Justicia, Navidad y las bromas

A Alperovich no le interesa la designación de los jueces, por ahora, sino ganar una partida, y por cansancio, contra algunos integrantes del Poder Judicial. Por Juan Manuel Asis - Prosecretario de Redacción.

Los inocentes se cuentas por millones, los bromistas por cientos; algunos aparecen en las boletas electorales.

Si ahora hay necesidad de cubrir los despachos vacantes, cuánta más urgencia habrá en 2009 si todo se traba.

Diciembre es un mes especial; es el último del año; tiene fechas particulares y festejos característicos. ¿Cuáles celebrará la clase política? Consideremos sólo dos, la del 24 y la del 28, la de la alegría de los regalos de Navidad y la de las típicas bromas de los inocentes. ¿Cuál de las dos les vendrá como anillo al dedo de acuerdo con sus intereses? Si se toma esta cuestión livianamente y, advirtiendo que diciembre todo lo permite -soñar, esperanzarse, prometer y hasta traicionar-, se puede aludir a los estudiantes privilegiados de la política con ironía. La realidad facilita las cosas; si no, miren a los humoristas que viven de los políticos. Por ejemplo, ahí está el tironeo por la independencia de la Justicia, o más bien por la independencia de criterio de los futuros jueces respecto de los referentes del poder político. Imaginemos en este contexto, y también en otros aspectos, ¿qué pedirían algunos políticos para la noche del 24? Alternativas: 1)- ¡Por favor, Papá Noel, déjame poner un juez¡ 2)- Que el dedócrata me señale, 3)- Que la Justicia sea mía, 4)- Ojalá acepten algunos candidatos de los que propuse, 5)- Que me aprueben como candidato a senador en segundo término, 6)- Quiero ser diputado nacional en 2009, 7)- Que me aumenten la dieta, 8)- Que no me denuncien más en la Justicia, 9)- Reforma con reelección indefinida, 10)- Que a los otros les vaya peor para que no capten votos. Y la lista puede seguir...

Aunque, con toda seguridad, el Día de los Inocentes les vendrá mejor en función del pensamiento generalizado de la comunidad sobre la dirigencia política, desacreditada a más no poder (¿será que el poder corrompe y despierta ambiciones dormidas? pregunta inocente). Hay que imaginar algunas frases para sonreír pensando en lo que aún le deben al pueblo los que tienen las responsabilidades de conducción: habrá viviendas para todos, la Justicia se derramará sobre los desprotegidos, mejorará la calidad educativa, la Justicia será completamente independiente, el Consejo Asesor de la Magistratura no será influenciado por el poder político, se acabarán los bolsones en los tiempos electorales, “sólo actuamos pensando en la necesidad del pueblo”, disminuirán los índices de inseguridad, educación para todos. Y la lista puede seguir interminablemente, lo que nos lleva a reflexionar con un dejo de tristeza que en este país, pese a sus bondades naturales y humanas, se vive un permanente día de la inocencia. Y los inocentes se cuentan por millones, mientras que los bromistas sólo por cientos; algunos de sus nombres aparecen en las boletas electorales.

Los inocentes (desposeídos, marginados, pobres, desocupados, analfabetos, los que sobreviven a diario de las migas ajenas) también atraviesan esas fechas; el almanaque corre para todos. Sus pedidos pueden ser más sinceros, pero también más dramáticos. Para ellos el ruego es lo permanente. ¡Qué les puede interesar la independencia de la Justicia! Es difícil pensar que exijan como regalo de Navidad jueces distanciados del poder político. Calmar los incómodos ruidos del vientre es más prioritario que la calidad institucional, aunque, en algún momento, el respeto por este aspecto puede mitigar en algo los pesares de los millones de pobres. “La calidad institucional se regará en cada rincón donde la injusticia se instale”, se podría escuchar algún día desde las bocas del poder. ¿Será un 24 o un 28? Lo cierto es que el año político finaliza con una única cuestión interesante en la agenda: las vacantes en la Justicia, pero con distintas posiciones: despreocupación aparente desde la Casa de Gobierno y visible inquietud desde las filas judiciales. Más allá de las eventuales sentencias al respecto, lo que llama la atención es la actitud del gobernador, José Alperovich. “No es un problema mío, es de ellos”, suele expresar, responsabilizando al Poder Judicial por no permitirle avanzar con “su” sistema de designación de jueces. En el final del camino, lo que el Ejecutivo observa -y quiere- es una Justicia ahogada en sus propias necesidades.

Por eso es que meterá mano a todos los recursos judiciales posibles para paralizar, desde su lado, la integración de la Justicia, porque, en realidad, al PE no le interesa designar magistrados por ahora. Hay paciencia budista en el Gobierno, y así como el kirchnerismo pretendió en su momento arrodillar -sin éxito- a los hombres del campo, desde el alperovichismo se aspira a algo parecido: poner de rodillas a los hombres de la Justicia, o por lo menos hacerlos cargar con las culpas de una probable inacción del Poder Judicial. Aquello se lograría por asfixia, por los cientos de expedientes que no se podrían resolver, y por las posibles protestas sociales que pueden derivar de los casos irresueltos. Desde el poder ya se imaginan los edificios donde habitan los magistrados rodeados por turbas enardecidas exigiendo “Justicia ya”. Por ahora, a la calle han salido, tímidamente, algunos que entienden el valor de tener jueces sin ataduras políticas. Al margen, como hecho colateral, bien se podría decir que de todo este embrollo de intereses, algunos se están beneficiando, y no precisamente son los “buenitos”, si se considera que pueden prescribir causas por falta de tratamiento, o por abarrotamiento de papeles. Puede suceder (se podría añadir otro pedido para el 24: regálame una prescripción). Es una posibilidad, por más que desde los tribunales se afirme que el servicio de Justicia está garantizado. Pero el estallido parece estar próximo, y las esquirlas van a alcanzar a todos, a los propios y a los que quieren aparecer como los extraños en la película.

No, a Alperovich no le importa designar jueces, más le interesa ganar la partida, y por cansancio. Cree que tiene el as en la mano. Con esa sensación viajó a Punta del Este a descansar. “Juan (por Manzur) se hará cargo del caso”, dijo sonriendo antes de viajar. Y, oh, casualidad, regresará a Tucumán el 28, sí, precisamente, el Día de los Inocentes. ¿Vendrá con alguna broma bajo el brazo? El viernes, antes de trasladarse al aeropuerto, en un desayuno con periodistas vaticinó: “el fallo (de la Cámara en lo Contencioso Administrativo) saldrá en contra nuestra, esta tarde o antes del lunes”. No lo expresó preocupado, sino seguro de haber ganado una apuesta, y hasta se diría con ganas de que así fuera. ¿Es el regalo que pidió para que luego pueda hacer alguna broma de inocentes a su regreso? Si ahora hay necesidad por cubrir los despachos que están vacantes, cuánto más urgencia habrá en 2009 si todo se traba. Ese es el juego que le agrada al gobernador, distraerse con las necesidades ajenas. Si no logró su propósito por las leyes, lo logrará por el peso de las circunstancias. Es lo que cree. En una de esas la institucionalidad le tenga deparada una sorpresa y en vez de un 24 tenga su día 28. Para eso aún falta mucho camino por recorrer. Lo cierto es que en un año electoral como el que se viene, lamentablemente, el reparto de cargos en la Justicia puede ser el futuro “bolsón institucional” para garantizar una mínima clientela política o para anudar acuerdos que permitan una nueva reforma constitucional con garantía de que no habrá trabas judiciales. Para eso, hay tiempo.

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