Kirchner ahora sólo apuesta al conurbano

Kirchner ahora sólo apuesta al conurbano
Preocupado por los sondeos, se concentra en las zonas más pobres
Néstor Kirchner está preocupado: por primera vez reconoce entre sus allegados que las elecciones en Buenos Aires van a ser muy peleadas, aunque insiste en que él se quedará con el triunfo. En las últimas horas empezó a recordar viejos comicios de resultados ajustados en la provincia, en otra muestra de su creciente inquietud por el domingo 28.En los diálogos que tiene con sus hombres de confianza pide prestar especial atención al estrecho triunfo de Carlos Ruckauf para la gobernación en 1999. "Ganó con el segundo cordón electoral aunque perdió en todo el resto de la provincia", reflexiona el ex presidente, según cuentan testigos de sus tertulias políticas. Esa sola frase es toda una definición de cómo vive hoy el oficialismo los comicios. "Vamos a ganar", es el latiguillo de Kirchner en sus conversaciones fuera de cámara, en las que habla en susurros, casi como lo hace en público desde que cambió sus modos.Eso repite constantemente en la habitual combi que lo traslada por el conurbano. Ahí, además, subraya su faceta de bromista, tal como comprobó esta cronista en un tramo en el que pudo acompañarlo. Delante de periodistas, Kirchner busca ocultar los temores que relatan sus colaboradores. Se sienta adelante e impone chistes al resto de la comitiva. "De tres caminatas se me desmaya dos", suele pinchar al ministro del Interior, Florencio Randazzo, tras sus recientes problemas de salud.

Quienes pasan el día entero con el ex presidente reconocen que la esperanza de la campaña está puesta en la zona más poblada del conurbano. Sólo en La Matanza hay 850.000 electores. Es en ese distrito en el que Kirchner puso a jugar al intendente Fernando Espinoza, y al hombre fuerte del territorio, el ex jefe comunal y hoy vicegobernador Alberto Balestrini. Uno es candidato a concejal; el otro, a legislador provincial.

Fue Balestrini justamente quien tranquilizó en las últimas horas a Kirchner con ese comentario de los comicios en los que perdió Graciela Fernández Meijide a manos de Ruckauf, cuando Fernando de la Rúa arrasó para las presidenciales.

Kirchner ve una réplica de aquella dura campaña en estas elecciones que lo tienen a él como candidato a diputado por la provincia. Hay, de todas maneras, una diferencia sustancial que los kirchneristas pasan por alto. Aquel triunfo fue posible por el arrastre de votos del cavallismo y la Ucedé, que sumaron un 10% de sufragios a la fórmula que Ruckauf compartía con Felipe Solá.

Un dato que disparó la encuesta de Poliarquía para LA NACION sorprendió especialmente a Kirchner: que al oficialismo no le va tan mal como se creía en las ciudades del interior provincial, las más afectadas por el conflicto con el campo. "Pensamos que ahí iba a penetrar Margarita Stolbizer, pero resultó que no fue así", confiesa en sus charlas políticas. Del resultado total, que lo ubicaba por debajo de De Narváez, no habla. "Respeto a todos los profesionales. Ya se verá el 28", dice.

Igual al ex presidente no le gusta perder en nada. Uno de sus hombres de mayor confianza recuerda la madrugada del 17 de julio del año pasado, cuando Julio Cobos votó en contra de las retenciones. Eran las 5.45 de la mañana. Cristina Kirchner dormía. Sus colaborados tranquilizaban al ex presidente con una frase: "Lo mejor que te pudo pasar es perder. Ahora volvemos a la tranquilidad". Pero él retrucaba. "En la vida, siempre hay que aparecer ganando para no debilitarse." Lo mismo dijo el domingo pasado, en la quinta de Olivos, con los datos de Poliarquía en la mano.

Kirchner cree que la polarización que tanto intentó evitar con De Narváez ya no tiene retorno. Una de las conclusiones que se sacan en la intimidad presidencial es sobre el 20 por ciento de indecisos que muestran la mayoría de los sondeos. El ex presidente piensa, según compartió con sus colaboradores, que de 10 personas que aún no decidieron su voto 4 irán para el oficialismo. "La clave es cómo se reparten los otros 6. Si 5 van a De Narváez, perdemos", contó un funcionario nacional.

El equipo de campaña de Kirchner analiza que ya no tienen tiempo para esperar un repunte de Stolbizer que divida en partes iguales el voto opositor. La estrategia, aún impredecible en sus resultados por las sospechas de una campaña sucia orquestada por el Gobierno contra el candidato de Unión Pro, se concentrará en arrebatarle una porción del voto peronista a De Narváez.

Kirchner casi no se sale de la campaña en sus charlas privadas. Pero en los últimos días volvió a teorizar ante su gente sobre los ciclos políticos. Les dijo que quiere apoyar a la generación de entre 35 y 50 años. Raro. Es él quien instala la idea del poskirchnerismo. Y ya no se nombra en ese lugar.

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