Khamenei, el líder "infalible" que dio un paso en falso

Debió retractarse tras pedir al país que reconociera el resultado electoral
NUEVA YORK.- Durante dos décadas, el ayatollah Ali Khamenei fue una sombra en la cima del poder en Irán y escatimó sus declaraciones y apariciones públicas.

Por medio de su control del ejército, el poder judicial y todas las emisoras públicas, el líder supremo manejó los mecanismos para mantener su férreo aunque discreto control del país.

Pero, en un raro giro frente a su habitual cautela, se apresuró a felicitar al presidente Mahmoud Ahmadinejad por su triunfo e instó a los iraníes a respaldarlo antes de los tres días requeridos para certificar los resultados. Fue entonces que las multitudes furiosas colmaron las ciudades y el ayatollah debió dar marcha atrás: anteayer dijo que el Consejo de Guardianes, de 12 miembros, investigaría las elecciones. Y ayer admitió la posibilidad de un recuento.

"Decir que existe la posibilidad de que haya habido fraude tras felicitar a la nación por haber conseguido una sagrada victoria es un gran retroceso para él", dijo Abbas Milani, director del programa de estudios iraníes de la Universidad de Stanford.

Pocos han insinuado que el poder de Khamenei corre peligro. Pero, según los expertos, ha abierto una grave fisura en el dominio islámico, una fisura que tal vez sea imposible reparar por la feroz disputa que han provocado las elecciones entre la elite de veteranos de la revolución de 1979.

"Khamenei siempre decía: «Silencio, lo que yo digo es lo que vale» - dijo Azar Nafisi, autora de dos libros de memorias sobre Irán-. Ahora se ha roto el mito de que allá arriba hay un líder cuyo poder es incuestionable."

Los que perciben ese importante cambio son rápidos para advertir que Khamenei todavía podría recurrir a una fuerza aplastante para acabar con las manifestaciones.

Al convocar al Consejo de Guardianes para investigar los comicios se proporcionó un período de 10 días para esperar que la furia amaine. No es probable que el resultado sea una sorpresa. Khamenei designa a la mitad de los miembros del Consejo; los otros son nominados por el jefe del poder judicial, quien a su vez también es designado por el líder supremo.

"Es tan sólo una falsa investigación, destinada a acallar las protestas", dijo Karim Sadjapour, especialista en Irán de la Fundación Carnegie.

Khamenei fue un improbable sucesor del patriarca de la revolución, el ayatollah Ruhollah Khomeini.Era conocido como un mullah de mente relativamente abierta, aunque no exactamente liberal. Irónicamente, en los 80, consiguió atraer la ira del propio Khomeini al cuestionar públicamente algunos aspectos delsistema de un líder supremo. También chocó con Mir Hossein Moussavi, el poderoso premier de ese momento.

En los últimos días, Moussavi escribió una carta abierta a los clérigos de la ciudad santa de Qom sobre los resultados de las elecciones. Así daba a entender que la palabra de Khamenei no tenía suficiente peso.

Khamenei fue elevado de un día para otro al rango de ayatollah en una decisión política más que religiosa.

"Es un líder débil, pero astuto para hacer alianzas. Debido a las numerosas facciones en el Estado, él parece ser la persona más poderosa", dijo un experto de la Universidad de Nueva York que pidió el anonimato.

Muchos analistas dicen que las diferencias entre las facciones nunca han sido tan pronunciadas ni tan públicas como en los últimos días.

Todos los que hablan de Khamenei lo definen como alguien que nunca se arriesga. Pero enfrenta una opción casi imposible. Si permite que las marchas crezcan, eso podría cambiar el sistema de dominio clerical. Si usa la violencia para aplastarlas, será el fin del mito del mandato popular de la revolución islámica.

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