"Kirchner no defiende a los intendentes, los usa"

"Kirchner no defiende a los intendentes, los usa"
Posicionado como el principal rival de Néstor Kirchner en las próximas elecciones, Francisco de Narváez asegura que los jefes comunales serán el caballo de Troya del kirchnerismo y le apunta al gobernador bonaerense: "El que deja en libertad a los menores que delinquen es Scioli, no los jueces"
"A los peronistas les encanta la plata". Lo dice Francisco De Narváez, sentado en sus suntuosas oficinas del barrio de Las Cañitas, cuando se le pregunta si tiene que disimular su condición de millonario para poder hacer política.

Si fuera cierta su afirmación, ¿sugiere esto que los peronistas bonaerenses votarán masivamente el 28 de junio próximo a este empresario adinerado, alias El Colorado, de 55 años, colombiano de nacimiento y argentino naturalizado?

Es la gran incógnita de las próximas elecciones, sobre todo desde que se confirmó que De Narváez encabezará la lista de candidatos a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires que presentarán Pro y el peronismo disidente. Todas las encuestas marcan que será el principal adversario de Néstor Kirchner, titular del PJ, ex presidente y esposo de la jefa del Estado. Y si fuera cierta su afirmación de que a los peronistas "les encanta la plata", ahí ya entran en competencia dos billeteras muy importantes.

Es cierto que De Narváez puede hacer rendir los 630 millones de dólares que le pagaron en 1999 por la venta de la célebre Casa Tía, pero Kirchner, como es sabido, aprovecha como pocos los recursos oficiales para sumar voluntades (y, en términos de un efectivo manejo del dinero, muchos todavía recuerdan que salió de la Casa Rosada con un crecimiento de su patrimonio personal de más de 11 millones de pesos).

¿Será entonces que para un peronista no hay nada mejor que un millonario? La única verdad es la realidad, y la realidad es que De Narváez ahora habla a borbotones sobre su propuesta y sus ideas ante Enfoques, horas antes de que se oficialice su candidatura a diputado, pero en muchos momentos no parece un simple postulante a renovar una banca legislativa y se expresa como si, en realidad, el reloj se hubiera adelantado a 2011 y él ya fuera postulante a gobernador bonaerense.

Se entiende: es su gran objetivo, como él mismo lo admite, y un buen resultado en los próximos comicios, en teoría, lo dejará en inmejorables condiciones de suceder a Daniel Scioli en la provincia.

Por eso, aunque aclara que Scioli es su amigo, lo disimula al ofrecerle sus mayores críticas: "No quiso ser gobernador y se le nota", "decidió administrar la inseguridad", "la gobernación bonaerense no puede ser el felpudo de la Casa Rosada". Y, sobre todo: "El que deja en libertad a los menores que delinquen es Scioli, no los jueces".

Obviamente, de sus cuestionamientos no se escapan los Kirchner, sobre todo Néstor: afirma que éste "ya perdió las elecciones porque perdió la confianza y el vínculo afectivo con la gente", que el ex presidente "no defiende a los intendentes bonaerenses, sino que los usa", y que tiene una "vocación confrontativa".

De Narváez reconoce que el eje de su campaña seguirá siendo la inseguridad, tema en el que se ha especializado, pero que ahora no dirá que "la seguridad se hace", que es el eslogan de su actual publicidad callejera, sino que dirá "cómo se hace". En ese sentido, señala que el país "ha ido a un extremo de garantismo" y propone que se debata una de sus ideas: una ley para responsabilizar penalmente a los padres cuyos hijos cometen delitos.

-¿Cómo se le gana a Kirchner?

-Kirchner ya perdió. Porque perdió lo que tiene que tener una persona que conduce, que es la confianza de la gente y el vínculo afectivo con las personas. Han hecho todo lo que se podía hacer para perderlo. Y le vamos a ganar con la verdad, con ideas. Cuando descalifiquen, vamos a responder con una idea. Cuando ofendan, me voy a sonreír. Va a hacer lo imposible para no perder. Pero mis números tienen que ver con el sentido común: Cristina sacó 45 puntos en 2007, en el momento más alto de Néstor como presidente y de ella como candidata, y Scioli, que era una topadora, 45 puntos. No es irrazonable pensar que han perdido un tercio por el conflicto con el campo, con un mundo que no es el mismo, que los deja en 30 puntos. Quiere decir que hay un 70% que no los quiere. Bueno, aspiramos a representar la mayoría de ese 70%.

