Jugada de alto riesgo

Guiado por las encuestas que indican que el kirchnerismo perdería la mayoría en el Congreso nacional y por la realidad de que los K resolvieron armar su propia lista en Córdoba, el gobernador Juan Schiaretti decidió salir a hablar de poskirchnerismo, antes del veredicto de las urnas del 28 de junio.

El mandatario provincial busca un lugar en el sector anti-K en la interna peronista nacional, que integran, entre otros, el santafesino Carlos Reutemann y el entrerriano Jorge Busti.

En su afán de diferenciarse de los Kirchner para sumarles votos a las boletas de Unión por Córdoba, Schiaretti urdió una jugada de alto riesgo político: instalar el poskirchnerismo, cuando aún nadie se atreve a decir que los Kirchner no tendrán influencia en el futuro del PJ y en el escenario nacional.

Pero, además, hay otra cuestión que alimenta los riesgos de esta movida. Según indican la mayoría de las encuestas, el gobernador no tiene la seguridad de que sus candidatos hagan una gran elección en Córdoba. Es más, hasta en el propio búnker de Eduardo Mondino admiten que se conforman con ser segundos.

También existe una circunstancia fundamental que lo separa al gobernador cordobés de sus otros aliados en esta cruzada anti-K: a diferencia de Reutemann y Busti, Schiaretti deberá gobernar los próximos dos años y medio una provincia endeudada y dependiente de la Nación. Es lo mismo que decir atada al humor de los Kirchner.

En este contexto, Schiaretti juega fuerte en la campaña y apuesta a que los K queden debilitados para negociar. Aunque en el propio PJ cordobés no se animan a pronosticar que el gobernador salga fortalecido en las urnas.

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