La Justicia dejará de ser apta para pingüinos

Por Adrián Ventura

La derrota que sufrió el kirchnerismo producirá un fuerte impacto en la relación que, hasta ahora, mantenía con la Justicia.

Un experimentado magistrado arriesgaba ayer que al ex secretario de Transporte Ricardo Jaime no le alcanzarán las horas del día para concurrir a los tribunales. También llegó el turno de un fiscal de pedir la elevación a juicio de Felisa Miceli, por el caso de la bolsa llena de dinero. Habrá que ver si, en el futuro, el expediente de la valija de Antonini Wilson no depara alguna revelación. Es inevitable: algunos jueces federales sentirán comezón por reavivar investigaciones que, hasta el viernes último, juntaban polvo.

Para el oficialismo, el horizonte también abriga otras incertidumbres. Si los bloques kirchneristas en Diputados y en el Senado se desgranan rápidamente, aun antes del recambio legislativo del 10 de diciembre, es posible que el Gobierno intente dar batalla dictando decretos de necesidad y urgencia o decretos delegados. Pero sería un suicidio, no sólo frente a un Congreso fortalecido, sino también frente a la Justicia. Quienes conocen la intimidad judicial especulan con que "el Gobierno no tiene margen alguno para arbitrariedades. Hasta un juez de paz declarará inconstitucionales sus decretos".

* * *

Es previsible que, ante este panorama, el Gobierno procure conservar el control político sobre los magistrados. Pero nada le será fácil.

Quizás el único tribunal que quede al margen de todo cimbronazo sea la Corte, que preside Ricardo Lorenzetti. Por prudencia, el cuerpo supo ganar distancia del Gobierno, y sus integrantes no mantienen con el kirchnerismo lazos más fluidos que los que puedan tener con otros sectores. Tampoco abandonará su cargo el jefe de los fiscales, el procurador general, Esteban Righi, cuya actuación no merece mayores críticas.

Pero donde sí se sentirá el terremoto será en el Consejo de la Magistratura. Durante los últimos años, los rumores sobre las presiones que hizo sentir sobre los jueces, especialmente a través de los consejeros y diputados Carlos Kunkel y Diana Conti, fueron una constante.

Si bien el Consejo no promovió la remoción de muchos jueces, sí esparció entre ellos el miedo. "Después del domingo, ni las llamadas de Kunkel ni sus intervenciones en el Consejo tendrán igual peso", imagina un camarista penal. Dicho sea de paso, también llegó la hora de reformar el organismo.

Comentá la nota