-¿Cómo le dan las encuestas?

-En las que yo encargo, bárbaro. (Risas.)

-¿Cerca de Kirchner?

-Estamos en un empate técnico. Miro varias encuestas. En algunas estamos dos o tres puntos arriba de Néstor; en otras, él está dos o tres puntos por encima de nosotros. Se ha polarizado la elección. Esto es, indudablemente, entre Néstor y De Narváez. El está más cerca de su techo, que se le está cayendo, y nosotros, en un piso que va a crecer. El fuerte de Kirchner es el segundo y el tercer cordón del conurbano, que es donde yo voy a concentrar mi campaña.

-¿En su campaña, insistirá con el tema de la inseguridad?

-Sí, pero vamos a decir cómo. No solamente decir qué se hace sino cómo se hace. Y durante toda la campaña vamos a decir que hay dos modelos. Hay gobiernos que se deciden por administrar la inseguridad. Es el caso de Kirchner y de Scioli. Ocultando cifras y siempre reaccionando tarde. Nunca le ganan al delincuente. Y hay países que han tomado la decisión política de combatir al delincuente, y particularmente al narcotráfico. Ese es el que yo voy a poner en práctica: poner a las fuerzas de seguridad en un estado de prevención, de anticipación. Tenemos que intervenir antes de que se cometa el delito. El 911 es una herramienta de 1970, es para avisar lo que ya pasó. ¿Cuánto tiempo tardamos en construir y darle forma a una ley como la del fuero juvenil? Voy a decir una cosa fuerte: el que deja a los menores en libertad es Scioli. No los jueces. Porque no está dando cumplimiento a la ley. Con uno o dos institutos para 400 menores resolvemos el problema de la minoridad.

-Por lo visto, no es muy amigo de Scioli. ¿Cómo ve su gestión?

-Soy amigo de Daniel, pero no confundo la amistad con mi responsabilidad como dirigente. Lo peor es que no quiso ser gobernador y se le nota. Está padeciendo la gobernación, no tiene equipo, no tiene decisión. Vamos a un déficit de 10.000 millones de pesos. Una provincia desfinanciada, desgobernada en sus temas más críticos como la inseguridad, sin un programa de contención social y con todos los intendentes importantes del conurbano hablando en Olivos. ¿Para qué está la gobernación? Es un felpudo de la Casa Rosada.

-Usted representa a una nueva generación de políticos, pero en las últimas semanas, antes de esta definición de la lista, ¿sus cruces con Felipe Solá no fueron más dignos de la vieja política?

- Más que hablar de lo nuevo y de lo viejo, me gusta hablar de lo bueno y de lo malo, y lo que sucedió entre Felipe y yo durante algunos días fue de lo malo. Me hago cargo y le pedí disculpas. No se debe construir así. Pero prosperó lo bueno. Nos hemos puesto de acuerdo en un marco de entendimiento, por donde se puede sumar más. Me siento muy orgulloso de Felipe, y también le estoy agradecido, porque ha tenido un acto de grandeza y de generosidad que se ve poco en la política. Juntos vamos a poder construir mucho.

-En 2011, si usted va a ser candidato a gobernador, su espacio va a tener un problema porque Macri y Solá querrán ser candidatos presidenciales...

-No veo un problema, sino algo bueno. La grilla de los presidenciables va a ser mucho mejor de la que tuvimos en 2003 y en 2007. Seguramente Felipe y Mauricio van a estar, como también otras personas del justicialismo y de otras fuerzas. Mi ambición es gobernar la provincia de Buenos Aires porque no concibo un modelo para la Argentina sin una provincia de Buenos Aires de pie y pujante. Pero también tiene que existir un grado de condicionamiento a los candidatos presidenciales: no se puede gobernar el distrito sin políticas nacionales, sin compromisos firmes del gobierno nacional hacia la provincia. El problema del conurbano es un problema nacional. Como el problema de la producción o el de la seguridad. Hay que salir de esta discusión ridícula de que sin la coparticipación no se puede hacer nada. Mentira. Se puede hacer un montón de cosas. La coparticipación es la excusa de los incapaces. Lo que no quiere decir que no deberíamos repensar el sistema porque estamos en falta desde 1994.

