Los Kirchner se aferran a Moyano y prescinden del centroizquierda

Por: Eduardo van der Kooy

Dos imágenes de ayer sirven para ilustrar este tiempo político del kirchnerismo. Cristina y Néstor Kirchner compartieron un palco en el estadio de Vélez para celebrar junto a Hugo Moyano el Día del Camionero. Los piqueteros de la izquierda volvieron a cortar la Avenida 9 de Julio -generando otro colapso ciudadano- por una promesa incumplida del Gobierno sobre la inclusión en el reparto de los nuevos planes de empleo. Esos planes los distribuyen, en su mayoría, cooperativas que dependen de los intendentes del conurbano.

Así, el kirchnerismo -que alguna vez en su recorrida de seis años alardeó con la transversalidad y la concertación- representa ahora una síntesis casi en estado puro del viejo sindicalismo peronista y de la maquinaria bonaerense. Aquella que, allá lejos, encaramó alguna vez a Herminio Iglesias y la misma que, por una década, maniobró Eduardo Duhalde.

Las imágenes resultan, por cierto, ilustrativas. Pero esta realidad del kirchnerismo no se circunscribe sólo al sindicalismo o a las organizaciones piqueteras: atraviesa también el espinel de la política.

Barrios de Pie es el movimiento que hizo punta para cortar la Avenida 9 de julio. Ese núcleo, cuyo dirigente mas visible es Jorge Ceballos, había participado de un acampe en la Avenida de Mayo los primeros días de este mes. Estuvieron asentados durante 32 horas. Un negociador de la ministro Alicia Kirchner terminó con esa medida. Les aseguraron que se abriría el ingreso de la agrupación en 19 distritos del conurbano. Ayer regresaron a la calle.

Los piqueteros afirman que continúan marginados. Pero además endilgan las responsabilidades a los intendentes bonaerenses. Los mismos que integran el precario sistema político del matrimonio presidencial.

La puja no se reduciría únicamente a los planes de empleo. Fluiría de modo subterráneo, además, una confrontación política. Barrios de Pie, que hoy inicia una llamada Marcha Federal desde cuatro puntos del interior, viene denunciando una supuesta maniobra de intendentes de la zona norte y oeste para ligarlos con posibles desórdenes el próximo domingo. Entre ese día y el lunes, como sucede desde la gran crisis del 2001, se recuerda la caída del gobierno de Fernando de la Rúa, con violencia y desmanes. Entre los desmanes figuraron los saqueos. Ese fantasma sobrevuela cada fin de año, atizado también ahora por las secuelas sociales que dejó el parate de la economía.

Intendentes de dos de los sectores más pobres del conurbano descreen de la posibilidad de desbordes, aunque aceptan la fragilidad social. Esa fragilidad tiene un aditamento: la falta de ayuda de la gestión provincial. Cada mes estaría llegando a esos distritos sólo la mitad de la coparticipación que les corresponde.

El kirchnerismo intenta que sus diques de contención no sean vulnerados. En esa intención los intendentes tienen un papel preponderante. También los piqueteros y el sindicalismo. Se explica, entonces, aquella comunión con Moyano y todas las facilidades económicas que el matrimonio le brinda al jefe de la CGT.

Moyano pareciera acechado en varios frentes. Dentro de la misma Central Obrera, desde hace tiempo, hay desencanto con su conducción y con la acumulación de poder. La investigación del juez Norberto Oyarbide sobre la mafia de los remedios terminó con el encarcelamiento del legendario dirigente Juan José Zanola, pero sembró sospechas además en torno a la obra social del gremio de los camioneros.

Moyano vinculó esas sospechas con un supuesto ardid político destinado, en verdad, a afectar su alineamiento con los Kirchner. Graciela Ocaña, que dio el puntapié a la investigación cuando era ministro de Salud, no cree, en cambio, en la existencia de cortinas de humo.

Las acechanzas provinieron también de la Corte Suprema. El año pasado había abierto la ventana sobre libertad de afiliación sindical con un fallo que favoreció al gremio de ATE, afiliado a la Central de Trabajadores Argentinos (CTA). La semana pasada esa tendencia se afirmó con otro fallo en una causa sobre personería gremial en el Hospital Naval.

Los Kirchner han dejado correr, sin emitir opinión, los fallos. Pero cada vez que pudieron -como sucedió ayer- hicieron ostentación de su alianza con Moyano. También protegen a los socios del camionero: ni el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, ni el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, aceptaron una decisión de la Justicia que convalidó en el gremio de aeronavegantes el triunfo de la lista opositora a la conducción que responde a Alicia Castro, embajadora en Caracas e incondicional al matrimonio y a Moyano. La postura de los Kirchner causa desencanto en el gremialismo del centro izquierda. Ese gremialismo se escurre también en la vida parlamentaria. El matrimonio asestó allí hace horas un golpe a ese sector del progresismo.

Cristina vetó el lunes dos artículos de la reforma política que habían sido introducidos, justamente, para conseguir el respaldo del centroizquierda. Referían a los tiempos que tendrán los partidos para adecuarse a la nueva norma. Era hasta diciembre del 2011. Se adelantó a diciembre del 2010.

El arco político reaccionó con críticas. Sobre todo el centroizquierda. Podría estar pesando sobre ellos el desengaño de los que alguna vez creyeron.

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