El juez que recibirá las causas por el BCRA perdió una pelea con la Rosada hace un mes

A partir de la semana próxima, todas las miradas estarán puestas sobre Ernesto Marinelli; el Poder Ejecutivo había nombrado camarista a un magistrado cuyo concurso había sido anulado por la Justicia a partir de un pedido suyo
Ernesto Marinelli, el juez que desde el lunes tendrá en sus manos las dos causas de mayor voltaje político de los últimos tiempos arrastra una historia de enfrentamientos con el Gobierno.

En diciembre pasado, perdió una disputa crucial con el Poder Ejecutivo, que nombró camarista a Guillermo Treacy, un magistrado cuyo concurso había sido anulado por la Justicia "por arbitrario" a partir de un pedido de Marinelli, que también había competido para quedarse con el cargo.

En aquel momento, LA NACION dio cuenta de que, pese a que la Cámara Federal le había dado la razón a Marinelli y aceptado su pedido de nulidad del concurso, el Consejo de la Magistratura apeló ante la Corte y permitió que el proceso para designar a Treacy siguiera adelante. Finalmente, al filo del fin de las sesiones ordinarias, el Senado aprobó el pliego y convirtió a Treacy en juez de la Sala V de la Cámara en lo Contencioso Administrativo.

Cuando Marinelli se presentó al examen para cubrir la vacante en el tribunal salió con un puntaje de 2 sobre 10 y serias objeciones a la corrección. Reclamó entonces ante el jurado y el plenario del Consejo de la Magistratura, pero lo rechazaron. Así que apeló a la Justicia. Le fue mal en primera instancia porque el juez reafirmó que las decisiones del plenario del Consejo son "irrecurribles". Pero su suerte cambió tras apelar.

Con la firma de dos camaristas, Néstor Buján y Pedro Coviello, la Sala I de esa misma Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal anuló la actuación del Consejo y ordenó que la causa volviera a la Magistratura "a fin de que se evalúe nuevamente el examen escrito". Pero eso no ocurrió. Por el contrario, el proceso de selección se aceleró.

El fallo de la Cámara fue el 25 de agosto. Dos semanas después, el 7 de septiembre, el Poder Ejecutivo envió al Senado el pliego de quien resultó ganador, Guillermo Treacy, y cuatro días después, el 11, el Consejo presentó su recurso ante la Corte Suprema con "efecto suspensivo" sobre el fallo de la Cámara. Así, el Senado prestó su acuerdo al pliego sobre tablas el 2 de diciembre, mientras que dos días después el expediente judicial recaló en la Secretaría 4 del máximo tribunal. Allí continúa hasta hoy.

La historia que alcanza a Marinelli y Treacy es más profunda. La controversia deja en evidencia una disputa solapada entre distintos grupos por controlar el fuero Contencioso Administrativo Federal.

Más derrotas. Con 16 años como juez de primera instancia, Marinelli ya participó y terminó primero en otro concurso, el 39, también para la Cámara Contencioso Administrativo Federal. La terna se envió al Ejecutivo en agosto de 2005, y en noviembre de 2006 registró la inclusión del cuarto en el orden de mérito, Jorge Alemany, por la renuncia del segundo, el procurador del Tesoro Osvaldo Guglielmino. Aun así, sólo en agosto de 2007, transcurridos dos años desde el envío de la terna original, Néstor Kirchner escogió a Alemany.

El segundo traspié de Marinelli ocurrió en otro concurso para camarista del fuero Contencioso, el 190. Denunció que uno de los miembros del jurado, Sergio Fernández, era amigo de uno de los postulantes, Luis María Márquez, desde hacía 30 años, y que, por lo tanto, debía excusarse de intervenir.

Sin embargo, Fernández negó dos veces esa amistad y continuó como jurado del concurso, del que Marinelli optó por bajarse. Meses después, Márquez emergió como uno de los seleccionados y comparte ahora la Cámara con su amigo y examinador.

A partir de la semana próxima, todas las miradas estarán puestas sobre Marinelli. La jueza María José Sarmiento terminará su turno y él quedará a cargo. En sus manos tendrá las próximas decisiones sobre la validez de los decretos de necesidad y urgencia con los que la presidenta Cristina Kirchner ordenó usar US$ 6500 de las reservas del Banco Central para pagar la deuda pública que vence este año y destituir a Martín Redrado de la presidencia de la entidad. Todo un desafío nuevo para un hombre que conoce bien los rigores del poder kirchnerista.

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