-¿Qué piensa del tipo de liderazgo de Macri? ¿Es el adecuado?

-Mauricio y yo estamos aprendiendo. El fue la persona que me entusiasmó. Vivimos juntos la crisis de 2001. El ya tenía tomada una decisión de ingresar en la gestión pública y fue la primera persona con la que yo asumí un compromiso de acompañar. Ambos hemos aprendido. Que la política es un ejercicio de sumar, de buscar consensos, y ambos venimos formateados y formados en el sector privado, donde generalmente las decisiones se toman en forma unilateral. Lo veo en un camino de aprendizaje muy intenso, con vocación de ser presidente de la Nación y también con un enorme desafío de conducir a todas las fuerzas que quieran acompañarlo. Siempre le digo: al peronismo se lo conduce, no se lo manda. Eso es lo que quiso hacer Néstor y así le va... y Mauricio me escucha.

-¿Se aliarán con otras fuerzas para ganar las próximas elecciones?

-No me gusta hacer las cosas en la vida en contra de algo o de alguien. Juntarse para ganarle a Néstor es una muy mala decisión. Lo que no quita que vayamos a conversar y que busquemos la mayor sinergia. Tal vez la sinergia es argumental. Podemos estar juntos en muchas cosas, pero no debemos estar revueltos.

-Kirchner les pidió que no lo escondieran a Eduardo Duhalde. ¿Son mascarones de proa del duhaldismo?

-Duhalde es uno de los ex presidentes a los que les tocó el sillón más caliente. Hacer política en la provincia de Buenos Aires desconociendo a Duhalde es no mirar la realidad. Lo respeto, lo quiero, lo escucho. Sigo sus consejos cuando creo que son los que yo tomaría y discrepo cuando tengo que discrepar. La mayor parte de la política bonaerense de los últimos 25 años lo ha tenido como protagonista central...

-Alguno podría pensar que quizá por eso la provincia está como está...

-Hemos cometido errores. El primero que lo reconoce es él. Hay un Duhalde mucho mejor después de haber dejado la Presidencia. Está en una posición de ser un conductor que quiere sumar y que tiene experiencia. El mismo dice: "Me tengo que haber equivocado en muchas cosas porque, si no, no estaríamos donde estamos".

-¿Compartir un espacio con Solá significa avalar las políticas de su ministro de Seguridad León Arslanian?

-No, pienso en forma diametralmente opuesta. Es una de las conversaciones profundas que he tenido con Felipe. Nosotros nos hemos ido corriendo la línea de la interpretación de la ley y nos hemos ido a un extremo de garantismo malentendido. La garantía mayor la debe tener el ciudadano que cumple la ley. Pero hemos inducido a nuestros fiscales y jueces a que la interpretación tiene que estar favoreciendo al delincuente y no a la víctima. ¿Por qué pienso esto? Primero, porque nos invadió una filosofía, una forma de interpretar la Justicia en ese sentido. Se interpretaron los derechos humanos como una gran bandera del Gobierno, con la cual coincido plenamente, pero de los derechos de todos, no sólo los de algunos. Además, cuando uno aplica una política, se puede estar o no de acuerdo, pero no cuando se miran los resultados. Y los resultados de hoy son muy malos. Déjeme dárselo en cifras: sólo uno de cada cuatro delitos se denuncia. Pero de esos que se denuncian, sólo el 1,4% tiene condena y cumplimiento efectivo. Es decir, tomar el camino de la ilegalidad, que te atrapen, que te juzguen, que te condenen y que cumplas tu condena es prácticamente riesgo cero.

-Lo que también es cierto es que la legislación se ha endurecido a partir de la irrupción de Juan Carlos Blumberg, pero no han mejorado los índices...

-No creo que sea una cuestión de cambiar las leyes ni de endurecerlas, sino de cumplirlas. Todas las leyes son perfectibles. Si no las cumplen es porque no hay decisión política de hacerlas cumplir.

-¿Cómo afrontar el problema de los chicos que salen a robar pasados de paco y dispuestos a matar?

