Junin - investigacion Una mirada profunda sobre el polémico Ferromed

Mientras la Justicia investiga el origen de la Clínica, distintos episodios llaman la atención de la policía.
El 14 de septiembre último, efectivos de bomberos y policías fueron convocados a trabajar con un motín de pacientes en Ferromed, la clínica psiquiátrica situada en Libertad y Sarmiento. Dos semanas antes, el 29 de julio, las fuerzas del orden también habían tenido que intervenir en un hecho parecido, que había desbordado a los empleados que trabajan en el lugar.

Las actuaciones de la policía en esa institución son periódicas, según cuentan vecinos y empleados de la empresa, pero son apenas una muestra de una serie de puntos que, por lo menos, llaman la atención de Ferromed.

Una venta que es investigada por la Justicia, ex empleados que denuncian peligrosos episodios protagonizados por pacientes y vecinos que dicen que las personas allí alojadas suelen escaparse, completan el corolario de hechos relacionados a una institución destinada a cuidar e intentar recuperar a los más marginados.

"Hospital hogar del padre Pío", dice el cartel que cubre el frente del imponente edificio que pertenece a Ferromed Junín SA desde 2000. Según informaron desde la empresa, en este momento hay alrededor de 30 menores varones y otras 17 mujeres alojadas en el lugar. Además, hay aproximadamente 25 mayores que participan voluntariamente de un tratamiento de adicciones.

Los menores alojados son pacientes duales, es decir, que, además de un trastorno psiquiátrico, tienen un problema de adicciones. Aunque algunos de ellos vienen por una iniciativa familiar, la mayoría llega por la disposición de un juzgado de menores.

"Son muy difíciles de tratar por la combinación de los dos problemas. Cumplimos una función importante", asegura Norberto Delgado, que está en nuestra ciudad desde hace dos años y es el apoderado de Ferromed Junín SA.

"Las intervenciones de la policía son para la seguridad de los chicos y de los que trabajan", justifica. "En el último motín hubo importantes destrozos y estamos arreglando las instalaciones", dice mientras muestra un papel con un listado de insumos.

En la clínica hay empleadas 40 personas entre los que hay profesionales de distintos rubros. La mayoría pertenece gremialmente a la Unión Ferroviaria a pesar de que, como señalan los empleados, deberían ser parte de la Asociación de Trabajadores de la Sanidad de la Argentina (ATSA).

A fin del mes pasado Miguel Mantino, titular del sindicato que nuclea a los trabajadores del ferrocarril, salió a quejarse públicamente por los retrasos en los pagos en la institución. "Con Ferromed pasa siempre lo mismo. Están hasta el 25 o 26 de cada mes para pagar. Además, los empleados que pertenecen al gremio siempre nos dicen que los chicos necesitan ropa y otras necesidades básicas", lanza Mantino.

Apoyo

"Tenemos el apoyo del Ministerio de Trabajo para ir adelante con nuestros reclamos. Es muy difícil para los empleados estar ahí", critica el dirigente gremial.

Delgado alega: "En las cuestiones políticas no me meto, pero es verdad que hubo algún retraso. Dependemos de la provincia de Buenos Aires, que a su vez está tardando por cuestiones económicas propias. Estamos trabajando para normalizar la situación de los trabajadores".

La cuestión edilicia también se mete en el medio. "Tenemos muchos gastos por un edificio al que siempre tenemos que hacerle refacciones. El sistema de salud en el país está colapsado", agrega Delgado.

¿Son las cuestiones relacionadas con la infraestructura o la falta de personal las que generan los desmanes de público conocimiento?

"Tenemos un predio grande que nos permite realizar actividades muy variadas. La cantidad de empleados es mayor al número que exigen desde el ministerio de Salud por el predio y lo hacemos para tener a los chicos lo mejor posible. Los menores están contenidos y los hechos que menciona son excepcionales: escapan a cualquier control", responde Delgado.

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