Kirchner busca una salida política frente a la crisis y la presión sindical

Por: Eduardo Van der Kooy

Un acuerdo social? Esa sería la última idea que estaría calentando la cabeza de Néstor Kirchner sobre la cual tienen conocimiento, aún vagamente, dos ministros del Gobierno. Nadie sabe si el ex presidente habló en profundidad del tema con Cristina Fernández.

Pero existe constancia pública y privada de que el proyecto de una concertación entre el Gobierno, los sindicatos y las entidades empresarias figuró en los tópicos iniciales de la campaña de la Presidenta. Esos tópicos, ya en el poder, desaparecieron.

¿Por qué razón regresarían ahora? Por múltiples razones. El mundo está siendo castigado por gravísimos problemas económicos que empiezan a desembarcar también en la Argentina. El Gobierno kirchnerista tiene una manifiesta anemia social que podría agravarse al compás del desempleo. Uno de los dos principales aliados del Gobierno, la CGT de Hugo Moyano, sufrió un revés político con el fallo de la Corte Suprema de la semana pasada que abriría las puertas a la posibilidad de un régimen gremial de mayor pluralismo.

Hay sobre esta cuestión, todavía, mucho más humo que fuego: pero fue ese humo atizado por la CTA y por agrupaciones disidentes, con certeza, el que forzó a Moyano a elevar en público sus exigencias al Gobierno. ¿Qué exigencias? Una remuneración fija de 500 pesos para todos los trabajadores antes de fin de año y la demanda de una triple indemnización en caso de despidos.

El líder camionero encontró en esos reclamos una manera de tomar distancia. Había apuntalado al Gobierno durante las discusiones salariales. Disimuló todo lo que pudo la inflación cincelada por Guillermo Moreno. Respaldó la reestatización de Aerolíneas Argentinas y de las jubilaciones privadas. Permaneció más de un día en silencio luego del fallo de la Corte mientras la CTA, en pleno jolgorio, solicitaba compensaciones por los efectos de la crisis y era recibida en audiencia por Carlos Tomada, el ministro de Trabajo.

Moyano estaba, con algún riesgo, cerca de un estrangulamiento político. Dos gremios, por encima de otros, dejaron fluir su malestar en la CGT: el SMATA, de José Rodríguez y la UOCRA, de Gerardo Martínez. La industria automotriz y la construcción son los primeros sectores productivos afectados por la crisis. Luis Barrionuevo, desde la central obrera paralela, hizo también su tarea de zapa para desgastar a Moyano.

El deterioro de Moyano sería también ahora el deterioro del Gobierno. Kirchner lo sabe muy bien. Por ese motivo las réplicas oficiales fueron módicas (cierta vehemencia correspondió sólo a Sergio Massa, el jefe de Gabinete). Por ese mismo motivo el ex presidente tanteó a Moyano durante el acto peronista del lunes en San Vicente sobre la posibilidad de trabajar rápido en un pacto social.

El impulso del ex presidente asoma, todavía, como un simple impulso. Los sindicatos están alarmados por la insinuación de los despidos. Los empresarios se envuelven en la pavura que provoca la indesmentible caída del consumo y de la productividad. No será fácil articular esos estados de ánimo: pero Kirchner intuye que es la única salida frente a la crisis económica que avanza y la posibilidad, además, de una disgregación política.

"No existe ninguna chance para la triple o doble indemnización. Lo del aumento con suma fija también es complicado en un cuadro de caída productiva. Lo primero que hay que conseguir es enfriar el clima. Espantar un poco el miedo", confiaba anoche uno de los funcionarios que está al tanto del proyecto del acuerdo.

La intención del Gobierno sería celebrar aquel acuerdo antes de fin de año. "Hay que pasar el verano, no el invierno", decía el funcionario. ¿Qué podrá suceder luego del verano? "Habrá una idea cabal de la crisis económica. En el mundo y aquí también", explicaba.

El peronismo está dispuesto a acompañar el ensayo. Su historia política está surcada por esos ensayos, aunque varios de ellos hayan concluido mal. El cálculo de Kirchner supera incluso las orillas de la coyuntura económica: el acuerdo, con el puntal de la CGT, el PJ y las entidades empresarias, sería un certificado apto para abordar el año electoral.

Ese tiempo está repleto de incertidumbres. El bloque kirchnerista de diputados se astilló con la partida de Felipe Solá y su grupo. Eduardo Duhalde parece dispuesto a tener un papel político más activo cuando amanezca el 2009. La oposición, con el acercamiento entre el radicalismo y Elisa Carrió, promete no hacerle las cosas sencillas al Gobierno. Promete, en especial, concentrar sus energías en Buenos Aires donde podría definirse la elección legislativa.

Kirchner ha tomado conciencia de la enrevesada situación y regresó, sin disimulos, a un primer plano que había abandonado. Fue la primera voz del poder que cruzó duramente el acuerdo entre Carrió y la UCR. Se aferró en público a Moyano y está en la búsqueda de un acuerdo social. La otra porción del mando descansa en manos de Cristina, que promedia su larga gira por varias naciones de Africa.

Comentá la nota