Una jugada para salir de la encerrona

Por: Eduardo van der Kooy

Nunca Mauricio Macri habrá imaginado, cuando desdobló las elecciones en la Capital, el favor político que le estaba dispensando a Cristina y Néstor Kirchner.

¿Por qué un favor?. Porque aquella decisión le franqueó al matrimonio una pequeña puerta de escape del laberinto en que los venía colocando la realidad. Fue la excusa casi perfecta que encontró para consumar una idea que venía repiqueteando en la cabeza del ex presidente pero a la cual nunca alcanzaba a darle forma. Un anticipo electoral como el resuelto ayer, sin los antecedentes de Macri e, incluso, de Hermes Binner en Santa Fe, hubiera podido ser interpretado, únicamente, como un gesto de desesperación.

Una buena cuota de desesperación, sin dudas, existe. Pero los argumentos oficiales, de esta manera, pudieron ser disfrazados con otro ropaje político. Cristina dijo como justificación que sería "suicida" para el país dedicar tantos meses a una campaña electoral en medio de la debacle del mundo.

También las críticas disparadas por un sector de la oposición --la Coalición Cívica y el radicalismo-- deberían pasar inevitablemente por un filtro. Desde los dos bandos --también Macri-- calificaron el viraje de los Kirchner como señal de debilidad.

Quizás no les falte razón. Pero para poner en equilibrio el fiel de la balanza sería atinado interrogar: ¿No fue también una debilidad el desdoblamiento de Macri?. ¿No buscó evitar los supuestos efectos adversos la elección legislativa nacional en su Gobierno? ¿No fue una debilidad acaso la renuencia de Gabriela Michetti a competir en Capital con Elisa Carrió?. ¿No lo fue además el desdoblamiento de Hermes Binner en Santa Fe para evitar cruzarse con Carlos Reutemann?.

Las debilidades de los Kirchner no son sólo políticas, como podría sucederle a algunos de sus adversarios. Esas debilidades son múltiples. La mayor: los efectos de la crisis financiera y económica internacional está empezando a hacer estragos en la Argentina.

Con mucha demora el matrimonio ha mutado su mensaje público. Cristina repite que el mundo "se cae a pedazos" y ni siquiera menciona algún supuesto paraíso argentino, como acostumbraba semanas atrás.

La persistencia de la crisis internacional permite suponer también que el peor tramo de las secuelas podrían vivirse en la Argentina en el segundo semestre de este año. Octubre ocupa ese lugar indisimulado en el calendario. Junio está en las fronteras.

Colgado de esa compleja realidad está el conflicto con el campo. El Gobierno asoma ahora en condiciones económicas de concederle a la Mesa de Enlace mucho menos que el año pasado. Sus últimas concesiones en torno a la carne, trigo y leche, responderían, sobre todo, a su fragilidad política y a la urgencia por no acentuar el mal humor popular de cara al desafío electoral.

Los Kirchner saben que ciertas concesiones al campo deberán continuar aunque no alcancen para solucionar el problema. Esas concesiones, sin embargo, tienen la urgencia de tratar de eludir cualquier impacto sobre el menguante superávit fiscal.

La pulseada con el campo tampoco podrá tener la misma intensidad. De hecho, las protestas del jueves de los productores a la vera de las rutas exhibieron un potencial menor que las del año pasado. La campaña electoral anticipada terminaría por enredar el conflicto. Veamos: la oposición pensaba el jueves forzar un debate en Diputados sobre las retenciones; la oposición ha quedado enfrascada, como todo el arco político, en la discusión sobre la nueva iniciativa electoral del Gobierno.

Otra amenaza a los Kirchner se agazapaba en el plisado del propio peronismo. La deserción de Reutemann fue un alerta estruendoso. La alternativa prometida por Felipe Solá y Francisco de Narváez en Buenos Aires otro llamado de atención. Los corcoveos en el peronismo bonaerense no han cesado: el ex presidente no podía tolerar ninguna pérdida mas en la que considera su fortaleza electoral. Esas pérdidas parecían factibles con la prolongada travesía que mediaba hasta octubre. ¿Ocurrirán estando ahora la votación a poco mas de 90 días de distancia?.

Kirchner venía preocupado por cada una de aquellas acechanzas. Pero creía, con una autoestima sin mesura, que su figura política podía ayudar a ordenar buena parte de esa realidad. Su figura política fue rudamente deshojada en la elección de Catamarca del domingo pasado.

Ese golpe tal vez, luego de una reacción inicial desorbitada, lo haya inducido a recapacitar. También a recoger del arcón un plan que de modo informal había conversado con Alberto Fernández, el ex jefe de Gabinete, y con Rafael Bielsa, el ex canciller. Frente a ambos había deslizado hace menos de un mes: "Si Macri desdobla, le clavo la elección nacional con la porteña". Macri desdobló esta semana.

Kirchner hubiera preferido un escenario mas pomposo para el anuncio que ayer desde Chubut debió improvisar Cristina. Algún rumor perforó las paredes de Olivos luego que el ex presidente y su mujer juntaron a un nutrido e inusual grupo de funcionarios para bajar la orden. Ese grupo creyó, como ellos, haberle encontrado solución a un dilema político tan serio.

Se verá si es, en efecto, una solución. Por ahora los Kirchner solo parecen haber acercado el tiempo del presente.

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