Kirchner divide a la oposición: muchos lo necesitan con vida

Por Carlos Pagni

El aparato de comunicación del oficialismo trabaja en estos días para demostrar que el arco opositor que el jueves derrotó a Néstor Kirchner en la Cámara de Diputados carece de la cohesión necesaria para acorralar al Gobierno e imponer un rumbo a la política. Despectivo como de costumbre, Aníbal Fernández dijo que se trató de "un rejunte". Más refinada, la centroizquierda filokirchnerista de Martín Sabbatella prefirió hostigar a "Pino" Solanas preguntándole por qué votaba con el macrismo. Esta presentación supone que la Argentina está partida por un conflicto entre la izquierda y la derecha que llevará a la oposición a la ruptura.

Pero en el conglomerado de la oposición existe una grieta menos visible y, acaso, más operativa. No deriva de una contradicción ideológica, sino de las conveniencias con que especula cada grupo cuando analiza la carrera presidencial de 2011. Esta divergencia separa a los peronistas disidentes de Felipe Solá y Graciela Camaño del no peronismo de Oscar Aguad (UCR) y Elisa Carrió (Coalición Cívica). Sometidos a Kirchner, los peronistas están en el peor de los mundos. Sencillo: la persona que más determina su vida interna es, al mismo tiempo, la menos apreciada por la sociedad. Es casi inevitable que esa ecuación conduzca a una derrota. En el PJ necesitan que se precipite una renovación, para disputar la Presidencia con un candidato competitivo. Puede ser Carlos Reutemann, Felipe Solá o Francisco de Narváez. Cualquiera, menos el desprestigiado esposo de la Presidenta.

En cambio, al vicepresidente Julio Cobos, o al flamante presidente de la UCR, Ernesto Sanz, igual que a Carrió o a Hermes Binner, nada le puede parecer más provechoso que enfrentar a alguien que, como el santacruceño, no registra más que el 20% de aceptación en las encuestas.

Aunque de orden táctico, esta discrepancia es, en la política de estos días, tan crucial como la brecha ideológica. Separa al Acuerdo Cívico y Social del PJ disidente.

La contradicción podría quedar expuesta en el escenario fiscal, que es donde el peronismo libra su batalla interna, secreta, con Kirchner. Es casi conmovedor asistir a las contorsiones con las que gobernadores e intendentes peronistas intentan, como escapistas de circo, liberarse de él. Esas operaciones son vanas cuando se llega al último grillete: los giros de dinero desde el poder central. El santacruceño sabe de memoria que la caja es el único factor de sometimiento que le queda, si es que quiere evitar que los dirigentes de su partido corran en masa detrás de un candidato que les permita retener el poder.

No debe sorprender, entonces, que cuando a Solá se le pregunta cuál es su principal objetivo parlamentario en la etapa que se inaugurará el próximo 10, conteste: "Discutir el reparto de fondos Nación-provincias para emancipar a los gobernadores de Kirchner". Graciela Camaño, en cuyo bloque se integraron los delegados de Mario Das Neves (Chubut) y José Manuel de la Sota (Córdoba), dice lo mismo. Solá y Camaño mantuvieron una larga charla el jueves pasado por la mañana. También participó Eduardo Duhalde, aunque por casualidad: llamó desde Roma para informarse sobre la peripecia parlamentaria de ese día. Es el mismo Duhalde que, después de la derrota electoral del 28 de junio, le dijo a Daniel Scioli: "Si querés sumarte a nosotros, emití patacones. Es la única forma de que te liberes. Es la única forma de que nos sirvas". El caso de Scioli es paradigmático: el año que viene necesita US$ 3000 millones para no quebrar.

Camaño se propuso integrar a su grupo, como asesor senior, a Jorge Sarghini, que dejará de ser diputado. Se trata, acaso, del mejor experto en federalismo fiscal con que contó la Cámara hasta ahora. Sarghini promovió durante los últimos meses la coparticipación del impuesto al cheque, y también que las provincias se apropiaran, en la confección del presupuesto, de los Adelantos del Tesoro Nacional (ATN) que el Ministerio del Interior no ha repartido en los últimos años.

