¿Y si Kirchner no es candidato?

¿Y si Kirchner no es candidato?
Por Carlos Pagni

¿Quién ayuda más a Néstor Kirchner en estos días? ¿El talibán Miguel Pichetto, cuando lo presenta como el mejor candidato del oficialismo, o los radicales, inventariando cláusulas que le impedirían convertirse en candidato bonaerense?

Para comprender estas preguntas hace falta conocer un dato: desde el viernes, el plan electoral del Gobierno ha sido sometido a una exhaustiva revisión. Ese día Kirchner deliberó en Olivos con varios de sus operadores electorales: Florencio Randazzo, Juan Carlos Mazzón y Mario Ishi. A partir de esa reunión nadie se anima, ni en la Casa Rosada ni en La Plata, a afirmar con convicción que el esposo de la Presidenta encabezará la lista de diputados del Frente para la Victoria en la provincia de Buenos Aires.

La candidatura insignia del kirchnerismo fue puesta en el banco de pruebas de las encuestas. Una de ellas, elaborada hace una semana por una consultora de franco compromiso con el Gobierno, le venía asignando 28% de los votos a Kirchner, 25% a Francisco de Narváez, 12% a Felipe Solá y 10% a Margarita Stolbizer. Según ese sondeo, Stolbizer prevalecía en el interior de la provincia y De Narváez comenzaba a aparecer en los segmentos más sumergidos del conurbano. Los indecisos sumaban un 26% que, al ser proyectado, beneficiaría a la oposición.

La medición, es obvio, se hizo antes de que De Narváez y Solá se sintetizaran en una sola lista. Cabe presumir que, después de conocida esa foto, el peronismo disidente ha mejorado sus perspectivas. "Y falta que [Mauricio] Macri y [Gabriela] Michetti se sumen a la campaña", reflexionó, desalentado, un amigo del ex presidente.

El mal augurio no contemplaba una información: el jueves, en un salón del Senado, De Narváez y Solá se encontraron con Carlos Reutemann, en presencia de varios testigos. Nada importante. Hubo un abrazo entusiasmado del senador al felicitar al dúo, la promesa de "jugar con todo para ganar Santa Fe" y un brumoso compromiso para seguir conversando. Esta confraternidad tiene un límite visible y es que Solá y Reutemann quieren lo mismo: la Presidencia de la Nación. Sin embargo, no debería descartarse una convergencia táctica hasta el 28 de junio. Después de todo Macri, que también quiere ser presidente, respalda a Solá.

La hipótesis de que Kirchner no compita en las próximas elecciones abre la incógnita sobre quién será, entonces, el candidato. La numerología conduce a Sergio Massa, quien aparece apenas por debajo del cacique mayor en casi todas las encuestas (salvo en las que encarga el propio Massa a una conocida agencia del microcentro porteño; ahí va primero). "El problema es que Sergio no contiene a todo el kirchnerismo. ¿Usted imagina al piquetero [Emilio] Pérsico votando por alguien que dice que el gobierno de Cristina no es progresista, sino pragmático?" Razonable especulación de un contertulio de Olivos, que no contempla otro problema: ¿querrá Massa prestar su cuerpo para una batalla tan riesgosa?

Es una obviedad que una deserción de Kirchner llevaría a pensar en la derrota del Frente para la Victoria. "Ya lo demostramos con el adelantamiento de las elecciones: peor que crear la sensación de derrumbe es sufrir el derrumbe", aclara alguien que oficia como puente discreto entre la Casa Rosada y la gobernación bonaerense. Por eso, el Gobierno comienza a simpatizar con las objeciones legales a la postulación del santacruceño. "Una inhibición podría ser providencial, hasta para disfrazarla de proscripción", confiesa el mismo dirigente. Si el Viejo Vizcacha viviera, sería peronista.

Al laboratorio del oficialismo se le ocurre una martingala tras otra con tal de sacar el máximo provecho de los recursos políticos disponibles. La última apareció en aquella reunión del viernes. Consiste en invitar -por usar un eufemismo- a los intendentes de las grandes ciudades a integrar las listas de legisladores provinciales de su sección. Hay tres casos principales. Pablo Bruera, de La Plata, debería encabezar la oferta en la octava sección electoral. Lo mismo haría Cristian Breitenstein, de Bahía Blanca, en la sexta, y Gustavo Pulti, de Mar del Plata, en la quinta. En 2007, ellos tuvieron cómodas victorias, a pesar de que en las tres ciudades Cristina Kirchner perdió frente a Elisa Carrió. Kirchner quiere subirse a babuchas de esos alcaldes para compensar la pérdida de votos en la clase media urbana. Un caso para entender la jugada: los mismos sondeos que asignan a Bruera la predilección del 60% de los platenses le dan sólo el 12% a la Presidenta, que nació y vivió por más de 20 años en la capital de la provincia.

Los intendentes a quienes piensan abrazarse los Kirchner todavía no fueron convocados a Olivos. A cambio de su altruismo, les asegurarán el monopolio de la lista oficial en sus distritos. Es decir, no volverían a multiplicarse esas variantes piqueteras o sindicales que, una vez que ingresan en los concejos deliberantes con la bandera kirchnerista, mortifican al gabinete comunal con denuncias y pedidos de informes.

El Gobierno maquina también algunas picardías. Por ejemplo: aprovechar la pelea terminal entre Mauricio Macri y su primo Jorge estimulando una lista de "macrismo disidente" que les reste votos a De Narváez-Solá en la tercera sección electoral.

Kirchner confía mucho en la malicia. Pero sería conveniente que la ingeniería electoral no le hiciera olvidar que su desafío más riesgoso son las calamidades que castigan a los bonaerenses.

Gestión

Cuando se está en el poder, el principal equipo de campaña es la gestión. Daniel Scioli se lo explicó al ex presidente hace diez días, al pedirle fondos para levantar el paro docente con un aumento de salarios. Scioli no recibió una moneda y se vio obligado a ajustar todavía más sus cuentas. Si se calcula para 2009 un incremento salarial del 15% para los empleados públicos, el déficit provincial alcanzaría los 12.000 millones de pesos. Por eso, Scioli piensa emular a Kirchner y quedarse con los ahorros del Instituto de Previsión Social a cambio de un bono.

El gobernador cuenta los días que faltan para las elecciones como un presidiario. Ya verá cómo hace para pagar el aguinaldo, 48 horas después del triunfo o la derrota.

Tampoco la Casa Rosada ayuda a Scioli en la tormenta de la inseguridad. El gobernador reconoció -en una conferencia de prensa a la que no asistió el ministro Carlos Stornelli- el incremento de la tasa de delincuencia. Al día siguiente, Aníbal Fernández insistió en que sólo se trataba de una sensación inducida por la prensa. Esa teoría no le impidió a Fernández lanzar un programa de compras para la Policía. Consiguió que lo presentara la señora de Kirchner. Desprovisto de una estrategia legislativa y judicial inteligente, pareció más un plan de negocios de proveedores que una iniciativa digna de un anuncio presidencial. Curiosa estrategia de campaña: desde el viernes, Fernández involucró a los Kirchner como responsables directos de la principal mortificación ciudadana que registran las encuestas.

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