En Junín sigue habiendo un arma por casa

Si se visita una casa de Junín al azar, de clase media para arriba, es posible que el dueño u ocupante del lugar se lamente porque en su inventario no esté presente algún que otro elemento material de dimensiones relevantes en la consideración particular del consultado. La queja seguramente se multiplicará y se transformará en angustia si la mirada se posa en uno de los tantos hogares donde la carencia es una plaga.v
Pero al hacer una comparación entre las pertenencias de uno y otro escenario, las probabilidades de que dentro del armario, en el cajón de la mesa de luz o en pose de cuadro contra la pared no surja un arma de fuego son remotas.

En la ciudad sigue habiendo un fusil por vivienda, un promedio que se viene tejiendo desde comienzos del siglo XXI y que, a pesar del plan de desarme con remuneración lanzado por el gobierno y de la obligatoriedad de documentarse que rige para quienes compran ese tipo de artefactos, se mantiene inalterable.

Un reflejo más de cómo la inseguridad somete a los juninenses, al punto de haberlos invitado a defenderse estando preparados para matar si es necesario.

El agente del Registro Nacional de Armas en Junín (Renar) y dueño de la armería más famosa del distrito, Carlos Ceratto, generalizó sin rodeos: "La población está armada", aseguró.

Ese estado colectivo se gestó con la compra compulsiva que se dio en los últimos años, cuando los delitos coparon la escena con un salvajismo inusitado a cuestas para lo que hasta entonces era una mansa comarca del interior bonaerense. Y se preserva, en parangón con el sentimiento de vulnerabilidad que sigue invadiendo a cada ciudadano.

Poco importa que si en este momento hay mas demanda de armas de uso deportivo que de defensa. Al fin y al cabo no dejan de ser lo que su nombre indica: objetos con un gatillo preparado para destruir.

Ceratto estimó que en cada domicilio debe haber un arma, ya sea "porque les ha quedado del abuelo o la han comprado".

Con años de trayectoria y millones de charlas de ocasión con sus clientes, el comerciante explicó que el armamento guarda un valor afectivo, que incide muchísimo en que la gente para que decida quedarse con él, pero también hizo notorio que los índices delictivos siguen altos, dato que "explica la permanencia de estos aparatos en cada vivienda".

El armero afirmó que la cantidad total de armas en el ámbito local continúa en el orden de las treinta mil, sin inmutarse respecto del cálculo que se había efectuado hace cuatro años.

En parte eso puede justificarse observando que el decomiso impulsado por el Renar fue menor en los lugares donde no hubo recepción directa, a diferencia de grandes centros urbanos como Capital Federal, Mar del Plata o Córdoba. Pero la otra mitad y monedas de la explicación es que nadie se anima a desprenderse de un elemento que, en una instancia límite, lo puede dejar de este lado del mundo.

La importancia

de documentarse

Ceratto dijo que se nota una preocupación de los usuarios por los requisitos legales que implica portar un revolver. "La gente tomó conciencia de que para tener un elemento así tiene que hacer los papeles", expresó.

Sobre esa actitud destacó que se debe a un trabajo que ha hecho el Renar actual, entidad que en los últimos años cambió tres ministerios (pasó del de Defensa a Interior y de allí a Justicia) y que en el período que estamos viviendo "ha realizado mucha docencia e hincapié en la importancia del registro".

"Es así que además de las preguntas que al respecto se nos realizan, muchas personas vienen a documentar unidades que les quedaron de herencia, de sus abuelos, padres.

Eso no es traba para que la gente compre, porque el trámite no es difícil. A la hora de la adquisición se basa todo en la economía, la gente tiene otras prioridades y además la gran mayoría ya tiene un arma consigo", comentó.

El desarme voluntario

El Registro Nacional de Armas (Renar) puso de nuevo en vigencia la campaña de desarme voluntario, pero con boca de recepción sólo en la ciudad de Buenos Aires. Ello no quita que se puedan entregar armas desde cualquier punto del país.

"Hay que ir hasta la sede del organismo con el producto que se quiere vender –la entrega es anónima- y de acuerdo con el estado que presenta el artefacto, que debe estar en funcionamiento, se lo cotiza entre 100 y 450 pesos. De inmediato, el arma es conducida a una prensa para su destrucción", informó Carlos Ceratto, delegado del Renar en el partido de Junín.

Hasta ahora, en el marco de la segunda etapa del Plan Nacional de Desarme Voluntario que lleva adelante el Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos para promover el desarme de la sociedad civil, se destruyeron 31.423 armas de fuego (24.047 armas cortas y 7.376 armas largas).

El procedimiento tuvo lugar en una planta de procesamiento de chatarra ubicada en Ruta 12 Km 2,3 (2804), en la localidad de Campana, provincia de Buenos Aires. El material resultante de la destrucción será donado a la Fundación Garraham.

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