Julio Cobos es el mendocino del año

El vicepresidente fue elegido por Diario UNO como el personaje más destacado y gravitante de nuestra provincia.
Con Celso Jaque prácticamente no habla. Aun así, cree que está a tiempo de revertir el rumbo de su gobierno y le desea suerte.

Entrevistar al ex gobernador y ahora vicepresidente de la Nación, Julio César Cleto Cobos, en su hogar de la Sexta Sección resulta, siempre, una experiencia singular. Entre otras cosas porque Cobos, segundo en la escala de poder nacional, continúa siendo, no obstante, el de siempre: el hombre sencillo, campechano y hasta pachorriento que fuimos conociendo cuando acababa de dejar el rectorado de la UTN para sumarse, como ministro, al elenco de Roberto Iglesias.

Ahora bien, cuando habla de política nacional hoy concuerda, en un todo, con el ex presidente Eduardo Duhalde: no cree en un futuro pacto electoral entre radicales y peronistas, pero que sí deben sentarse a dialogar en torno a los temas centrales del país para cimentar políticas de Estado que trasciendan el próximo resultado en las urnas.

Cobos nos abre la puerta en persona, con un recibimiento "a lo Cleto". En el living está armado un pesebre muy básico sobre la mesa ratona, de esos que abundan en cualquier casa de barrio, junto a una Coca y unas porciones de pastafrola. Hay perros y gatos que se desparraman por los rincones. "¡Es que yo soy muy bichero! Recojo todo el tiempo bichos de la calle", comenta en plan de anfitrión.

Está sereno. De buen humor. Se acomoda en su sillón, flanqueado por un minino durmiente e inmutable. Y habla, ahora sí, como Mendocino del año.

–Ingeniero, esta casa la construyó usted, ¿verdad?

–Correcto. Lo mismo que mi oficina en el centro. He dejado muchas obras en Mendoza.

–¿Cuál es la que más lo enorgullece de su etapa civil?

–El colegio San Jorge. Lo hice trabajando contra reloj, en cuatro meses.

–¿Y de su período como gobernador, cuál es su obra preferida?

–El nudo de Costanera ha quedado muy lindo. También me gusta la doble vía de Luján a Ugarteche.

–Bien. Lo hemos vuelto a elegir como el Mendocino del año. ¿Es correcto?

–No sé... Tendrían que haber elegido a (Claudio) Burgos.

–Por el trasplante a Sandro, sí. Era uno de los candidatos. Otro en carpeta fue Mike Amigorena.

–Alguien del ambiente artístico. Está muy bien.

–¿Qué otros comprovincianos hay en este momento que, según usted, honren a Mendoza, la proyecten?

–Abel Albino y Robert Zaldívar, por su capacidad profesional y por la tarea solidaria que realizan. Nosotros en el Senado hemos tenido contacto con gente de escasos recursos que el instituto Zaldívar ha operado a costo nulo.

–¿Y del campo productivo?

–Pulenta, Bianchi, además de otros más acostumbrados como Cartellone o Groisman. También Zuccardi. Hay que saber mantenerse en momentos difíciles de la economía como éste y seguir creciendo.

–Uno de los motivos de nuestro reconocimiento es que usted fue el gran referente en las elecciones que el radicalismo mendocino ganó rotundamente en junio. ¿Qué valor le atribuye?

–Fue muy importante, porque no nos había ido muy bien en los comicios anteriores. Resultó fundamental que los radicales estuviéramos unidos. Y logramos reinstalarnos como primera fuerza.

–Fue una apuesta fuerte para usted…

–Y... decidí participar. Lo hice sólo en la campaña de Mendoza, del mismo modo que Reutemann lo hizo con Santa Fe. Dimos una mano, eso sí, en algunos otros distritos como Córdoba, Neuquén y Tucumán, donde no había un senador radical desde la década del ’40. Asumió José Cano, que tiene un gran futuro en nuestras filas.

–Otro de sus logros es haberse mantenido en un pico de popularidad desde el voto "no positivo" hasta hoy. ¿Cómo lo toma?

–Como un compromiso. No es sencillo mantener la confianza de la gente en la situación en la que estoy yo, como vice, en una relación conflictiva con la Presidenta. Es difícil encontrar los límites, porque uno transita permanentemente por la cornisa.

–Usted va por una cornisa demasiado resbaladiza. ¿Cómo hace para no desbarrancarse?

–Con sentido común, actuando razonablemente cuando se marcan las diferencias, como fue con el episodio del voto "no positivo".

–Desde aquel famoso voto, ¿cuántas veces lo llamó la presidenta Cristina Fernández?

–Ninguna.

–¿Y usted?

–Yo la llamé una semana después. Correspondía. Nos juntamos y le expliqué mi posición. Después fue cuando murió Alfonsín. Para informarla y para coordinar qué hacíamos. Y la saludé el 1 de mayo, en la Asamblea Legislativa.

