Juntos, por “una nueva arquitectura mundial”

Los presidentes señalaron la necesidad de reformular el tablero internacional para que dé cuenta de un mundo “más multipolar y más multilateral”. Firmaron acuerdos de cooperación bilateral.
"Una nueva arquitectura mundial”, fue lo que coincidieron en reclamar ayer la presidenta Cristina Kirchner y su par ruso, Dmitri Medvedev, en el encuentro que mantuvieron en el Kremlin, poco antes de la firma de una declaración conjunta de asociación estratégica. Una y otra vez, los presidentes machacaron con la necesidad de reformular el tablero internacional de manera que dé cuenta del surgimiento de un mundo “más multipolar y más multilateral” a partir de la crisis financiera. En cuanto a relación comercial, que viene en franco ascenso, Medvedev se entusiasmó: “Hemos experimentado un auge y promete ser de cinco o de diez veces más”, lanzó. Los principales acuerdos de la visita vinieron por el lado de las empresas petroleras y gasíferas rusas que quieren instalarse en el país.

Quiso el destino que Cristina Kirchner pasara el primer aniversario como presidenta en su segundo día de visita oficial a Moscú. Arrancó a media mañana, depositando una ofrenda floral en la tumba al soldado desconocido. La Presidenta lució gorro, bufanda y tapado de piel, y lo ameritaba: en la mañana moscovita el frío era glaciar y por momentos caía aguanieve.

Luego, ya de nuevo dentro del Kremlin, se sucedieron los encuentros con Medvedev. El Kremlin es una ciudadela amurallada de 28 hectáreas al que los visitantes acceden por la puerta de la Torre de Kutafia, en una de las esquinas de la Plaza Roja. De allí hasta el lugar de la reunión hay que caminar por el costado de las catedrales de La Asunción, el Arcángel San Miguel y de la Anunciación, las tres vecinas y coronadas por bellas cúpulas doradas. No menos impactante fue el salón del Orden de Santa Catalina al que pasaron los presidentes luego del inicial encuentro privado. Para que ingresaran, dos soldados les abrieron dos pesadas puertas que luego cerraron con una perfecta coreografía militar. Los esperaba una fila de funcionarios de cada país que los presidentes fueron presentando y saludando.

Al sentarse, con un gesto, Medvedev le aconsejó a la Presidenta que se colocara el auricular del traductor simultáneo. “Sí, mejor me lo pongo”, dijo ella. El ruso habló de “una nueva arquitectura mundial” a partir de la crisis y avisó que en la relación entre ambos países “hay mucho camino por recorrer”. “La visita ya es exitosa”, arrancó Cristina Kirchner e hizo mención a las “400” reuniones de negocios celebradas entre empresarios argentinos y rusos en los días previos. Pero, una vez más, aclaró que el interés del viaje no estaba centrado sólo en el aspecto económico y comercial. Pidió “articulación de políticas y de cosmovisiones acerca de cómo se deben desarrollar las relaciones internacionales”. Ya ubicado en el top entre los temas que a la Presidenta le gusta revisar en sus discursos, habló de la necesidad de un mundo multilateral. “El sistema unipolar que veníamos sosteniendo no ha tenido buenos resultados”, deslizó. Se habló del reciente viaje de Medvedev a América latina, una demostración contundente del interés que Rusia ha colocado en la región. “Una nueva dirigencia ha reinventado y reposicionado a América latina”, apuntó la Presidenta, en una conclusión que la incluía.

De allí, los presidentes y sus comitivas se trasladaron al Salón de las Malaquitas. Entre las columnas verdes se podían apreciar los retratos de los emperadores que gobernaron Rusia. De a uno, en la silla vacía al lado de cada presidente fueron sentándose los ministros y funcionarios que debían suscribir los acuerdos y memorandos de entendimiento. Entre otros, pasaron los ministros Julio De Vido y Débora Giorgi, el titular de la UIA, Juan Carlos Lascurain, y el empresario Eduardo Eurnekian.

Hubo un acuerdo de cooperación para los usos pacíficos de la energía nuclear y el del establecimiento de relaciones de asociación estratégica, que coloca el vínculo entre ambos países un piso más arriba.

“La declaración que firmamos es sólo un inicio”, avisó el presidente ruso. Mencionó a las empresas de su país interesadas en invertir en la Argentina como la petrolera Rosneft y habló de la importancia del Gasoducto del Nordeste, que servirá para transportar gas desde Bolivia, del que quiere participar Gazprom. También habló de participar en el proyecto de tren trasandino que se proyecta para unir la Argentina y Chile. Medvedev explicó que en el encuentro privado con la Presidenta habían hecho un repaso de la situación del mundo en el contexto de crisis y que esperaba que pudieran coordinar posiciones en el próximo encuentro del G-20 que tratará el tema porque “coincidimos mucho”.

También ponderó la eliminación de la necesidad de visado para viajar de un país al otro. Sin embargo, en el documento final no quedó así expresado sino sólo la intención de llegar a ese objetivo. Según explicó el canciller Jorge Taiana, no se eliminó la visa ayer sólo porque no se llegó a tiempo con algunas cuestiones burocráticas que quedarán salvadas en los próximos días.

La Presidenta cerró el encuentro con aquella cita de Einsten que dice que sólo a un loco se le puede ocurrir que haciendo dos veces lo mismo se pueden alcanzar dos resultados diferentes. La referencia era a la necesidad de países como Argentina y Rusia de “intentar cosas diferentes para vivir en un mundo diferente”. En esa línea, antes habló de “revolución, con perdón de la palabra”. Luego recordó que estaba en Rusia y se embrolló un poco. “Aunque Rusia algo sabe de revolucionar al mundo”, agregó mientras reía y Medvedev hacía caras. Después de la ensalada, cerraron la visita con un almuerzo en la llamada Cámara de las Facetas.

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