Kirchner apuesta todo para preservar el poder

Por Walter Brown

La salida apresurada de Fernando de la Rúa en medio de una grave crisis económica dejó una huella profunda en Néstor Kirchner: para gobernar es necesario ostentar el poder real y éste sólo puede obtenerse con adhesión popular.

Por ello, alcanzar ese apoyo fue su obsesión desde el momento en que Carlos Menem se bajó del ballottage y liberó su llegada a la Presidencia en 2003, cuando apenas había obtenido un 22% de los votos en la primera vuelta. La recuperación de la actividad y los indicadores socioeconómicos no sólo le permitieron alcanzar el objetivo buscado sino que cimentaron su sucesión a manos de su propia esposa. Pero la imagen del matrimonio se deterioró con la crisis del campo, la economía comenzó a crujir y el poder a escurrírseles entre los dedos. Algunos dirigentes, otrora fieles, dieron el portazo. Otros amenazaban con darlo. Y varios más miraban con simpatía a la vereda de enfrente. Por eso decidieron apurar los tiempos y llamar a elecciones para el 28 de junio próximo, de manera de detener la hemorragia interna y contrarrestar la jugada de Mauricio Macri, que 24 horas antes había anticipado los comicios porteños para la misma fecha.

Y es que cuando algunos aún cuestionaban el peso real que había tenido la derrota en las elecciones de Catamarca, el propio Kirchner se encargó de disipar todas las dudas. “Hay que garantizar la gobernabilidad”, dijo. Dos derrotas seguidas en las urnas lo hubieran dejado demasiado débil al kirchnerismo para encarar la trascendental elección de legisladores nacionales, esa que cruza en la mitad del ciclo presidencial y marca la suerte de un gobierno. Si se logra una victoria, se puede avanzar rápidamente con los proyectos previstos. Si, en cambio, se pierde la mayoría en el Congreso, quedan por delante dos años de gestión sin poder real. Y sin él, como piensa el ex presidente, no se puede gobernar.

Pero a partir de esta jugada, se busca plantear un escenario diferente. Las próximas horas mostrarán un andar frenético en el Parlamento para cumplir con los tiempos necesarios de la convocatoria y después se iniciarán tres meses de campaña vertiginosa, cuando aún la oposición no terminó de acomodarse y hay demasiadas fichas desperdigadas en el tablero político. Un punto a favor del oficialismo, que se muestra débil en los grandes distritos y mira con preocupación el agrupamiento opositor en la provincia de Buenos Aires, al punto que el propio Kirchner comprometió ya puertas adentro su propia candidatura. Una apuesta a todo o nada para preservar el poder.

Comentá la nota