Los juicios (segunda parte)

En su libro "El mal y los malditos de la historia", el periodista y escritor Marcelo Moreno sostiene: "Stalin tardó más de dos años en desembarazarse de toda la aristocracia administrativa y militar de la sociedad soviética, desde 1936 a 1938".
Asimismo, en este imprescindible texto sobre el mal, Moreno revela que Stalin persuadió al gobierno nazi para que fabricase pruebas falsas de la existencia de contratos secretos entre el mariscal Tujachevski, comandante del ejército soviético, y los generales de Hitler; las pruebas falsas fueron elaboradas por la Gestapo.

Este esquema del Gulag soviético aplica en Mar del Plata la conjunción Falcone/Portela/Parra/Adler, bajo la supuesta búsqueda de la verdad. Una verdad de objetivos concretos: transformar al otro por medio de la mentira y el engaño en un culpable ideal, ese que apesta y al cual hasta los suyos rechazan o señalan como "el culpable" de la situación que sufre.

Relata Moreno: "el menosprecio al hombre como tal es lo que lleva a las organizaciones del mal a experimentar con el individuo para cambiarlo sometiéndolo (…) una y otra vez Eichmann hablaba de ‘kadavergehorsam’, cuya traducción sería algo así como "la obediencia de un cadáver". A esa condición quisieron reducir a Eduardo Cincotta encerrándolo en la Unidad Penal 44 de Batán. Al momento de la detención, el fiscal Daniel Adler -émulo de Andréi Vyshinsi, el fiscal de los juicios-farsa de Moscú-, según una fuente que me resulta sumamente confiable, le hizo llegar una oferta al abogado sometido a prisión. Esa fuente afirma que el propio Cincotta le reveló que Adler le había ofrecido la inmediata libertad si entregaba a Gustavo Demarchi, a como diera lugar. La oferta fue enviada en dos ocasiones más a través del yerno del juez Portela, Néstor Lascano; las visitas, un tanto extrañas dada la poca proximidad de visitado y visitante, han sido ya referidas por este medio.

Es que estas detenciones son parte de una farsa instrumentada con objetivos de venganza personal. Los partícipes necesarios son Susana Salerno, ex senadora provincial que, sometida a proceso penal en los ’90, fue defendida por Daniel Adler -siendo éste defensor oficial- y el propio Adler, que habiendo utilizado el ministerio público para defender a un político (Salerno) que tenía ingresos probados por más de veinte mil pesos/dólares, fue denunciado precisamente por Demarchi.

No puede afectar ignorar Adler que su "pieza encarcelatoria" (sic) fue elaborada en base al testimonio de Carlos Bozzi, sobreviviente de la "Noche de las corbatas", cuyo testimonio fue refutado en el mismo expediente por el periodista y ex director de los diarios La Capital y El Atlántico Oscar "Coqui" Gastiarena. Los dichos de Gastiarena exculpaban a Cincotta de toda relación con los crímenes cometidos en dicha ocasión, así como explicaron su presencia en la madrugada en que el Ejército presentó su falsa recreación de un enfrentamiento entre Montoneros y un retén del GADA 601. Pero toda esa evidencia fue ignorada.

La construcción de un espacio para lograr la condena social es un dato establecido desde antes del inicio de estos Juicios por la Verdad, tal como me fuera citado personalmente por el abogado Alberto Dalmasso, ex miembro de la CNU al cual Mirta Clara, testificante ante el Tribunal Oral, sindicó como partícipe del allanamiento de la casa de su padre, en septiembre de 1976, junto a Fernando Delgado, hoy prófugo. Sin embargo, muy curiosamente, el tribunal no profundiza sobre la cuestión en relación a la persona de Dalmasso, y sí lo ha hecho en relación al fallecido Cincotta y a Demarchi, sin pruebas y sólo forzando interpretaciones que utiliza en el plano de la acción persecutoria criminosa el fiscal federal de Cámaras Adler.

Cierra Moreno en su libro: "la victoria del mal no sería otra cosa que la abolición de la historia, la brusca caída en el olvido y su brutal reemplazo por la tristeza y la monotonía imbécil de las tinieblas". Sea dicho.

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