- La droga tiene tres impactos. El primero es la brutalidad: lo que antes podía ser un robo termina hoy en homicidio. Segundo, este adicto al paco, que necesita entre 30 y 50 dosis, que cuestan de 5 a 10 pesos, no puede encontrar un trabajo y tiene que salir a delinquir. El tercer elemento es que es una fuente de ingresos. El dealer encontró una forma de ganarse la vida. Doy una primicia: en la Argentina se produce, se distribuye y se consume droga. No es verdad que sea un país de tránsito. Está dicho por la ONU. En el tema de los menores hay un problema de falta de contención: de 10 jóvenes que viven en un hogar pobre, sólo tres tienen trabajo. Seis no terminan el colegio primario. Tenés una expulsión de jóvenes hacia la esquina. ¿Qué pasa allí? Pasa la birra, la bebida pesada, el porro, la cocaína y terminás en el paco. Y de ahí no volvés. Hay que impulsar una legislación para responsabilizar a los mayores que tienen hijos menores que delinquen. Tiene que haber una corresponsabilidad. Estas son las discusiones que tenemos que tener, que tuvieron en los países que han ido ganando a la inseguridad.

-¿Quiere la pena de muerte?

-No, para nada. Por mis convicciones religiosas y, además, porque sería reconocer el fracaso del Estado. Pero sí soy partidario en la discusión de que llevemos la legislación y su interpretación a las penas de cumplimiento efectivo. O sea, el máximo que podés tener en la Argentina por acumulación son 50 años. Bueno, 50 años de condena. No puedo aprobar que el homicida confeso de [José Luis] Cabezas esté en su casa. Dos por uno y no sé qué... La sensación que tiene la gente de que los culpables no pagan la pena es verdad.

-¿Tiene relación con los intendentes del conurbano? ¿Le parece que son fieles a Kirchner o que pueden jugar con ustedes en las elecciones?

-Soy un diputado nacional y cada vez que voy a un distrito llamo al intendente y le pido una audiencia. Para saludarlo porque represento a su distrito... Por supuesto que hablamos de política. Yo defiendo la gestión de los intendentes del conurbano?

-Igual que Kirchner...

-No los uso, los defiendo. Néstor los usa. Y los defiendo porque hay que estar sentado ahí, hay que aceptar el agua con arsénico, la cloaca que no llega, el pavimento que no está, la ruta que no se concreta, las viviendas que se prometen y no se hacen.

-¿Y cómo se los convence para que lo apoyen? ¿Con plata, con promesas de lugares en las listas de candidatos?

-No tengo que hacer ningún esfuerzo, lo hace Néstor. Los intendentes del conurbano son el caballo de Troya del kirchnerismo.

-Hablamos mucho de Néstor, pero, ¿qué opina de Cristina Kirchner?

-Tiene un rol muy importante. No entiendo bien cuál es la dinámica entre ellos dos. A veces ella tiene una tendencia más hacia la pluralidad, pero es una cuestión de forma. Estoy convencido de que si Néstor pierde las elecciones, como creo que las va a perder, Cristina va a gobernar mejor. Y me voy a encargar, con tantos otros políticos, de que lo haga con una agenda que tenga determinados puntos centrales: un Consejo de la Magistratura equilibrado, un gobierno sin superpoderes ni emergencia económica, con políticas públicas orientadas contra la pobreza y la inseguridad.

-¿Cree que si pierde los comicios, como sugirió el piquetero Emilio Pérsico, va a dejar el gobierno?

-No, va a gobernar mejor. Va a depender de una actitud muy madura y responsable. La noche de las elecciones vamos a llamar a todos los argentinos a resolver los problemas reales. Voy a trabajar para que Cristina termine el 10 de diciembre de 2011.

-Usted invierte mucho en publicidad. ¿Cuánto gasta en ese rubro?

-Un montón (se ríe).

-En números, ¿cuánto es?

- Hemos invertido mucho dinero. El número no se lo voy a dar.

-¿Cree que si no hubiera puesto tanto dinero no tendría buena imagen ni hubiera tenido tantos votos en 2007?

-Seguramente, no. Pero mi vida es una serie de cosas. Tuve la suerte de ser el nieto de un emigrante que llegó en el 45 con una mano adelante y otra atrás, y diez años después éramos una familia que había prosperado. Tuve la suerte de hacer negocios en la Argentina y de hacer mucha plata. Nunca la hice con el Estado. Y hace cuatro o cinco años decidí jugarme a la política. La gente no vota al que no conoce. Yo he invertido mucho de mi dinero, no el de todos ustedes, para hacerme conocer. Y si la gente me va a elegir, no será por mi dinero: me va a elegir porque va a creer en mí.

