Kirchner apuesta a la reforma política para llegar con aire al 2011

El proyecto comenzó a traslucirse apenas pasados los primeros años de gestión de Néstor Kirchner. La idea, que navegaba en el pensamiento del patagónico, contemplaba un largo período al frente del Ejecutivo Nacional. Sin reelección, pero conservando el mando a partir de la alternancia en el sillón de Rivadavia de los integrantes del matrimonio presidencial.
El primer paso se completó con éxito hace dos años, cuando el kirchnerismo se movía a gusto en un arco político que contemplaba la extensión de su poder sobre el justicialismo, el ala gobernante del radicalismo y expresiones de izquierda. Pero la segunda parte entró en crisis apenas el vicepresidente Julio Cobos fracturó la meneada transversalidad y el paso por las urnas le devolvió al santacrueño una dura derrota en los comicios legislativos de junio pasado. Entonces, las certezas dieron paso a un interrogante. Néstor le pasó la banda presidencial a su esposa, pero ¿Cristina podría devolvérsela a su marido?

Decididos a despejar esa duda, los Kirchner pusieron en marcha el plan para recuperar el terreno perdido. Se convocó a todos los partidos a una ronda de diálogo para una reforma política que, como efecto inicial, abrió grietas entre los socios del Acuerdo Cívico y Social, y como resultado final procuraba despejar el camino para que el ex mandatario vuelva a postularse para la Jefatura de Estado.

La reforma, que por estas horas se está terminando de delinear a paso veloz en la Casa Rosada, busca, fundamentalmente, revertir el mayor déficit que registraron las últimas elecciones para una potencial candidatura del santacruceño: la escasa adhesión que recoge en los principales distritos del país. "La idea es avanzar lo antes posible", confesó ayer el secretario de la Gestión Pública de la Presidencia, Juan Manuel Abal Medina. Claro que no es el histórico reclamo para que se ponga fin a la era de las boletas sábanas o el más reciente pedido de incorporar el voto electrónico lo que motiva el apuro del Gobierno por presentar el proyecto, sino el recambio legislativo que se producirá el 10 de diciembre próximo, la misma razón por la que se avanzó desprolijamente con la ley de Medios. Con la oposición dividida, el oficialismo pretende que el tramo de la reforma que repondría las internas abiertas, simultáneas y obligatorias –otrora derogadas por el propio kirchnerismo– para todas las fuerzas que quieran presentar un candidato presidencial, que establecería en un 3% del padrón el piso de electores necesarios para revalidar postulaciones y fijaría límites al financiamiento privado de las campañas se sancione en los próximos 45 días.

La combinación obligaría al peronismo disidente, sea quien sea su candidato y si es que pretende conservar el sello PJ, a competir en una interna que estaría bajo la influencia de la billetera oficial. Tanto para publicitar la campaña como para cosechar los apoyos políticos necesarios en las diferentes provincias, inclusive en aquellos grandes distritos como Córdoba y Santa Fe, en los que el apellido Kirchner está lejos de sumar la mayoría de las voluntades, pero que mantienen un rojo fiscal que los hace dependientes de los envíos del Gobierno para cumplir con sus obligaciones.

Allí es donde el matrimonio decidió concentrar su acción inmediata, con visitas del ex presidente –ayer se presentó en la capital cordobesa, por primera vez luego de casi tres años y el viernes estará en la localidad santafesina de Carcarañá– y de la actual mandataria, que tiene previsto participar mañana en Ferreyra, del acto por los 40 años de la empresa Fiat en la provincia mediterránea, y el martes próximo estará en Rosario, donde se presentará el nuevo modelo de General Motors. Reflejo de que para el oficialismo la campaña ya está en marcha y de que intentará que la reforma política pase rápido por el Congreso.

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