Kirchner cambió la lógica de los empresarios: ahora prefieren ganar menos a cambio de tener buen trato

Pese al crecimiento y la acumulación de ganancias, el polémico estilo del Gobierno puso distancia entre el empresariado y la Casa Rosada. El conflicto con el campo agrandó mucho más la brecha
A menos de 48 horas de las elecciones se está aún lejos de afirmar que los números que marcan las encuestas en cuanto a la intención de voto se van a terminar reflejando tal cual en las urnas. Sin embargo, ya se pueden sacar algunas conclusiones. Y la principal sin lugar a dudas no radica en la supuesta excelente performance que va a realizar Pino Solanas en la Ciudad. Lo que realmente llama la atención, y es digno de analizar, es la preferencia del empresariado por cualquier candidato, menos por Néstor Kirchner.

Quizá la historia de la Argentina explique eficientemente cómo fue el fenómeno por el cual el gobierno kirchnerista tuvo tantas posibilidades de ser amado por los empresarios y terminó siendo odiado, o al menos, no querido. Un repaso rápido marca que Kirchner llegó a la presidencia con apenas el 23% de los votos, allá por 2003, con un país que si bien se estaba recuperando del colapso de la convertibilidad –aquella ley que ató el peso argentino al dólar estadounidense–, aún estaba en default y colmado de cuasimonedas, y con más del 50% de la población bajo la línea de pobreza. Cuando Kirchner dejó de ser presidente tenía el 75% de imagen positiva, gracias, entre otras cosas, a una economía creciendo a tasas chinas, un tipo de cambio competitivo, una deuda saldada con el Fondo Monetario Internacional (FMI), y luego de lograr, contra todos los pronósticos, una quita de alrededor del 75% de la deuda pública. Además, en su haber contaba con una desocupación que cayó a la mitad durante su gestión, y con un caudal de reservas en el Banco Central que triplicaban a las de 2001. Pero parece que nada de eso alcanzó: un año y medio más tarde de terminado el mandato, y con "la continuidad del modelo a salvo" gracias a la gestión de Cristina, el oficialismo está lejos de encontrar en el empresariado a su mejor aliado.

La paradoja es que mientras el Gobierno intenta salvar del colapso o ayudar a financiar a las compañías (Massuh, SanCor, La Serenísima, General Motors, pueden ser un ejemplo), una parte importante de los empresarios asegura que fueron en gran parte las políticas erráticas del kirchnerismo las que provocaron la actual situación de esas compañías. Lo cierto es que SanCor o la firma de Mastellone son las que pueden encontrar en el control de precios que aplica el Gobierno un culpable. Otra parte de los empresarios, en cambio, no quiere más Kirchner por el trato que reciben del Gobierno a pesar de que reconocen que en la mayoría de los casos mucho más dinero que con cualquier otro presidente.

Los analistas coinciden con este último grupo. Creen que las formas de Néstor Kirchner son las que hacen mella en la mala relación con los empresarios. Y ante tal situación marcan tres momentos del quiebre del idilio: el proceder del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno; la intervención del Indec; y el conflicto con el campo. El cuarto punto englobaría una serie de situaciones pero está encabezada por la estatización de las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJPs), situación que permitió el ingreso de directores del Estado en diferentes empresas.

En realidad, en la posición de los analistas, lo que se refleja es que los empresarios le tienen miedo a Kirchner. Tanto miedo como le tienen los hombres de negocios de Venezuela a Hugo Chávez.

Es que Kirchner parece un hombre dispuesto a pelearse con todos, y contra todos. Primero fue el FMI; luego los militares, después la Iglesia; las privatizadas; el campo; etcétera. En este contexto estaba claro que pelearse con los empresarios no era descabellado. Y si de empresarios se trata, nada de andar eligiendo rivales de poco peso. Fiel a su lógica, Kirchner emprendió contra dos grupos que concentran gran poder en el país: Clarín y Techint.

Lo del holding siderúrgico merece ser destacado. Desde el segundo semestre de 2003 hasta el primero de este año, Tenaris, la mayor compañía del mundo que fabrica tubos para la industria petrolera y que pertenece a Techint, tuvo una ganancia neta, según datos de la consultora Economática, de $ 28.505 millones (o u$s 750 millones; al tipo de cambio de ayer). Es por lejos la empresa que más dinero ganó, aunque vale la pena aclarar que gran parte de tales ganancias no fueron generadas en el país.

Si los números se amplían a los principales grupos económicos del país que cotizan en la Bolsa, en los que se incluyen además de Tenaris, a otras empresas industriales como Aluar y Siderar; a energéticas (Edenor; Pampa Energía; Petrobras; TGS y Transener); a los bancos (Galicia; Francés; Macro; Hipotecario y Patagonia); y a empresas vinculadas al campo como Cresud; las ganancias netas suman $ 52.164 millones (u$s 13.727 millones) durante la gestión de Kirchner y lo que va de Cristina. Y eso sin contar a la petrolera YPF, la firma más grande de la Argentina.

Pero hay más. Entre las principales cotizantes suman activos por más de u$s 4.000 millones en moneda extranjera. Tal acumulación no sirve para torcer el pensamiento de los hombres de negocios, que salvo los llamados "empresarios K", como Enrique Esquenazi; Cristóbal López y Lázaro Báez, votarán en contra del candidato que los hizo más ricos.

Comentá la nota