Los juicios

La construcción del estado de derecho es un esfuerzo que trasciende las generaciones. En 1983 y como consecuencia de la derrota militar y política en la guerra de Malvinas, la sociedad argentina arribó al estadio de comprensión cultural de la plausibilidad de vivir en democracia.
Como toda construcción cultural nueva, la argamasa que une los ladrillos del nuevo estadio se hace, como decía el general y ex presidente de la Nación Julio Argentino Roca, mezclando bosta y barro. No es sencillo construir un andar, un decir democrático, y eso se advierte a diario.

En nuestra ciudad, el capítulo local del llamado Juicio por la Verdad devino en una auténtica parodia persecutoria con objetivo concreto. El proceder del tribunal integrado por los jueces Roberto Atilio Falcone, Mario Portela y Néstor Parra derivó en un proceso vinculado ideológicamente a los juicios de Moscú, el instrumento criminal utilizado por Stalin para eliminar a la oposición real o imaginaria a su reinado sobre el soviet.

El actor por definición de los juicios de Moscú fue el fiscal Andréi Vyshinsi, quien ocupara desde 1935 la Fiscalía General de la URSS, y en ese cargo tuvo el rol acusatorio en los Procesos de Moscú entre los años 1936 y 1938. En estos trámites se caracterizó por fustigar a los indefensos acusados vituperándolos, a veces con una cruel e ingeniosa retórica. Estableció asimismo las bases legales para los juicios por traición. Uno de los principios de la teoría de Vyshinsi es que la ley criminal es una herramienta de la lucha de clases. Su inspiración fue Roland Freisler, presidente del Tribunal Popular en la Alemania de Hitler.

¿Quién fue Roland Freisler? Abogado, político nazi y presidente del Tribunal Popular o Corte del Pueblo de la Alemania nazi, fue uno de los más temidos e implacables jueces del nazismo. Escenificaba farsas judiciales, y su manera grosera y humillante de dirigirse a los encausados y la prohibición de usar cinturones (a fin de que se les cayeran los pantalones y ridiculizarlos) ocasionó que hasta los mismos nazis del entorno de Hitler lo rechazaran.

Precisamente este rol lo cumple hoy en el Poder Judicial Federal de Mar del Plata el fiscal federal de Cámaras Daniel Adler, impetrador de las acusaciones que llevaron a Eduardo Cincotta a prisión sólo por las mendaces declaraciones del único sobreviviente de "la Noche de las corbatas", Carlos Bozzi. Cabe aquí consignar que Bozzi había señalado ante el tribunal que Cincotta estaba presente al momento de su "liberación", hecho que el Ejército armó para cubrir sus huellas frente a la presión que mantenían el Colegio de Abogados marplatense -entonces valientemente presidido por Reyneiro Marcelino Bernal- y el diario El Atlántico.

Sobre la base del recuerdo de un sobreviviente que 28 años después describe con asombrosa precisión la presencia de un individuo determinado en un momento de total impacto, es que Cincotta fue encarcelado en Batán. Ingresó, según los peritos médicos de la Corte, en "excelente estado de salud". Sin embargo, a un año de su detención, un cáncer masivo terminó con su vida. Esa situación terminal de salud fue evidentemente provocada por el confinamiento previo a su juicio. Encierro que se mantuvo, pese a todas las consideraciones constitucionales y procesales, por la pertinacia de Adler en mantenerlo cautivo.

Nuestro Vyshinsi/Freisler local está dispuesto a todo por cumplir con la manda de Roberto Atilio Falcone: si no van presos, al menos que queden socialmente exterminados, ha dicho por allí un actor principal de estas intrigas que están perturbando tantas vidas y carreras.

Las acciones que ha promocionado en estas semanas el diario La Capital en contra del abogado Gustavo Demarchi siguen la misma matriz soviético-nazi: la construcción perversa y criminosa de delitos inexistentes presentados como un conjunto de acciones de cargo en las que el inculpado es culpable hasta que demuestre lo contrario. O se muera de cáncer en prisión, lo que suceda primero.

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