Kirchner, ayudado por la ausencia de otros liderazgos

Por: Eduardo van der Kooy

Tal vez ni Néstor ni Cristina Kirchner hayan imaginado durante la noche aciaga de la derrota de junio que el tiempo poselectoral sería lo que está siendo. Un tránsito en el cual el matrimonio presidencial va imponiendo, con escasos obstáculos, su dinámica y su lógica política.

Estarían colaborando con aquel sosiego impensado tres razones. La derrota no tuvo una inmediata traducción política porque el recambio parlamentario, a raíz de adelanto de los comicios, se producirá recién en diciembre.

Ese paréntesis desacomodó a la oposición e hizo aflorar casi todas sus insolvencias. Se advierte en la trilogía de Mauricio Macri, Francisco De Narváez y Felipe Solá. Con la misma intensidad, en el Acuerdo Cívico y Social donde la cohabitación entre el radicalismo, con Julio Cobos, y Elisa Carrió parece tornarse insostenible.

El tercer motivo que le allana el camino a los Kirchner refiere al peronismo. La inmensa mayoría de los dirigentes consideran que el ciclo kirchnerista que alumbró en el 2003 ingresó después de junio en sus dos últimos años. Pero nadie, todavía, se anima a corroborarle esa novedad al matrimonio.

El peronismo está viviendo, si se quiere, una situación inédita. Ocupa el poder, pero carece de certezas sobre su continuidad o sobre su seguro relevo luego del 2011.

Carlos Menem se sucedió a sí mismo en 1995 y su ocaso coincidió con la estructuración de la Alianza que comandó Fernando de la Rúa. Eduardo Duhalde, durante la gran crisis, ideó un sistema electoral ¿con varios candidatos¿ que garantizó la continuidad del PJ. El traspaso de Kirchner a Cristina se convirtió en un paseo. Pero el fin de ciclo de los Kirchner no concuerda con ningún resurgimiento opositor ni con la aparición de caudillos remozados en el PJ.

Eso explicaría, en buena medida, las facilidades que encuentran los Kirchner para administrar la transición. Facilidades que tuvieron traducción parlamentaria en la firme aprobación en Diputados de las facultades delegadas por otro año. Un trámite que, con más o con menos, se daría también esta semana en el Senado.

El primer tiempo poselectoral ha resultado tan sencillo que hay dirigentes kirchneristas que recuperaron ciertos sueños que habían archivado después del 28 de junio. ¿Cuáles?. La posibilidad de que Kirchner, frente a la anomia peronista y el desconcierto opositor, ensaye la audacia de su candidatura otra vez. Esa audacia reconoce por ahora una valla insalvable: la pésima consideración que el ex presidente tiene en la sociedad. Una valoración que continuó en baja, según todos los trabajos de opinión pública, después de la derrota.

Carlos Reutemann fue uno de los pocos dirigentes que, aun en los momentos más desgraciados de los Kirchner, se negó a darlos por muertos. "Son un hueso duro de roer", se cansó de repetir.

El mayor problema del senador por Santa Fe es que todavía parece no haber tanteado cuán duro es, de verdad, aquel hueso. Reutemann ha reiterado críticas contra los Kirchner e incluso se ausentó del diálogo que convocó el Gobierno. Pero no avanzó ni un paso más allá.

¿Qué sería eso? Ordenar a un peronismo, o a la mayor parte de él, que incluso antes de la derrota venía hurgando en un potencial sustituto para Kirchner. Reutemann sólo hizo ese gesto el día después de su apretada victoria en Santa Fe. Pero luego se colocó en un pie de igualdad con otros dirigentes peronistas de menores antecedentes y volúmenes políticos. Se sustrajo, voluntariamente, del centro de la escena.

Reutemann cree, con sinceridad, que el 2011 está demasiado lejano en una nación que tiene serios problemas inmediatos. Y que cualquier candidatura precoz podría ser barrida por esa realidad. Podría ser. Tanto quizás como que su inacción podría fortalecer otras candidaturas en el PJ y hasta hacer renacer las ambiciones de Kirchner.

Tal vez el senador esté aplicando en su conducta política la receta que siempre utilizó en Santa Fe. Allí impuso un estilo y una imagen. Pero una candidatura nacional requeriría una ingeniería más sofisticada.

Duhalde lo pretendió empujar a ese terreno cuando lo proclamó presidenciable. Reutemann detesta que lo apremien y le devolvió la gentileza consagrando al bonaerense como el mejor candidato del PJ.

Casi una chicana. El senador está, íntimamente, más cerca del pensamiento que Elisa Carrió tiene sobre Duhalde ¿que dista de ser bondadoso¿ que creer en los verdaderos beneficios de la supuesta nueva candidatura del ex presidente.

Nada indica, por ahora, que Reutemann vaya a cambiar la estrategia. Se contenta con diferenciarse de todo aquello que no le agrada. Milita al lado de los reclamos del campo. Y desea no hacerle fácil la tarea de gobernador al socialista Hermes Binner.

Los Kirchner ruegan que no se aparte de esas convicciones para seguir arrastrando a un peronismo lleno de impotencia.

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