Una jueza que desafía al poder

Por: Paz Rodríguez Niell.

La jueza que ayer inmovilizó las reservas del Banco Central y restituyó a Martín Redrado al frente de esa entidad tiene varios antecedentes de fallos adversos al Gobierno.

María José Sarmiento fue quien ordenó levantar el corte en el puente de Gualeguaychú a pedido de un ciudadano que reclamaba cruzar y quien dispuso que Felisa Miceli diera explicaciones al Senado, cuando aún era ministra de Economía, por un pago multimillonario -y presuntamente irregular- al Grupo Greco.

Ella fue, además, la magistrada que hace tres semanas suspendió el concurso judicial que más interesa al kirchnerismo: el destinado a designar a cuatro jueces del fuero federal porteño, donde se investigan las principales causas de corrupción. Pese a las sospechas de trampas, el oficialismo pretendía apurar el trámite para designar a los nuevos magistrados cuanto antes. Sarmiento hizo lugar a un amparo de un aspirante y paralizó el concurso.

Pero sus fallos no sólo disgustan a este Gobierno. En 1997, en los últimos años de la gestión de Carlos Menem, ella fue uno de los jueces que dictaron medidas de no innovar respecto del rebalanceo de las tarifas telefónicas.

De 53 años y una larga carrera en Tribunales, Sarmiento fue elegida dos veces como la mejor jueza del fuero contencioso administrativo. En 2003 fue premiada por el Colegio de Abogados de la Ciudad y en 2004, por el Foro de Estudios sobre la Administración de Justicia (Fores).

Esos fueron, justamente, años difíciles para su juzgado, invadido por miles de causas contra el Estado como consecuencia del corralito financiero. En aquellos casos ella declaró inconstitucionales los decretos que inmovilizaron los depósitos y dispusieron reprogramaciones sucesivas, y ordenó la devolución de los fondos, en forma íntegra y en la moneda de origen.

En ese entonces, a los cerca de 8000 expedientes que ya tenía su tribunal se sumaron 17 secretarías con más de 500 causas cada una. Según Sarmiento, la clave para haber sobrevivido con éxito a ese aluvión fue su equipo. "No hace falta matarse. No nos quedamos después de hora ni los fines de semana: trabajamos todos mucho, a la par, desde antes de las 8 hasta las 4 de la tarde. El fin de semana es para mis hijas", explicaba la jueza.

Sarmiento entró en el Poder Judicial en 1977, tres años antes de recibirse de abogada en la Universidad Católica Argentina, sede de su vida académica, primero como alumna y después como profesora de derecho civil. Su trayectoria judicial fue toda en el fuero contencioso. Fue escribiente, relatora y prosecretaria, hasta que, en 1991, Menem firmó el decreto que la designó al frente del juzgado 11, cargo que ocupa hasta hoy.

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