Kirchner se cobró la autonomía de Scioli: le "volteó" un ministro

Por: Pablo Ibáñez

La lluvia ácida que durante meses Néstor Kirchner derramó sobre Emilio Monzó terminó de perforar la resistencia de Daniel Scioli. Temprano, el gobernador dio la orden ayer de pedirle la renuncia a quien fue, durante nueve meses, su ministro de Asuntos Agrarios.

A media mañana, el jefe de Gabinete, Alberto Pérez, citó a Monzó en su despacho y le notificó la novedad. «Necesitamos ministros que defiendan a Daniel», le dijo. La charla fue incómoda: el saliente integraba el staff de Pérez quien, en octubre, lo había propuesto para el cargo.

Desde La Plata se negó lo obvio: que la salida de Monzó es consecuencia de la ráfaga de críticas que los Kirchner, Cristina y Néstor, dirigieron contra Monzó -en Olivos, el ex, se refería a «ese pibe»- por expresar una línea propia en política agraria.

Desató, incluso, la furia presidencial durante un encuentro que Scioli mantuvo con Cristina de Kirchner y Aníbal Fernández en la Casa Rosada, en la que el gobernador había prometido trasmitir los planteos del campo que había escuchado antes en la Rural.

«Vos tenés ese ministro que juega más con ellos que con nosotros» saludó, hosca, Cristina de Kirchner, sin mirar al gobernador.

El diálogo de Monzó con Eduardo Buzzi, de FAA; y Hugo Biolcati, de la SRA, había detonado todas las furias del matrimonio. Todo el día, cerca de Scioli, se juró que no existió un pedido de Kirchner para desplazar a Monzó. Quizá no lo hubo ayer pero, a lo largo de los últimos meses, sobre todo después de la derrota del 28-J, la Casa Rosada planteó por varias vías su malestar con el ministro.

Sin embargo, la salida del dirigente -que ahora volverá a su banca de diputado- forma parte del menú de requisitos que, al menos implícitamente, Kirchner le puso a Scioli para indultarlo por los movimientos autónomos del gobernador en las últimas semanas.

Así como lo desangró en materia fiscal al demorar el envío de los fondos del PAF -al final giró 140 de los 244 millones comprometidos- luego le aplicó el rigor político al avisar que no aceptaría que en el gabinete de Scioli perduren dirigentes díscolos.

«Tenés que entender: ahora somos más K que nunca» se confesó, ayer, Pérez ante Monzó. El jefe de Gabinete trasmitió el pensamiento vivo de Scioli: el eje ganancial Balcarce 50-Olivos no acepta ni siquiera matices y menos con un tema sensible como el del campo.

Cajoneo

La traducción, en criollo, es simple: los coqueteos del gobernador para «alambrar» la provincia y expresar matices respecto de la política rural y sobre la relación con la Iglesia, terminaron encajonados en el último subsuelo de un edificio en ruinas.

Intramuros, también se zanjó un pulseo en el corazón del sciolismo entre el sector que impulsaba marcar diferencias, o incluso romper con Kirchner, y otro que sugería mantener una férrea adhesión a la Casa Rosada, incluso a la fantasía presidencial de Néstor 2011.

El momento de la expulsión fue premeditado con frialdad: durante un día de piquetes chacareros en medio del paro convocado por la Mesa de Enlace. Por eso, desde la trinchera agraria, ayer hubo un bombardeo de críticas a Scioli y se habló de una «orden» de Kirchner. (Ver nota aparte).

Por la noche, se confirmó que el sucesor de Monzó será Ariel Franetovich, intendente de Chivilcoy y senador provincial electo.

El futuro ministro tributa políticamente al ministro del Interior, Florencio Randazzo. En el currículum de Monzó hay retazos de randazzismo.

El de Monzó es el segundo cambio de ministros en el gabinete de Scioli tras la derrota electoral.

El otro fue cuando Daniel Arroyo fue desplazado de Desarrollo Social y en su lugar fue designado Baldomero «Cacho» Álvarez, lo que sugería un vuelco hacia el PJ y el poder territorial. Con Franetovich, al staff sciolista se suma otro intendente. Para el gobernador, el daño acumulado es todavía impredecible.

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