-¿Sigue pensando que Macri es un peronista no declarado?

-En rigor, esto ya lo decía Perón, y Borges decía que éramos incorregibles, pero creo que el perfil del argentino es peronista. Aunque algunos no lo sepan...

-¿De qué argentinos?

-De todos. Y es algo que tenemos que corregir, como tenemos que corregir al peronismo. Quiero un peronismo distinto. Porque el argentino tiene una tendencia a ser un poco transgresor, no muy apegado a las normas, lo tienta el camino fácil, es respetuoso, el orden está en la familia...

-¿Y ésa es la característica del peronismo?

-Y... El peronismo tiene un poco eso, somos autoritarios, somos un país presidencialista. En una elección nacional, el peronismo saca el 60 y pico por ciento: no es un fenómeno político sino social. El peronismo del siglo XXI es moderno, con pensamiento nacional, con ideas claras...

-Pero quizá ese peronismo moderno no gana las elecciones...

-Puede ganarlas. En 2011 va a ser parte del esquema de poder. No sé si el presidente va a ser peronista. Pero gobernar la Argentina sin el peronismo es una utopía. Y mucho más gobernarla bien. El peronismo puede gobernar bien. Lo que hemos hecho es ganar elecciones y gobernar mal.

-El peronismo es muy amplio, e incluyó desde el liberalismo de Menem hasta el seudoprogresismo de Kirchner. ¿Dónde se ubica usted?

-Me considero un tipo de centro. Con tendencia a ser mucho más progresista en términos del rol del Estado. Y más liberal en entender que el capital privado, sobre todo el capital nacional, tiene un rol en la conformación de nuestra sociedad. Pero entre defender a un empresario o a un trabajador, defiendo a un trabajador.

-¿En qué año se afilió al PJ?

-En el 86 o en el 87.

-Usted es un peronista que votó a Raúl Alfonsín y a Luis Zamora, que estuvo con Menem y con Duhalde, que se alió con Macri y que le dejó una puerta abierta a Kirchner...

-Empecemos por el principio. Me impactó mucho el cierre de campaña de Herminio Iglesias, en el 83 [N. de la R.: en ese acto, quemó un ataúd con las iniciales del radicalismo]. Me pareció que se venía por la revancha. Una locura. Y a Zamora lo voté por su honestidad. Un tipo que dejó de ser diputado y volvió a vender libros en forma ambulante merece mi respeto. La honestidad es una condición esencial en el hombre. No lo sentí como una traición al peronismo, sino como un premio a algo.

-¿Qué piensa hoy de Menem?

-Le tengo respeto.

-¿Es su modelo político?

-No, no. Lo conocí en los 70, cuando era gobernador de La Rioja y vino a nuestra oficina de Casa Tía a pedir que instaláramos un local en su provincia. Nos contó que cuando era estudiante de abogacía, en Córdoba, iba a Casa Tía a comprar sus útiles y a veces se robaba algún caramelito.

-¿Qué cosas rescata de él?

-Su primera presidencia. Tuvo el coraje de ir a Inglaterra y pedir que se termine pacíficamente el conflicto de las Malvinas. Les dio lugar en su gobierno a distintos pensamientos. Después se enamoró de la convertibilidad y se mareó por el poder.

-¿Usted no tiene que disfrazarse de peronista para disimular su dinero y no tener imagen de oligarca?

-No, a los peronistas les encanta la plata. Mire a Evita. Y, si no, a Amalita. Si vos sos lo que sos, pero, además, lo que tenés lo obtuviste por derecha, la gente te respeta. Pero si sos un don nadie que, de golpe, no podés justificar ni el pantalón que tenés puesto, la gente tiene todo el derecho de sospechar. No hay que tenerle miedo al éxito. Yo tengo muchos más adversarios entre los empresarios que entre los obreros.

-¿Sabe la marcha peronista? ¿Cómo le cae la parte que dice "combatiendo al capital"?

-Sí, claro que la sé. Me cae bien. Es parte de nuestra mística. Hay otra estrofa que me gusta: "Todos unidos triunfaremos".

-Hay quienes lo comparan con Silvio Berlusconi, un dirigente de derecha, con plata y dueño de medios...

