Kirchner, la bala de plata

Por Ricardo Rouvier Analista político. Titular de Ricardo Rouvier & Asociados

En 2005 Cristina obtuvo el 46% de los votos para senadora y le sacó 25 puntos a Chiche Duhalde. Este año, Kirchner intentará repetir. El cálculo más optimista lo tiene a él como competidor

El Partido Justicialista constituye la forma institucionalizada de la política en su vertiente de mayor relieve, y al mismo tiempo congelada, de todo el país, conformándose prácticamente en un subsistema dentro del sistema político. Se fundó y fundió con el primer peronismo la modernización del país, en la alianza más plena entre Estado y Sociedad que dejó sus residuos. La evolución política del país integró al peronismo a la democracia liberal y luego, éste terminó apropiándose del sistema político, desplegando su hegemonía en todo el territorio.

A tal punto que varias elecciones generales han sido internas del PJ.

Su dominio encerró la dinámica política bajo la certeza de que fuera del PJ. nadie puede gobernar. Por este mismo motivo es dable pensar que el peronismo se sucede a sí mismo, excepto en caso de naufragio o hastío.

Aún hoy, a pesar de sus péndulos hacia derecha e izquierda; el justicialismo concita la porción mayor del electorado nacional que sigue fielmente sus emblemas, la evocación de sus rituales y el discurso esperanzador en lo social.

Este subsistema responde, con cierto automatismo y efectividad, a los desafíos del poder. El peronismo, a diferencia del radicalismo, se ordena cuando gobierna. El justicialismo, a diferencia de la UCR que posee un anclaje en la clase media, se concibe con un sentido movimientista, con eje en su base social sindical, que le dio una solidez única.

El chiste famoso de Perón que decía que todos son peronistas, tiene un ribete certero y es que se puede votar por el peronismo sin necesidad de serlo. Y hasta podríamos enunciar la paradoja de que hoy se puede ser peronista sin tener nada que ver ni con su origen, ni con su historia, ni con su dogma.

Se puede encontrar cultura peronista en los pliegues del antiperonismo, en la izquierda y en la derecha, porque tal fenómeno político atraviesa toda la cultura. Está ahí, a disposición de cualquiera que pueda adoptarlo y maniobrar e intentar contar con el cofre más preciado: el voto popular. Sin embargo, para pertenecer se debe ser reconocido por el subsistema de poder y someterse a sus reglas de consenso territorial. Cuando esto funciona bien, a los no peronistas se les hace muy difícil constituirse en una alternativa.

En su devenir, el justicialismo en el Gobierno permitió germinar de su seno al neoliberalismo, aunque también a su negación. Y todo sin despeinarse, ni preocuparse. Hace décadas se escuchó decir que la autocrítica era una invención marxista.

Sobre esta lógica totalizadora creció el poder del kirchnerismo. Y él fue el puente para que muchos no peronistas aceptaran a uno que reconoce ese origen. Su pertenencia a los años ‘70 convierte su identidad en una controversia. Aunque el puente fue sólo discursivo, ya que el PJ sigue siendo el mismo de siempre, controlado por una nomenklatura que negocia poder, pero sin preguntarse el para qué.

La pejotización de Kirchner emergió gracias a la comprensión de que se gana con votos y que la Concertación tiene muchas ideas, pero pocos sufragios. En realidad todo el régimen político bordea la ausencia de imaginación y se lo pretende llenar lanzando figuras que se suben al viaje peronista, pero que terminan acordando con los dueños del cofre.

En el agregado territorial, la

política pondera los espacios de mayor valor relativo. El conurbano es una plaza electoral estratégica por su incidencia en el promedio nacional, y es allí en donde se libran las batallas más importantes. El kirchnerismo cuenta con Intendentes cuya popularidad envidiaría cualquier político. En el 2005 y en pleno apogeo, la actual Presidenta obtuvo el 46% de los votos bonaerenses para Senadora y le sacó veinticinco puntos a Chiche Duhalde con la Alianza Frente Justicialista. Este año, Kirchner intentará repetir. Aunque han amenguado los consensos, tampoco existe enfrente una fuerza equivalente. El cálculo más optimista lo tiene a él como competidor; mientras otros advierten si cabe usar la bala de plata en esta oportunidad. Esto recién empieza.

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