La Justicia en tiempos de Kirchner

Por: Julio Blanck.

Una operación de monitoreo, tan intensa como discreta, culminó con el rápido cierre de la causa sobre el último capítulo del incremento de la fortuna de los Kirchner. Pero otros casos judiciales, de un fuerte trazo político, anuncian horizontes menos plácidos para el Gobierno.

Néstor Kirchner acuñó, en el final de diciembre, la que quizás termine siendo la frase del año que se fue. "La declaración de bienes es perfecta", disparó en cuanto le confirmaron que ninguno de los dos fiscales había apelado el fallo del juez que consideró lícito su enriquecimiento. La investigación de su fortuna, al menos la que él y su esposa, la Presidenta, declararon en el último año, era ya un caso cerrado.

La frase de Kirchner podrá integrar una antología reservada a muy pocas. En esa galería, en la que Julio Cobos entró diciendo "mi voto no es positivo", están las palabras de Eduardo Duhalde cuando prometió "el que puso dólares recibirá dólares", las de Fernando de la Rúa haciendo campaña con el "dicen que soy aburrido", también Carlos Menem con su "síganme, no los voy a defraudar", Raúl Alfonsín cuando dijo "la casa está en orden" o la triste bravata de Leopoldo Fortunato Galtieri en Malvinas: "Que traigan al principito".

Parece gracioso, pero no lo es.

Detrás del festejo por el fallo favorable, que Kirchner procesó con su habitual carga de rencor, hay pequeñas historias que tapizaron el camino hacia las decisiones judiciales. Esas historias son contadas por fuentes del propio oficialismo sin traslucir una gota de pudor ni de asombro.

Hace una semana, en este espacio, se consignó la activa participación en el seguimiento del caso que desplegó el gerente general del Banco Nación, quien tenía conocimiento previo con el juez Norberto Oyarbide, quien dictó el sobreseimiento de los Kirchner. Las fuentes del oficialismo consignaron ahora que un miembro de la Auditoría General de la Nación y un abogado de larga vinculación con la Secretaría de Inteligencia mantuvieron un estrecho monitoreo sobre el fiscal federal Eduardo Taiano, cuyo desistimiento de apelar fue clave para el cierre de la causa.

Ni el gerente del Banco Nación, ni el miembro de la Auditoría -que patrulla la Justicia desde los años del menemismo-, ni el abogado -un radical que fue funcionario de la Alianza- tenían vinculación con el trámite judicial. Fueron operadores de Kirchner para lograr una rápida resolución al tema que más lo preocupaba. Cumplieron su cometido apelando a las artes de la seducción, el convencimiento o la presión, según diese lugar.

La postura de Taiano no puede ser considerada sorpresiva. Es el mismo fiscal que ya había tenido que opinar dos veces sobre causas anteriores abiertas contra los Kirchner por presunto enriquecimiento ilícito. No hubo dos sin tres: en ningún caso se opuso al cierre veloz de la investigación.

En los tribunales se cuenta la historia del secuestro exprés que sufrió el hijo del fiscal hace cuatro años, cuando debía pronunciarse por primera vez en este asunto. Es fácil entender que aquello le haya dejado a Taiano una huella profunda. En 2008, dicen en los indiscretos despachos judiciales, dos superiores en la escala jerárquica de los fiscales -uno de modo directo, el otro a través de un mensajero indudable- hablaron con él antes de su segunda decisión de no apelar. Esta vez, la cuestión volvió a ser ligeramente siniestra: poco antes de Navidad alguien habría dejado un mensaje intimidatorio para el hijo de Taiano, en el contestador telefónico de su madre.

Aunque no entendía directamente en la causa, otro fiscal que podría haber apelado y no lo hizo fue Guillermo Noailles. Ya recibió una denuncia por encubrimiento. Noailles está provisoriamente al frente de la Fiscalía de Investigaciones Administrativas desde que, en marzo pasado, renunció Manuel Garrido denunciando impunidad para la corrupción. Ahora se postula para ocupar el cargo de manera definitiva.

Kirchner ha calificado las indagaciones judiciales sobre su fortuna y la manera en que la obtuvo, como una persecución y un "acto vejatorio". Es razonable que intente en esta hora favorable construirse un escudo protector a futuro. Siempre habrá un resquicio judicial por donde pueda colarse la reactivación de alguna causa.

La relación que estableció el kirchnerismo con la Justicia no difiere demasiado del modo que tiene para vincularse con cualquier otro sector social, político o económico. Hay amigos y hay enemigos, sin matices. A los enemigos se los combate por cualquier medio. A los amigos se los colma de beneficios. Pero por las dudas se los vigila para mantenerlos en la fila.