-No conocen a De Narváez ni a Berlusconi. No comparto su visión de la política, ¿Por qué invertimos en medios de comunicación? [N. de la R.: es dueño o tiene participación accionaria en América TV, radio La Red y los diarios Ambito Financiero y El Cronista ]. Porque son las columnas centrales que un país y, sobre todo, el capital nacional, no pueden desatender. Aspiro a que los medios en la Argentina sean independientes, plurales, de capital nacional, mayoritariamente al menos, y que tengan la posibilidad de informar y de expresar el pensamiento de la sociedad.

-Usted proviene del ambiente empresarial. ¿Qué le parece la actitud de sus ex colegas ante el Gobierno?

-He sido parte de esa mesa y me hago responsable, pero tiene un papel muy deslucido. Muchos se llenan la boca con la calidad institucional y permiten que [Guillermo] Moreno se les meta en los calzones. No puede ser que se dejen vapulear como lo está haciendo el kirchnerismo. Van cada tanto a una conferencia de prensa en Olivos a poner cara de buenos y a aplaudir.

-¿Por qué intentó suicidarse, en 1992?

-Porque sentí el agotamiento del tener y la falta del ser. Y me di cuenta de que podía ser sin sacarme la vida.

-¿Es cierto que se encerró en un hotel internacional, con un revólver?

-Sí, pegué en el poste.

-¿Qué lo frenó?

-No sé. Tal vez mis hijos. Ahí entrás en una nebulosa en la que no sabés muy bien qué pasa, pero por suerte me frené.

-¿Y en qué influyó esa situación límite para su vida desde entonces?

-Ahh... Te despojás de todo. Sos capaz de andar por la vida sin nada...

-¿Lo fortaleció?

-Sí, obviamente. Me siento tan feliz... pero la felicidad no es ahora una definición de tener, y eso tiene que ver con la política. En ese momento surgió inconscientemente mi vocación política. La política es un acto de desprendimiento. Tenés que dar todo y muchas veces no recibís nada. Lo que te llevás es el beneficio de haberlo hecho. Y si vos le movés positivamente el amperímetro de la vida a la gente, no debe de haber un reconocimiento mayor. Algunos van por el lado de las religiones, yo voy por el lado de la política. El rol que puedo tener de ser un transformador de la vida de los argentinos me llena, me mueve.

-¿Cómo es su vínculo con el dinero? ¿Qué representa para usted?

-(Se toma unos segundos para responder) A ver... Es algo absolutamente coyuntural. No lo despilfarro, pero tampoco muero por mi cuenta bancaria. Va y viene.

-Por lo visto, le llegó a pesar...

-No, lo que me pesó es que tenía un mandato muy fuerte de mi abuelo para ser un gran empresario. Y los grandes empresarios tienen que pensar en maximizar la rentabilidad, a costa de lo que sea. Me convertí en un tipo muy cruel en eso. Conmigo mismo. Hasta que un día me dije: "No, ya cumpliste, déjense de joder (se ríe). No me aprieten más". Saludé a la foto del abuelo y me puse a vivir mi vida.

-¿Hizo terapia?

-Cinco días a la semana durante mucho tiempo. Las primeras veces me sentaba y no hablaba. No podía decir una palabra. Y esa pelea del tener me llevó a una pelea muy fuerte y desgraciada con mi hermano Carlos, de la cual estoy muy arrepentido. En un momento pensé que los dos no podíamos compartir el mundo. ¡Qué estupidez! Por ahí el tiempo nos ayuda...

-¿Todavía no se reconcilió con su hermano?

-Tenemos una buena relación, pero no es la que uno quisiera tener con su hermano. Responsabilidad mía, obviamente.

-En política uno trata de acercarse, de negociar. ¿Que no pueda hacerlo con su hermano no es una contradicción?

- No, la vida siempre te da oportunidades. Por suerte, sus hijos y mis hijos tienen la mejor relación. Son temas pendientes en la vida que se van a resolver.

-¿Le pesa su fama de político fashion ? Todavía circula una foto en la que está disfrazado de diablo, tiene oficina en Las Cañitas, va al Museo Renault...

-Tomé una decisión de vida: ser como soy. Tengo un tatuaje en el cuello, al que algunos les gusta y a otros, no. Vengo a la política a ayudar. La gente me puede elegir o no. Mal haría en tratar de fingir lo que no soy. Ando en autos caros, vuelo en mi avión privado, me visto con ropa cara y soy eso.

-Se asocia eso con la frivolidad...

