Juez Faggionatto: la tradición trucha y la trampa que falló.

Por: Julio Blanck.

Si se escudriña por debajo de los datos sobre intención de voto, que es la superficie más obvia de las encuestas preelectorales, pueden encontrarse algunas cosas de lo más interesantes.

Por ejemplo, al menos dos consultoras midieron el impacto de la citación del juez Federico Faggionato Márquez a Francisco De Narváez en plena campaña, por los llamados telefónicos que desde el celular de uno de sus muchos empleados se hizo, hace tres años, al llamado "rey de la efedrina". A esa citación le siguieron días de intenso bombardeo por parte de Néstor Kirchner y sus muchachos, reclamando que el opositor tatuado se presente en los tribunales. Suponían que esas descargas ayudarían a pasar a De Narváez por la piedra esmeril hasta dejarlo finito y desvalido.

Kirchner, que tiene olfato político aunque muchas veces parece que se olvida dónde lo dejó, percibió enseguida que la jugada, más bien burda, beneficiaba más de lo que perjudicaba a su adversario. El hombre de la furia fácil tenía razón: según las dos encuestas aludidas, el único que ganó con la jugarreta fue De Narváez. Lo que no deja de ser curioso, porque las llamadas al "rey de la efedrina" existieron y si alguien tiene que explicar algo es él, y todavía no lo hizo.

La encuestadora Isonomía preguntó si a partir de la citación de Faggionatto, "usted está más o menos dispuesto a votar por Néstor Kirchner". El 67,7% dijo estar menos dispuesto. Preguntó después si "usted cree verdaderas las acusaciones hechas a De Narváez". El 54,9% respondió que las creía falsas.

Otra consultora, Management & Fit, preguntó a 1.500 bonaerenses si "usted cree que la citación del juez Faggionatto es una maniobra política o un acto independiente de la Justicia". El 61,2% dijo maniobra política. Y cuando preguntó si la citación del juez "perjudica o beneficia" a De Narváez, el 60,7% dijo que lo beneficiaba.

Más allá de la imparcialidad y rigor científico de los sondeos que se distribuyen en tiempos electorales, Kirchner confirmó por anticipado estas mediciones cuando impuso silencio absoluto sobre el tema, después de tres días de dicharacho continuo.

De Narváez salió de la trampa para osos que le armaron. Quizás porque atraviesa el estado de gracia con que todo político sueña, y logra que le resbalen los temas que a otros se les pegotean fieramente. Mirando ejemplos recientes, sería bueno que no confiara en que siempre lo acompañará la buena estrella.

El que quedó complicado por mérito propio es el juez Faggionatto, un señor que acumula la bonita montaña de tres docenas de pedidos de juicio político. Y al que se acusa, entre otras lindezas, de quedarse con la cosecha de soja de un campo en litigio que estaba bajo su tutela, o de usar para fines privadísimos una avioneta incautada en un procedimiento.

En fin, que cuando oyen el apellido Faggionatto en la Corte Suprema se agarran la cabeza y sueltan rayos y centellas hacia el comisariato político que el kirchnerismo ejerce en el Consejo de la Magistratura, impidiendo que avancen los casos contra Su Señoría, que sabe bien cómo devolver favores.

Aunque no habría que ensañarse con Faggionatto, porque esa estrategia de usar una causa como refugio atómico para preservar la silla y quién te dice la libertad, ha sido empleada por unos cuántos jueces en los últimos lustros. Los de la servilleta, ícono de la década menemista, ni qué hablar. Pero algunos hicieron de las suyas en tiempos de la Alianza. Y después para qué te voy a contar.

Hubo una jueza que viajó a Europa porque debía investigar una causa sensible para el gobierno de Menem. El ministro del área, en aquella época, admitió sin pudor que la magistrada había ido a buscar información para que el entonces Presidente supiera a qué atenerse.

Otro juez, también viajero a Europa por una causa de altísimo impacto, bajó del avión y se fue derecho a Olivos a informarle a Menem lo que pasaba. Después, inteligentes funcionarios monitorearon y orientaron su trabajo. ¿La independencia de los poderes? Bien, gracias.

Un juez andaba en autos deportivos alemanes y vivía entre caballos de raza. Agarró un caso que le disparaba de lleno a Menem: se hizo intocable, antes y después del menemismo.

Otros se escondieron hábilmente detrás de causas sobre derechos humanos o sonoros casos de corrupción. Desde entonces nadie los molestó.

Así que Faggionatto no es sino el heredero de una rica tradición de truchadas judiciales. Y cualquier parecido entre el menemismo y estos tiempos que vivimos es pura coincidencia.

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