La jugada de los camaristas: "Que paguen ellos el costo de mentir"

Por: Julio Blanck

La persona que lo contó habla a diario con los miembros de la Cámara Nacional Electoral, que debe resolver si son válidas las candidaturas de Daniel Scioli y Sergio Massa. Y jura que uno de los camaristas dijo: "Si quieren seguir con este juego, que paguen ellos el costo de mentir".

En lenguaje de la política y no del Derecho: los camaristas no quieren quedar pegados a la convalidación sin más de las candidaturas testimoniales, como estiman que quedó el juez federal Manuel Blanco, de La Plata, que le dio luz verde a esa tramoya electoral del kirchnerismo sin siquiera pedir la opinión de los involucrados.

Tampoco es del todo exacta la calificación de tramoya para esta maniobra. En su tercera acepción, según la Real Academia Española, tramoya es el "enredo dispuesto con ingenio, disimulo y maña". Las candidaturas testimoniales pueden ser un recurso ingenioso y llevado a cabo con astucia. Pero no tiene nada de disimulado. Quizá resulte eficaz, pero es escandalosamente burdo. Y eso espanta a los camaristas, preocupados por dejar a salvo su jerarquía institucional porque la vida sigue después de la elección del 28 de junio.

Ese es el sentido último de la exigencia para que Scioli y Massa mantengan, aún en la ambigüedad formal que permite el Derecho, la ficción de que están dispuestos a asumir como diputados, dejando sus cargos de gobernador y jefe de Gabinete.

Si ese limbo era despejado en el sentido de las verdaderas intenciones, esto es que se admitiera que las "testimoniales" están pensadas sólo para juntar votos y no para ocupar los cargos que se eligen, la Cámara estaba dispuesta a rechazar las candidaturas.

Scioli y Massa, y los titiriteros legales del kirchnerismo, jamás hubieran cometido semejante acto de sinceridad. Quizá pretendían aplicar la política del hecho consumado. Con el juez Blanco no les había ido mal. Pero la Cámara, por vías informales, le hizo saber a Néstor Kirchner que el silencio frente a las impugnaciones de la oposición eran pasaporte seguro a "un futuro muy negro" para esas candidaturas, según palabras de un camarista a los emisarios de un ministerio. Otro ministro, que trató de hablar personalmente con uno de los jueces, se quedó con la palabra en la boca.

Los camaristas habían pensado intimar a Scioli y Massa a presentarse y definir su situación. Ese solo trámite ya hubiese significado un hecho político relevante en plena campaña.

Eso explica la carilla y media, añadida a la presentación del apoderado kirchnerista Jorge Landau, que Scioli y Massa firmaron de puño y letra, en la que expresan que la "voluntad de postulación" que implicó la aceptación de sus candidaturas se continúa en la decisión de hacer campaña para pedir el voto de los bonaerenses y "eventualmente la asunción del cargo para el que hemos sido propuestos".

Aun con ese texto resbaladizo, redactado por un abogado que sabe lo que hace, la jugada preventiva de Scioli y Massa podría ser suficiente para que la Cámara Electoral avale sus candidaturas. Los camaristas tampoco pretenden inmolarse para resolver un conflicto que es más político que jurídico. Ese carácter fue hábilmente reforzado en la presentación de Scioli y Massa, quienes aludieron a la "naturaleza proscriptiva" de la impugnación a sus candidaturas, y al fuerte componente mediático de este embrollo.

"¿Qué más podemos pedirles?", decía anoche una fuente del tribunal que integran Alberto Dalla Vía, Santiago Corcuera y Rodolfo Munné. Ninguno de ellos cree que Scioli y Massa estén pensando en asumir como diputados. Pero la cuestión no es lo que ellos crean, sino lo que la ley pueda probar. Y para eso no tienen más elementos que los dichos de los involucrados.

"Sería imposible estar pidiéndoles una ratificación cada 48 horas. Lo que importa es lo que dijeron hoy. Los hechos futuros están siempre sujetos a impredecibles", sostuvo uno de los camaristas, durante las primeras aproximaciones al fallo que deben emitir antes que concluya esta semana.

Ese razonamiento sería la base de una aceptación de las candidaturas testimoniales, por ausencia de pruebas concretas sobre su falso propósito. Pero otro de los camaristas estaría menos propenso a dar por cerrado el asunto con la validación rápida que espera el kirchnerismo.

¿Se aproxima un fallo dividido? Los que conocen el paño aseguran que a la Cámara Electoral le han gustado siempre las resoluciones por unanimidad, que dan más contundencia a fallos que por su naturaleza impregnan la escena política.

"Sabíamos que esto iba a ser difícil, y vamos a discutir", se sinceró otra fuente. Es que cuando Kirchner mueve el piso, nadie queda a salvo del zarandeo.

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