-Lo asocian los mismos frívolos. Los preocupados por la vida dicen: "Si este tipo hizo la guita para él, quizá la puede hacer para mí". Mi parte frívola ya la viví y la archivé. Y me divertí mucho.

© LA NACION

Mano a mano

Los periodistas sospechamos de todo y de todos. Y hacemos bien en hacerlo, por lo menos hasta que nos demuestren que no hay motivos. Así llegué al encuentro con De Narváez, cargado de sospechas y de dudas por un dirigente al que no conocía personalmente. Lo veía demasiado mediático, políticamente errático, extremadamente convencido de que la plata lo podía todo. Me fui de sus oficinas con sensaciones contradictorias. Se mostró seguro y firme en su caballito de batalla, la inseguridad. Es rápido para responder y también para eludir una contestación directa, como cuando saqué a relucir sus variadas adhesiones políticas desde 1983. Puede ser sólo el fruto de un entrenamiento con expertos (otra de mis sospechas), pero mostró mucho sentido común al insistir en que quiere debatir muchos de los temas que propone y aprovechar la experiencia de los que ya gobernaron. Se lo nota inexperto en muchas definiciones (como cuando aclaró que es de centro, algo que destacan todos los que se ubican a la derecha), pero lo ayuda una espontaneidad que no es fácil de encontrar. No ocultó que está muy pegado a Duhalde y que tiene diferencias con Solá. Es lo más parecido a Macri que surgió en los últimos tiempos. Me gustó que no ocultara su condición de millonario y, sobre todo, que no pusiera un cassette al hablar de temas tan delicados como su intento de suicidio. Lo peor: su sospechosa negativa a decir cuánto gasta en publicidad.

Tres razones para escucharlo

1. Otra visión

Es un dirigente que no es parte de la corporación política tradicional. Viene del mundo empresarial y aplica la lógica de ese mundo a muchas de sus acciones, lo que le aporta algunas ventajas (y también algunas desventajas).

2. En ascenso

Si lo que marcan las encuestas es cierto, es el único candidato en condiciones de competir, voto a voto, con el kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires, y quedar bien parado para una candidatura a gobernador en 2011.

3. Billetera e ideas

Es millonario, algo ideal para dedicarse a la política y pagar campañas costosas. Pero ese dinero también le sirvió para armar una fundación en la que se estudia y se hacen propuestas para combatir la inseguridad.

En clave personal

Tiempo libre. "Lo que más disfruto es estar con mi mujer, Agustina, hablando o en silencio. Tenemos dos hijos, Milena, de 4 años, y Juan, de 2, y hay uno en camino, un varón que nacerá en julio. Cuando se resolvió que se iba a votar en junio, lo primero que me dijo mi esposa fue: "¡Entonces vas a poder estar en el parto!". El momento del día que más disfruto es cuando a la mañana temprano leo los diarios y aparecen Milena y Juan buscando sus mamaderas. De mi primer matrimonio tengo a Paco, de 32 años; Martín, de 30, y Jazmín, de 26, con los que estoy los fines de semana, en nuestra casa en Luján. Realmente no soy un tipo muy amiguero. Tengo muy pocos amigos. Y buenos".

Deportivo. "Me gusta el deporte. Todos los días trato de correr, nadar o andar en bicicleta durante una hora o una hora y media. El poco tiempo me llevó a hacer deportes individuales. ¡Las veces que cancelé partidos de fútbol o de tenis! Hacer actividad física es casi mi terapia cotidiana".

Música. "Me encanta Alejandro Lerner. Soy casi un fanático. Hace poco canté en radio una canción de él, pero canto muy mal. Corro con Lerner en mi walkman. Es buena gente. Uno de los músicos más talentosos que tenemos. Me gustan sus letras".

Lecturas. "Leo muchas revistas. Leo religiosamente The Economist porque me mantiene conectado al mundo. Navego por Internet y algunas de mis colaboradoras me buscan artículos para leer. Pero no tengo tiempo suficiente para leer un libro. Lo confieso: leo tres páginas todas las noches y me quedo dormido".

Cine. "Tengo mucho ticket comprado sin asistencia a una sala. Solemos ver algunos DVD en casa. Lo último que vimos es Slumdog Millionaire . Es fuerte. Me gustó. Y tengo ganas de ver Mi nombre es Harvey Milk ".

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