Kirchner bajó el tono y ahora no habla de la pelea judicial

El mismo Néstor Kirchner que el martes había lanzado fuego contra Francisco de Narváez, ayer decidió cerrar la garrafa.
Como si hubiera detectado que la combustión no sólo chamusca: también eleva los globos.

"Ya dije ayer todo lo que tenía para decir", repitió ante Clarín, durante su caminata por Hurlingham, cuando se le pidió una opinión sobre la decisión de De Narváez de no presentarse a indagatoria en la causa por el tráfico de efedrina y pedir la recusación del juez Federico Faggionato Márquez.

Tampoco quiso decir nada sobre las declaraciones de José "Pepe" Scioli y Alberto Fernández, que habían cuestionado la citación judicial en medio de la campaña, a contramano de las palabras del Gobierno y el propio Kirchner, que le martes habían reclamado con insistencia que el candidato de Union-Pro diese explicaciones ante la Justicia.

"Yo prefiero al hermano mayor", apenas se permitió bromear sobre los Scioli. "Por algo, es Daniel y no Pepe el que finalmente está en la boleta", agregó uno de los funcionarios que lo acompañaba.

Como anticipó ayer Clarín, en la Casa Rosada se evaluó que la pelea frontal con De Narváez podría ser contraproducente y fomentar la polarización. Nada más lejano a la pretensión del kirchnerismo, que necesita que el voto opositor se divida entre el properonismo y el Acuerdo Cívico.

Por eso, ni Kirchner ni ningún funcionario volvió a tocar el tema.

Sólo Scioli se preocupó por tomar distancia de su hermano y compartir su primera caminata con Kirchner.

Distendidos, sonrientes, la comitiva a la que también se sumaron Florencio Randazzo, Alicia Kirchner, Héctor Icazuriaga, el intendente Luis Acuña y un grupo de diputados K, entró y salió de decenas de negocios del centro comercial de William Morris. Luego pasó por un centro de jubilados y la curtiembre CIDEC recuperada por los trabajadores y que hoy funciona como una cooperativa.

"Se terminó la época en la que los empresarios vaciaban las fábricas, vendían el patrimonio, cuidaban sus cuentas personales y dejaban a los trabajadores en la calle", dijo rodeado por los obreros.

En ese ámbito, Kirchner adelantó que uno de los primeros proyectos que planteará en el parlamento será la modificación de la ley de quiebras "para que se parezca a la de Estados Unidos y las empresas puedan seguir funcionando sin dejar a los trabajadores en la calle".

"Acá los trabajadores demostraron que no se necesita ser un genio o recibirse en Harvard para administrar con responsabilidad", afirmó antes de marcharse con una alfombra de cuero de vaca de regalo que prometió instalar en su casa de El Calafate.

Comentá la nota