la presidencia?

Si no consigue amedrentar a Michetti, Carrió confía en eclipsarla. Su inigualable talento dramático podría ser el más atractivo canal del voto-castigo contra Kirchner. Así mejorarían las perspectivas de Margarita Stolbizer en la provincia. Stolbizer ya selló una alianza con la UCR, pero debe superar una discusión por el orden de las candidaturas: ella pretende ubicar a Ricardo Alfonsín en tercer lugar, detrás de un dirigente agropecuario (se frustró la postulación de Mario Llambías). Pero Alfonsín dice estar en mejores condiciones para encabezar la lista.

Voto útil

De Narváez y el macrismo quieren afianzar su oferta mientras los radicales se demoran en rituales. Apuestan a dragar la base de Stolbizer proponiendo el voto útil para derrotar a Kirchner. Creen que es la única vía, aunque remota, por la que la UCR y la Coalición Cívica se rendirían a la convergencia duhaldista.

Duhalde sueña con una lista única que aplaste a los Kirchner con el 60% de los votos. Pero su estrategia está fracasando. Macri cree que podría alcanzar ese triunfo solo. Además, una encuesta del viernes indica que las perspectivas de Kirchner mejoran con la unidad de la oposición. Pero el límite más severo le llegó a Duhalde desde el ARI bonaerense. La convención de ese partido rechazó el sábado la unión con Solá y De Narváez por ser "representantes del duhaldismo".

Se impuso Carrió, quien también mira el 28 de junio pensando en la sucesión presidencial. Ella cree inconveniente diluir su identidad opositora en asociaciones con Julio Cobos o con peronistas disidentes a los que, después de junio, denunciará como kirchneristas contrariados. Carrió supone que tras el ecumenismo de Duhalde se esconde un golpe blanco para voltear a los Kirchner e inaugurar un "gobierno de unidad nacional" encabezado por Cobos. Duhalde parece darle la razón cuando bromea: "Al loco se lo llevará el que lo trajo". Carrió se niega al experimento: "Los peronistas nos quieren hacer cargo de la crisis para después ellos volver a la presidencia en una variante reciclada". Tampoco quiere que Cobos saque ventaja. Es lo único en que coincide con Kirchner.

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