The Kilyer

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COPA SUDAMERICANA / CIENCIANO 0 - SAN LORENZO 2: Un tiro del Kily González para el primero terminó por liquidar una serie que había quedado casi resuelta en la ida. El pibe Rovira puso el segundo para que el Ciclón mostrara altura en los 3.500 metros de Cusco.
La clasificación a cuartos de final se resolvió con una semana de anticipación. La impresión recogida en el Nuevo Gasómetro se confirmó de inmediato: no había comparación posible entre las nóminas de cada equipo ni, tampoco, entre las resoluciones individuales y colectivas que podían esperarse de los rivales. La única inquietud nacía de un asunto de la geografía, de los 3.500 metros de altitud de Cusco, y de su influencia sobre el rendimiento físico de San Lorenzo.

Y ahí también aprobó con holgura, con movimientos que se adecuaron a esa circunstancia. Sin urgencias por el resultado, Simeone ordenó un equipo cerrado, que restringiera los accesos a Migliore en campo propio, sin que ese detalle significara sentirle el aliento al arquero. Hubo presión, uno de los dogmas para el Cholo, aunque cerca del círculo central. Hubo, como otro principio irrevocable, ambición de ataque, pero con regulación de esfuerzos.

Al fijar la defensa a su zona (el mayor trabajo lo tuvo para rechazar los pelotazos por aire de Cienciano), con aporte escaso de Pintos y Aureliano, fueron los volantes los que debieron pasar para no dejar a Rovira en soledad. Por eso el Papu y el Kily alternaron las excursiones, algo que resultó más habitual en Romagnoli. De todos modos, el pibe lejos estuvo de sentirse abatido por la eventual soledad. No parece casualidad el perfil que fue construyendo en Inferiores. A lo más notorio, el exquisito zurdazo para el segundo gol, Rovira le agregó otras evidencias: sabe jugar de espaldas, jamás se estaciona, es confiable como pivote y, cuando encara por izquierda, llega a fondo sin nublarse. Bendito el punta extranjero que nunca llegó, porque de su ausencia se abrió el espacio para otro Gonzalo picante...

San Lorenzo ya presenta marcas de su conductor, porque ejecuta un plan a conciencia de adversarios y circunstancias, con plena convicción de lo que debe cumplir. Anoche no hacía falta arrollar, como ocurrió en Buenos Aires. Sí era necesario probar fórmulas dictadas para la altura. Los remates desde posiciones externas entran en ese recetario que aplicaron Rivero, el Pipi y el Kily, cuyo zurdazo, poco antes de que terminara el primer tiempo, le dio fin prematuro al duelo.

Un poquito lejos de la cima en el Apertura a despecho de su invicto, en la Sudamericana se va acercando a un ideal. El Ciclón rota formaciones y la eficacia no disminuye, se impone en terrenos complicados y levanta la vista para confirmar que la llave, más allá de Vélez y Liga de Quito, no abre la puerta para que salgan monstruos.

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