–¿Néstor Kirchner tampoco lo llamó nunca?

–Tampoco. A él lo vi, del mismo modo, en el sepelio de Alfonsín.

–Este silencio casi absoluto entre una jefa de Estado con su vice es una anomalía institucional. ¿Qué le parece?

–Que no es bueno, porque el proyecto original era sumar espacios políticos distintos para diseñar una etapa nueva dentro de la política. Teníamos una visión federal de la Argentina. Pero, bueno, la realidad es otra. Aquello ha quedado trunco. Es una lástima que transitemos una etapa sin diálogo.

–Justamente eso es algo que la sociedad valora mucho en usted: la predisposición al diálogo.

–Sí. Afortunadamente la posición en la vicepresidencia me permite hallar caminos de diálogo entre las fuerzas políticas, tanto en el Senado como en Diputados, y con otros sectores de la vida nacional.

–Ya que Cristina y Néstor le cortaron la comunicación, ¿hay alguien dentro del Gobierno que le hable?

–He hablado, en algún momento, con Aníbal (Fernández). Pero hace ya como un mes y medio que no hacemos contacto. Tengo relación, sí, con (Victorio) Taccetti, quien, como vicecanciller, me suministra información sobre los países a los cuales voy de viaje.

–¿Y con los demás miembros del gabinete?

–Trato de no hablar con otros ministros, para no complicarlos (risas).

–En caso de ser candidato a presidente, ¿quién sería, hoy por hoy, su compañero de fórmula ideal?

–¡No! (vuelve a reír). Si llego a nombrar a alguien, resto a todos los demás. ¡Se me van a ir para otro lado!

–En su carrera electoral da la impresión de que el principal escollo que usted tiene por delante es, paradójicamente, el radicalismo.

–Usted los conoce bien... (ríe).

–Algo. Le están haciendo la vida imposible.

–Hay que dar la pelea.

–¿Cómo?

–Con la idea, siempre, de lo que hice en Mendoza: mediante un frente amplio, que tenga a la UCR como columna vertebral.

–¿Se imagina en la carrera presidencial por fuera del radicalismo?

–No.

–¿Por qué Lilita Carrió la fustiga sin contemplaciones?

–No lo sé. Tiene un problema, evidentemente. Yo no lo tengo con ella. Más allá de eso, cuenta con gente valiosa entre sus filas, con la que me llevo muy bien.

–Los radicales mendocinos están eufóricos porque ya se ven en el gobierno en 2011.

–No hay que dormirse en los laureles. Cada elección es diferente. Mire lo que me ocurrió cuando fui candidato. Arranqué 22 puntos por debajo de Amstutz. Nadie tiene la vaca atada. Deben saber que la elección pasada no es un cheque en blanco.

–Claro, pero, por sentirse favoritos, les surgen candidatos a la gobernación como hongos después de la lluvia.

–Eso es bueno. Quiere decir que tenemos un plantel valioso.

–¿Cómo va a solucionar la cosa? ¿Con el dedo de Dios?

Lo mejor sería un proceso de internas abiertas, como ocurrirá a nivel nacional. Hay que acordar un régimen electoral en la provincia. Cada uno de los posibles candidatos se tendrá que ganarse el apoyo por méritos propios.

–¿Tiene algún favorito entre Cornejo, Biffi, Giner, Jaliff, Mansur...?

–No, ninguno. También está Ernesto (Sanz).

–¿Sanz blanqueó su intención de postularse?

–A mí me dijo que no, porque tiene ganas de seguir colaborando en el Senado. Pero me parece que es otro de los buenos candidatos.

–En un mentidero local se deslizó que usted podría sacar un conejo de la galera: el ex ministro de Hacienda Enrique Vaquié.

–Está Vaquié. También, Gabriel Fidel. Mario Abed (intendente de Junín) tiene ganas. Y agrego a Laura Montero. Todos son buena gente.

–¿Qué tipo de diálogo tiene con Duhalde o con otros peronistas?

–Estamos hablando de cosas comunes, como las políticas de Estado, sobre temas que hacen al trazo grueso del país. Si el radicalismo y el peronismo se ponen de acuerdo sobre este tipo de asuntos, nos irá mejor en el futuro. Además, el peronismo es un actor indiscutible de nuestra realidad, ¿cómo no vamos a conversar?

–¿Pero puede terminar en algún tipo de alianza con un sector del PJ?

–No. Lo que hay que lograr es un acuerdo de gobernabilidad o de unidad nacional en torno a los grandes temas, como le decía recién. Acordar sobre la matriz energética, educación, vivienda. Debemos hacer hincapié en esto último porque hay un déficit estructural. El 30% de los argentinos tiene problemas. Es mucho.

–En un diario capitalino se especulaba, el domingo, con una eventual fórmula Cobos-Felipe Solá.