Alguna de estas recetas quizás tengan que aplicar pronto con Federico Faggionatto Márquez, suspendido juez federal de Zárate-Campana, quien afronta un avanzado proceso de juicio político en el Consejo de la Magistratura.

Tuvo mala suerte Faggionatto: su acusador será Ernesto Sanz, senador y flamante presidente del radicalismo. En el sorteo de la Magistratura le fue mejor a Oyarbide, quien en la denuncia por su actuación en el caso de enriquecimiento de los Kirchner tendrá como acusadora a la hiperkirchnerista Diana Conti.

Fuentes del oficialismo aseguran que Faggionatto ya hizo llegar un mensaje claro: quiere respaldo y cobertura.

¿Qué carta tiene para jugar este juez, que involucró a Francisco De Narváez en el turbio caso de la efedrina, en plena campaña electoral?

Faggionatto quizás tenga memoria para recordar qué y con quién del kirchnerismo habló en aquellos días, antes de enchastrar al principal candidato opositor, que finalmente derrotó a Kirchner. Algún ministro importante de Cristina tendría razones para estar inquieto por este tema.

Faggionatto afrontó 38 acusaciones ante el Consejo de la Magistratura. Allí aprobaron enjuiciarlo por 25 casos, luego de que perdiera el apoyo monolítico del kirchnerismo. Oscar Aguad, jefe de los diputados radicales, dijo que "es muy probable que termine como el juez más corrupto de la historia". Faggionatto sabe que, librado a su suerte, le espera un futuro demasiado complicado. Algún mensajero kirchnerista ya está al tanto de sus angustias. "Faggionatto no es Taiano", dicen en despachos oficialistas, mentando la gruesa piel del magistrado y su decisión de resistir.

Aun en la aceleración de su declive, con un aislamiento político y social creciente, la capacidad de operación de Kirchner es amplia, profunda y dañina, como quedó largamente demostrado. La oposición sigue enfrascada en desacuerdos básicos, errores de espanto y mezquindades egocéntricas, más allá de alguna estrategia parlamentaria exitosa. Pero un dato que habla acerca de la dirección en la que sopla el viento es que más y más instancias de la Justicia se alzan contra los planes de los Kirchner.

Cuatro jueces se plantaron ya contra la ley de medios. Las causas por corrupción avanzan, más o menos rápido, permeando la fisurada cáscara kirchnerista. Como se vio en el caso de enriquecimiento, el paraguas protector de Kirchner se achicó dramáticamente y ahora apenas cubre al matrimonio y a un puñado de incondicionales. La gente que queda a la intemperie nunca es del todo predecible.

La Corte Suprema, en tanto, da pasos firmes en dirección a sostener la independencia de los poderes. En su mayoría esos jueces llegaron allí por la positiva oleada renovadora que trajo Kirchner en el comienzo de su presidencia. Pero actúan sabiendo que sus tiempos van mucho más allá que el tiempo de los políticos en el poder.

Algunos ya soportaron que la Secretaría de Inteligencia escudriñe en sus costumbres y familias. Varios de ellos hablan más de lo que se conoce con políticos de toda procedencia. A veces se les va la boca, pero en general miden con astucia sus palabras. Nunca van a romper con el Poder Ejecutivo, porque tienen claro que asegurar la gobernabilidad del Estado es un deber ineludible para ellos. Pero tampoco parecen dispuestos a acompañar mansamente arranques propios de un desgobierno. Ya habían avanzado hacia la libertad sindical y la reafirmación del derecho de propiedad. Ahora le pidieron a la Presidenta que informe sobre las razones que la llevaron a decretar un manotazo de más de 6.500 millones de dólares sobre las reservas del Banco Central.

Pero a la Corte le gusta poco y nada que los políticos de la oposición los hayan elegido como escenario de sus reclamos. "Ahora quieren venir todos acá", rezongó uno de los jueces que habla seguido con ellos. La irregular distribución de fondos a las provincias y el anunciado uso de las reservas para pagar deuda fueron el motivo de las presentaciones. Pero hubo un componente político fuerte, más allá de lo judicial, que incluyó el costado mediático de esas acciones. Allí es donde la Corte pretende tomar distancia.

"No gobernamos ni somos la oposición", ha dicho el prudente titular del tribunal, Ricardo Lorenzetti, a quien tuviera ocasión de preguntarle por el tema.

La relevancia que adquiere hoy cada trámite en la Justicia, y que promete crecer a medida que se aproximen los tiempos de definición política que deben madurar en este nuevo año, habla también de la dificultad de otros poderes y otros actores para articular y procesar las diferencias y las tensiones naturales en toda sociedad diversa. Es un síntoma más de nuestra democracia incompleta.

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