Kirchner advirtió sobre una campaña de "insultos"

Néstor Kirchner usó un estilo de pastor ante su rebaño, ayer, con un millar de jóvenes peronistas reunidos en la quinta de San Vicente, donde está el mausoleo de Perón. Los previno sobre una campaña de "agravios e insultos" que deberán contestar "poniendo la otra mejilla" en señal de mansedumbre política.
La prédica del ex Presidente en el solar que alguna vez perteneció a Juan y Eva Perón resultó un intentó de atenuación de las denuncias sobre comportamientos violentos de sectores ligados al oficialismo, a partir de la agresión al senador radical Gerardo Morales, en Jujuy (ver pág. 3). El episodio provocó la estampida de acusaciones, un escenario del que, por ahora, Kirchner decidió ponerse a resguardo: nunca mencionó esos hechos. "Se los pido de corazón. Es un momento para tener mucha tranquilidad", explicó a la audiencia juvenil agrupada en el parque.

"Nos van a querer desviar de nuestras metas", fue la advertencia. "Pero nuestra mayor responsabilidad -agregó Kirchner- es la patria y la gente". Primer aplauso. El gobernador Daniel Scioli, el vice, Alberto Balestrini, y el secretario general de la CGT, Hugo Moyano, hicieron gesto de aprobación. Al frente, entre los bombos, las nuevas barras de la JP continuaban con su tardía soldadesca "de Perón".

En los discursos se mezclaron pasado y presente, todo el tiempo. Como la alusión del intendente local, Daniel Di Sabatino a aquellas voces lejanas de los vecinos que decían: "Están cantando los teros. Se ha levantado el general". O el recuerdo de Kirchner a la celebración platense, en el club Atenas, por la designación de Héctor Cámpora como delegado de Perón, en 1972. El diputado Carlos Kunkel entonces estaba ahí, por eso su aplausito que suponía íntimo. Mucha nostalgia en el ambiente; comprensible por tratarse la quinta de un museo.

Ya estaba suficiente con el repaso, porque Kirchner tenía otras urgencias, entre ellas las de mostrarse como un dirigente actual, de amplitud de criterio: "No nos molesta el intercambio de ideas", quiso convencer. En medio, desnudó la intención de "recuperar la iniciativa (política)". El último ofertorio fue para "entregar nuestros corazones". Y no faltó una propuesta: ofrecer "amor, cariño, justicia, levantar la bandera de la alegría y de la sonrisa". Muy lejos, claro, del ataque de piqueteros K al líder de la UCR.

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