–No. Ya le dije, ¿cómo hacemos después para arreglarnos con el peronismo? Cada uno tiene su propia fuerza y sus propios bloques en el Congreso. Veo más cercano un acuerdo con el Frente Cívico.

–¿Lo tienta el gobernador santafesino, Hermes Binner?

–Binner puede ser un buen candidato a presidente.

–¿Qué otros buenos candidatos observa en el panorama general?

–A De Narváez. Sería un candidato interesante si logra sortear algunos impedimentos legales. También está Carrió.

–¿Va a ser candidata finalmente?

–Estoy convencido de que sí.

–¿Quién más?

–Macri, Kirchner, Duhalde, Reutemann…

–¿Lo ve compitiendo a Néstor?

–Sí, lo veo.

–¿Tiene información precisa o es sólo un pálpito?

–No poseo datos. Pero Kirchner tiene toda la intención de volver a competir por la presidencia.

–¿Cómo lo ve al gobernador Celso Jaque?

–Está tratando de asumir el resultado electoral recién ahora.

–¿Qué debería hacer para hallar el rumbo?

–Necesitaría más diálogo dentro del propio justicialismo. Está desechando el consejo de gente importante como (Adolfo) Bermejo o (Omar) Félix, que tienen una valiosa experiencia de gestión. Para poder ayudar a los demás hay que dejarse ayudar. Por otra parte, debería establecer un mejor diálogo con la oposición a través de todos sus ministros y no canalizarlo sólo a través de (Alejandro) Cazabán.

–¿Está a tiempo?

–Lo está. Se halla en un punto de inflexión. Ojalá tenga suerte y le vaya bien.

–Usted que mantiene inalterable su romance con la opinión pública, ¿qué consejo le daría al gobernador para que recupere el afecto popular?

–Eso es lo más difícil que tiene para encaminar. Le va a costar recuperar la credibilidad de la gente. Pero dispone de un buen ejemplo en la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, que tuvo un muy mal comienzo y luego, con humildad, con sinceridad, fue recomponiendo la relación. Lo que le aconsejo a Jaque es que actúe con sinceridad.

–Desde el kirchnerismo lo castigan feo y sin pausa. ¿Por qué?

Porque el que piensa distinto no encuentra mucha aceptación. Fíjese que pasa lo mismo con los ministros que se van del Gobierno nacional. Cuando yo era gobernador la situación era otra.

–Es que usted en ese momento no era el enemigo jurado.

–Claro. Pero ya en aquellos tiempos planteamos varias diferencias: no estuvimos de acuerdo con los superpoderes, con el Consejo de la Magistratura, con los números del INDEC. Ahora cambió la cosa, es cierto. Qué sé yo, me verán como un competidor.

–O como un traidor.

–Eso se intentó instalar al principio. No fue un acto de traición, porque yo avisé cómo iba a votar. Y propuse caminos alternativos, como un cuarto intermedio. Era un momento muy difícil y la decisión que adopté era, según mi punto de vista, la mejor para pacificar el país. Y ellos lo saben. Lo que pasa es que no lo dicen.

–¿Qué es lo que valora la ciudadanía del "estilo Cleto"?

–Valora que pueda haber alguien, dentro de la política, que reaccione o piense como uno.

–¿Cómo se gana el cariño de la gente?

–Con compromiso, diciendo la verdad, sin mentir. La gente valora más un "no" sincero que un "sí" que no se puede cumplir. Y viviendo como las personas normales. Hay que entender que lo nuestro es una carga pública.

–¿Quién le gusta del elenco gubernamental del kirchnerismo?

–Ahí está colaborando Beatriz Nofal, una funcionaria de lujo. (Amado) Boudou trata de hacer las cosas bien en Economía, aunque está perdiendo la batalla del INDEC.

–¿Y a quién rescata del elenco de Jaque?

–(Carlos) Ciurca le ha puesto el pecho a las balas. Lo veo bien a (Raúl) Mercau. ¡El Petiso es un pícaro! (ríe). Lo respeto mucho porque tiene un concepto claro de la economía. También destaco las buenas intenciones políticas de (Mario) Adaro y su diálogo fluido con los distintos sectores.

–¿Qué fue para usted, en su vida, haber llegado a la vicepresidencia?

–Algo inimaginable. Lo mismo pensé cuando llegué a la gobernación, porque yo no había hecho mucha carrera política.

–Tome una copa imaginaria, vicepresidente, y diríjales un mensaje de fin de año a los argentinos y a los mendocinos.

–Después de un año duro, se abre un futuro de esperanza y anhelo, donde los ciudadanos deben ser actores principales, sobre todo en lo que hace a la recuperación de valores. Quiero rescatar el sentido de la cultura del trabajo que hemos sabido labrar los mendocinos. Mi deseo es que vivamos en paz y con respeto en un país tolerante y republicano.

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