Una Kandidatura para ocultar la realidad

Ayer el oficialismo buscó reinstalar el proyecto de Kirchner como candidato a senador nacional por la Provincia. Pero hubo funcionarios que salieron a desmentirlo. Una cortina de humo en momentos en que ya se sienten con fuerza los efectos de la crisis
La Argentina ya está sufriendo las consecuencias de la crisis internacional, que se profundiza día a día. Y no existe ningún plan gubernamental serio para atravesar la tormenta que se avecina, que podría provocar mayor desempleo y una recesión de magnitud. Los números ya hablan por si solos: los ingresos fiscales de noviembre crecieron 10% menos que lo que habían subido en los últimos meses y la actividad económica se encuentra en un peligroso amesetamiento.

Además, el controvertido paquete de medidas anticrisis que la presidenta Cristina Fernández anunció a los cuatro vientos la semana pasada (moratoria impositivas y blanqueo de divisas provenientes del exterior) está recibiendo cuestionamientos hasta en el seno del propio oficialismo en el Congreso nacional y difícilmente pueda ser aprobado tal como está. Incluso los aliados que tuvieron los K en la aprobación de la estatización de las AFJP ahora adoptarían una postura diferente.

En ese escenario, el kirchnersmo montó un operativo de maquillaje político (y mediático) para intentar desviar la atención con un proyecto tan estrambótico como polémico: impulsar al ex presidente Néstor Kirchner como candidato a senador por la provincia de Buenos Aires, algo que se había insinuado semanas atrás.

La movida incluiría un verdadero manoseo de las instituciones ya que implicaría la renuncia de Eric Calcagno a su banca (fue electo senador suplente, y asumió ante la vacante que dejaron la ahora presidenta Cristina Fernández y la actual ministra de Salud, Graciela Ocaña), para que los bonaerenses vuelvan a elegir sus representantes en el Senado en las elecciones legislativas de 2009. De cumplirse con los mandatos vigentes, esto recién debería ocurrir en 2011.

Pese a que compitió en las elecciones de 2005, Calcagno recién asumió su banca este año (antes pasó por la embajada argentina en Francia y por un puesto de segunda línea en el ministerio de Economía) cuando el oficialismo estaba desesperado por conseguir votos para avalar el proyecto de retenciones móviles.

La posible candidatura K estaría dada a partir del hecho de que el ex presidente tiene domicilio en la quinta presidencial de Olivos, partido de Vicente López. De poco importa que Kirchner haya sido varias veces electo como gobernador de Santa Cruz y que en las últimas elecciones haya votado en tierras patagónicas. Los recovecos legales dan para todo y Calcagno estaría dispuesto a sacrificarse por la causa. “Con esta movida, el Gobierno lo que hace es poner en práctica una estrategia para kirchnerizar la elección, intentando aprovechar que la oposición está fracturada en dos a partir del entendimiento entre Elisa Carrió, Gerardo Morales y Luis Juez, y la posible alianza entre Julio Cobos y el radicalismo alfonsinista. Pero nada está confirmado: las candidaturas recién pueden estar definidas en marzo del año que viene”, le dijo a Hoy el politólogo Julio Burdman, titular del Observatorio Electoral.

Con este operativo, el Gobierno intentó capitalizar para sí lo que significó el triunfo de Gerardo Zamora en Santiago del Estero y la insólita interna del PJ bonaerense, que estuvo plagada de listas armadas a dedo y de competencias ficticias. Pero no todo lo que brilla es oro: Zamora, más allá de que reafirmó su pertenencia a la concertación plural, no es del riñón K (viene del radicalismo) y su triunfo está dado a partir de circunstancias netamente locales, como es el rechazo que aún despierta la dinastía de los Juárez en esa provincia. Además, la interna del PJ difícilmente pueda ser un termómetro cuando quedó demostrado que se trató de una disputa por una cáscara vacía, por un sello de goma que, dadas las circunstancias por las que atraviesa el país, de poco puede servir.

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