Juramento hipocrático o de hipócritas

Edificios modernos y refaccionados permitirán que la población pueda acceder a otras opciones para su mejor atención. Sin embargo, la profesionalidad de los médicos durante los fines de semana o los feriados dista mucho de lo ideal.

La salud es el talón de Aquiles del gobernador Gioja. Es probable que tenga otros. La inseguridad, por ejemplo. Pero por lo que se ve y dicen, prevenir y curar de manera óptima a la población sanjuanina es lo que más le preocupa y le ocupa. Sin embargo, pese a que redobla esfuerzos a diario para que no falten hospitales –pronto estará listo el nuevo edificio del Rawson y en un futuro no muy lejano se construirán otros en Sarmiento y Pocito-, puede verse y comprobarse que la cultura de los profesionales de la medicina dista mucho de la mentalidad de los políticos. Obvio que hay excepciones, como en toda regla, pero saltan a la vista en los tiempos que corren.

Para ser más claros y concretos, los médicos son la pata que falla en la mesa de la salud que conforman el Gobierno, la población y la infraestructura. Y si ellos no se ponen a tono, difícilmente se pueda lograr el objetivo: tener una población sana y fuerte. El problema, según parece, es que la mayoría de los médicos cumple funciones en varios centros de salud y andan a las carreras. Eso, durante la semana. Pero además, aunque dicen que deben cumplir con guardias, los días feriados y los domingos no atienden.

Visto de ese modo, el gran problema surge los domingos y los feriados. Ni hablar de esos interminables fines de semana que se unen con un día rojo para sacar mayores réditos en turismo. Algo que no estaría mal si se lograra mejorar y potenciar la atención en el sector de salud. Pero parece ser que aquí no es suficiente con prometer y cumplir levantando modernos edificios. O conseguir millones de pesos para invertir en infraestructura, equipamientos y capacitación.

Los médicos hicieron una promesa cuando se graduaron. Le llaman el Juramento Hipocrático, que no es otra cosa que una promesa de lealtad a una serie de principios. Lo escribió el padre de la Medicina, Hipócrates, y habla fundamentalmente del respeto por la vida de las demás personas. También versa sobre la importancia de no revelar las confidencias que hacen los pacientes y otras normas que tienen que ver con otros valores.

Pero hay médicos y médicos. Algunos, parece ser, confunden Hipócrates con Hipócritas. Y no quieren entender que la gente no elige en qué momento enfermarse. Y tampoco sufre un golpe de presión o un ataque cardíaco porque eso es lo que más quiere. Pero lamentablemente, además de padecer la posibilidad de poder dar con un médico cuando lo necesita, debe afrontar los malos tratos de todo el ambiente. Y después, salvo que tenga un buen contacto (“amigo”), debe esperar a que algún profesional se apiade de la urgencia, necesidad, dolor e impotencia que lleva el enfermo.

No sólo pasa en los hospitales públicos. También ocurre en los centros de salud privados. Y eso es lo grave. Porque no se trata de plata y tampoco de obra social o co- seguro. Es la mentalidad el gran problema. La falta de respeto a los enfermos. La incapacidad de ponerse en el lugar de los que sufren. La hipocresía con que se asumen las responsabilidades.

Dicen que para muestra basta un botón. Y aquí va: el 11 de septiembre pasado, Día del Maestro, fuimos testigos directos de la búsqueda de un clínico en principio y de un urólogo después. Ni uno ni otro fue posible encontrar en el hospital Rawson, en el Privado y en la Clínica de la Ciudad. Al menos eso fue lo que dijeron, no con la mejor de las atenciones, en las respectivas mesas de entradas. Las gloriosas y benditas manos de un cirujano, después de mucho andar y buscar, evacuaron la urgencia y necesidad, postergándola para el día siguiente. Después de eso, la pregunta del millón fue: ¿era el Día del Maestro o del Médico?

No fue el único caso. Fueron varios los que vimos y vivimos. Por eso consideramos que habrá que trabajar arduamente para que no sigan ocurriendo estas cosas. Y desterrar de una vez por todas esas ideas de “guardias mínimas”. Los médicos deben entender que el Gobernador debe estar atento a las necesidades y requerimientos de su comunidad las 24 horas de los 365 días del año; y los periodistas deben buscar la noticia, pulirla y comunicarla al público las 24 horas del día de los 365 días del año. ¿Por qué ellos no pueden mantener su profesionalismo durante las 24 horas de los 365 días del año? VM.GM.

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