Karina, Daniel y los exitosos Pell$

La separación virtual del Gobernador y la Primera Dama bonaerense es otro de los tabúes – al nivel del verdadero número de la deuda de la Provincia- del mundillo político. Él en Benavídez, ella en el Abasto.
No se trata de un capítulo de “Los exitosos Pell$”, aunque bien podría serlo. Al igual que la pareja de periodistas de la ficción, este matrimonio sigue siéndolo sólo para las cámaras y por frívola conveniencia. Esta vez, 24CON les da la bienvenida al mundo de “los exitosos Scioli y Rabolini” (ella nunca se dejó llamar por el apellido de su flamante esposo), una historia llena de engaños y desencuentros. Con esto, no se puede negar que el Gobernador es un enamorado de la política y del poder.

Para ser justos hay que decir que, tanto en su juventud como en edad madura, Karina siempre fue una mujer muy bella y elegante. Ideal para ser la acompañante de un gran hombre. Sencilla, pero con un gusto exquisito para vestir, se caracteriza ser extremadamente “ubicada”. Controla cada movimiento de su cuerpo y sus palabras. De esas pocas señoras de la farándula argentina a las que Mirta Legrand gusta sentar en su mesa, justamente, por su buena educación y por ser “políticamente correcta”, atributos nada despreciables para la mujer de un funcionario de primer nivel como lo es Scioli.

Por su parte, Daniel tiene el perfil del típico campeón. De hecho, ganó en todo. En sus inicios, fue número 1 de la motonáutica argentina (claro que tenía la mejor embarcación y él mismo organizaba los torneos “mundiales”). En esa época, Daniel era invencible y lo fue hasta que la célebre “yeta” de su buen amigo Carlos Menem, por entonces presidente de la Nación, lo alcanzó. Cómo olvidar la imagen de la Gran Argentina dada vuelta que emitían las pantallas de televisión. Se vivieron momentos desesperantes en todo el territorio nacional, ya que Daniel era un deportista muy querido en el país.

En ese entonces, Karina era una hermosa y famosa modelo. Y él uno de los solteros más codiciados. Ambos salían en las revistas del espectáculo por separado, hasta que la vida los unió y no sólo en el papel. Ella tenía 18 y él 28. Se casaron en 1991. En 1997, de la mano del mandatario riojano, Daniel entró a la política.

Pero Scioli entendió desde muy temprano la importancia de la imagen en la política –se recibió de técnico en marketing en la UADE. E, incluso, fue uno de los políticos más sagaces a la hora de utilizar esta herramienta con mayor efectividad, sin dejar ningún detalle al azar, casi tanto como los candidatos norteamericanos. La forma en cómo arrasó en los últimos comicios para quedarse con la gobernación demuestra que su afán dio sus frutos.

Y, justamente, uno de los principales pilares de su imagen es su matrimonio “perfecto” con Karina Rabolini. Pero, en realidad, sería toda un “montaje” que les vino como anillo al dedo a ambos. En resumen, con el armado ella se salvó de una deuda millonaria –a la empresa homónima de cosméticos no le fue nada bien- y él, obsesionado con su imagen, tenía que recuperar los aires de ganador, de hombre de familia y de esposo ejemplar, para así alejar los fantasmas de hombre golpeador e infiel. Hasta logró traspasar sin despeinarse la tormenta cuando reconoció a su hija Lorena de 18 años.

Hasta dijeron estar buscando tener un bebé –o “el proyecto” como ella misma lo denominó en una entrevista- cuando Scioli se postuló como gobernador de la provincia. También barajó la idea de irse a vivir a La Plata. Pero, lo cierto es que la esquiva ex modelo no paró de dar entrevistas a los medios más importantes. Pero esa no fue la primera vez en que utilizaron la estrategia mediática.

En 1999, la separación y luego el divorcio se hicieron inminentes. Las lágrimas de Karina cayeron sin control en el living de Susana Giménez. Allí ella confesó su dolor. Fue un escándalo, el primero y último que haría la mujer. 4 años duró la separación, hasta que, en 2003, Daniel la necesitó a ella y Karina lo necesitó a él. Casualmente, fue ese año en el que el por entonces hombre de Duhalde, acompañaba a Néstor Kirchner para la fórmula presidencial del Frente para la Victoria.

Así fue como el marco de la virtual reconciliación volvió a darse en el sillón de la Diva. Luego, se sucedieron las entrevistas y la intimidad de la pareja se volvió repentina y convenientemente pública. Dijeron que, pese a que estaban distanciados, esos cuatro años se seguían viendo y que ya estaban viviendo juntos.

Lo cierto es que, luego de ser electo gobernador, ni Karina ni Daniel hablan más de la pareja perfecta que dicen ser. Es más, la Primera Dama bonaerense se niega a hablar con periodistas. Por su parte, después de octubre de 2007, Scioli volvió a hablar de su mujer sólo una vez: cuando la tuvo que “defender” del ataque de ruralistas al arribar en el avión de la gobernación a su provincia natal (Santa Fe) en pleno conflicto con el campo. Claro que el escrache en realidad era un mensaje político dirigido a él.

Actualmente, y pese a que dicen vivir juntos en la ciudad de las diagonales, él disfruta de la naturaleza en su mansión del barrio "La Ñata" en Benavidez y ella se pasa la vida en un departamento del Abasto. Y siguen, cada cual por su lado.

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