Estos peronistas disidentes conversan con los mortificados gobernadores. El de Salta, Juan Manuel Urtubey, comenzó a proponer que los recursos que hoy maneja a su arbitrio la Nación, se giren a las provincias según un índice de reparto automático. No debería extrañar que Urtubey, Jorge Capitanich (Chaco), Sergio Urribarri (Entre Ríos) o José Luis Gioja (San Juan), encontraran en el PJ díscolo al comando que los desate de la cadena fiscal.

Sin embargo, la emancipación podría encontrar un límite tácito, impreciso. ¿Cuál es el incentivo electoral para que los "cívicos" de Aguad o de Carrió faciliten la renovación que se desencadenaría en el PJ, si Kirchner pierde la caja? ¿Por qué Sanz, que puede aspirar con ventaja a la gobernación de Mendoza, va a fortalecer al peronismo de esa provincia librándolo del estima kirchnerista? La misma pregunta vale para Aguad, que tiene a Córdoba al alcance de la mano. O para Gerardo Morales, en Jujuy. Ellos deberán resolver el dilema entre sus intereses electorales y los compromisos retóricos asumidos con el federalismo fiscal, al que varios expertos de la UCR dedicaron más de un trabajo y por el que también claman los gobernadores del partido.

El avasallamiento de las autonomías provinciales es una clave de bóveda de la Argentina electoral. El kirchnerismo lo sabe, y por eso reclamó la presidencia de la comisión de Presupuesto y Hacienda. La Casa Rosada quedó a dos votos de controlar la mayoría de ese reducto estratégico. Será decisiva, entonces, la alianza con "compañeros de ruta" como Carlos Heller o Sabbatella, quienes se reencuentran después de haber compartido la misma fe comunista (es imposible comprender los alineamientos actuales de la izquierda sin advertir cómo ha reverdecido, al calor de los Kirchner, el Partido Comunista).

De todos modos, la ley del cheque o las retenciones a la soja son los ejemplos que primero menciona el jefe de la bancada oficial, Agustín Rossi, cuando se le pregunta en qué casos cabría esperar vetos de la Presidenta. El dispositivo retórico de esa operación es conocido: se acusará al Congreso, "donde ganó la derecha", de querer voltear a un gobierno que se identifica, gracias a las retenciones, con la distribución del ingreso. Una música aprendida, a los apurones, en Honduras.

La estrategia electoral condiciona otros aspectos de la puja política. La oposición será, sin duda, consecuente con la agenda de leyes que aspiran a un mayor control sobre el Ejecutivo. "Más importante que liberar a los gobernadores es liberar a los jueces" se le escuchó decir a un alto dirigente radical. Se refería a la restauración del equilibrio en el Consejo de la Magistratura. También alrededor del saneamiento del Indec puede construirse una mayoría homogénea.

Otros objetivos, en cambio, amenazan con aislar al peronismo disidente del resto de la oposición. Por ejemplo, el juicio político a la Presidenta, insinuado ayer por Francisco de Narváez. La eventualidad de un final abrupto es un factor de discordia entre los socios del jueves pasado. El radicalismo y la Coalición Cívica están en condiciones de administrar la crisis del PJ y favorecer la candidatura del esposo de la Presidenta. Una ilusión maquiavélica, como diría Emilio Hardoy, que no siempre funciona. Que lo digan, si no, los alfonsinistas, que a fines de los años 80 alimentaban a Carlos Menem, suponiendo que se le ganaba más fácil que a Antonio Cafiero.

Más allá de las hipótesis, parece haber una lógica de hierro. El peronismo necesita, antes de 2011, de cualquier modo, ganarle a Kirchner. Los radicales y Carrió pretenden, en cambio, ganarle al peronismo. Ese sueño los convierte, llegado el caso, en involuntarios socios de Kirchner.

Comentá la nota