La Justicia cierra filas para el desafío de avanzar en causas de corrupción

La situación de conflicto potencial con el poder es una historia que vuelve, con nuevos actores.
Dice un juez federal que tiene en sus manos un par de casos bien fuertes: "Nos encontramos con una ingeniería muy cuidadosa de prevención. Pero no de prevención de la corrupción sino de prevención de que la corrupción pueda ser detectada y comprobada".

Dice un camarista que ya vivió otros tiempos de avalancha de denuncias contra el gobierno de turno: "Vuelve a producirse una demanda social creciente sobre la Justicia y sería bueno bajar la expectativa. La opinión pública quiere resoluciones rápidas, pero los expedientes tienen su propio ritmo".

Dice un juez de la Corte Suprema: "Hace tiempo que estamos en un camino de afirmación de la independencia del Poder Judicial. Los jueces saben que tienen el apoyo de la Corte para llevar adelante todas las causas, involucren a quien sea".

En la discreción habitual de su tarea, con la gran mayoría de sus integrantes alejados del relumbrón mediático, los tres niveles de las áreas más sensibles de la Justicia perciben que un horizonte de conflicto político se les acerca a una velocidad mayor que la que hubiesen deseado.

Medio centenar de causas contra funcionarios del kirchnerismo se están tramitando en los tribunales. Algunas involucran directamente a la Presidenta y a su esposo, el jefe político del oficialismo, que multiplicaron seis veces su patrimonio desde que llegaron al poder. El ministro Julio De Vido y sus subordinados están en el centro de demasiadas sospechas, y cada semana les aparece una nueva. Al ex secretario de Transporte le averiguan cómo financia sus gastos de magnate. El secretario de Medios está encausado por repartir publicidad estatal entre empresas familiares. Los aberrantes negocios con la salud encadenan a funcionarios, sindicalistas amigos y recaudadores de las campañas electorales. Y hay mucho más.

Así, en relación directa con el opacamiento paulatino del poder kirchnerista, los juzgados empezaron a mostrar mayor actividad. No es sólo que hubo más denuncias. Es, sobre todo, que empezaron a moverse expedientes que antes dormían un sueño de conveniente prudencia y temor.

Ya en tiempos de Carlos Menem, cuando eran moneda corriente los jueces adictos y la mayoría automática en la Corte, quedó demostrado que ninguna lealtad de aquellos magistrados era más fuerte que el instinto de supervivencia.

Fue un juez puesto a dedo por el menemismo el que investigó el tráfico ilegal de armas y terminó metiéndolo preso a Menem. Fue un integrante de la mayoría automática de la Corte el que se resistió a ponerle la firma a la re-reelección que Menem no conseguía por la vía política. Así, los jueces probos, y unos cuántos de los otros, quedaron protegidos bajo el mismo escudo. Algunos de ellos, fuertemente notorios, son protagonistas en estos días que corren.

Pero hoy hay otros jueces, otros tiempos.

La Corte Suprema, rápidamente renovada y saneada cuando Néstor Kirchner llegó al poder, desplegó un impulso muy firme de recuperación de prestigio que primero lideró Enrique Petracchi desde la presidencia del tribunal, y que se profundizó desde que Ricardo Lorenzetti ocupa el cargo. Las designaciones de jueces en el estratégico fuero federal de la Capital reconoce el mismo signo.

El kirchnerismo, que trabajó para mejorar la calidad de la Justicia en sus primeros dos años de gobierno, puede terminar sentado en el banquillo por esta Justicia mejor. En el Poder Judicial saben que ese probable futuro les va a deparar múltiples zozobras.

La presión del kirchnerismo se hace sentir en el Consejo de la Magistratura, donde los comisarios políticos Carlos Kunkel y Diana Conti abren y cierran el grifo del acoso y el alivio a los jueces según el dictado de la jefatura en Olivos. El reclamo público de Lorenzetti para que sea un juez de la Corte quien presida la Magistratura está en línea con la necesidad de recuperar autonomía respecto del poder político y su control estricto.

Hay otras formas de acoso, quizás igual de efectivas aunque menos visibles. Por ejemplo el manejo casi extorsivo de los fondos, materia en que el kirchnerismo está graduado con medalla de honor. Cualquier inquietud al respecto, se les puede preguntar a los gobernadores peronistas que pretenden desmarcarse del cerco oficialista.

La Corte tiene el manejo del presupuesto judicial. Pero la autorización para cada gasto importante depende de la Jefatura de Gabinete. En el máximo tribunal no se escuchan quejas contra Aníbal Fernández ni contra sus antecesores, Sergio Massa y Alberto Fernández. Pero se recuerda con todo detalle cómo se demoraban hasta la exasperación esas autorizaciones, en tiempos de Néstor presidente sobre todo, cuando salía algún fallo que no resultaba del agrado del poder político.

Las cosas habían mejorado algo con la llegada de Cristina a la Casa Rosada. Pero hace pocos días le avisaron a Lorenzetti que el presupuesto de la Justicia para el año próximo se iba a reducir en un 30 por ciento. En la Corte, los jueces lo interpretan como una señal política hostil e inequívoca. No habría que extrañarse si pronto producen algún hecho público sobre este asunto.

A esto se suma la sensación que tienen al menos tres jueces del máximo tribunal, de que estuvieron siendo "caminados" por agentes de la SIDE.

La Corte se transformó en una referencia fuerte para los otros niveles de la Justicia, no sólo en la lógica orientación sobre el sentido de los fallos, sino también en la actitud frente a los desafíos crecientes planteados en la relación con los otros poderes del Estado. Los temas de corrupción están a la cabeza de esa agenda.

Hubo reuniones informales entre jueces de la Corte, camaristas y jueces federales. Se intenta generar espíritu de cuerpo y asistencia mutua. En esos encuentros, dijeron las fuentes consultadas, suelen escucharse voces a propósito de la necesidad de "establecer límites legales al Poder Ejecutivo". Hay algunos más entusiastas, quizás demasiado. Lorenzetti les amortiguó el impulso: "No somos el Gobierno ni la oposición, tampoco podemos reemplazar al Congreso".

La batalla que viene requiere espíritus dispuestos. Pero también parámetros claros. Hay una historia que, otra vez, se está empezando a escribir.

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