El juego de los senadores

Ninguno de los candidatos peronistas oficiales puede mostrar a su candidato nacional, porque caen en las ponderaciones. Silly y Mario buscan la resurrección hacia 2011.
Pero De Narváez, este domingo, vino y se mostró más cerca de Julián Abad: ¿es cierta, entonces, la estrategia del corte consensuado, buscando acuerdos con Cladera y Miguel Santellán? No se sabe si Silly lo aceptará. La tracción nacional y la local.

¿Cuándo empieza la campaña? Es decir, cuándo habrá algo más que los candidatos sonrientes, la declamación sobre la República de un lado y la supuesta gestión nacional y popular por el otro. Es probable que eso nunca llegue, y que la elección, dentro de 15 días, pase sin que se sepa qué se votó, ni para qué, más allá de las adhesiones a imágenes, discursos, palabras o gestos.

Es cierto que en varios casos los electores votarán ideas, naturalmente. Pero la inexistencia de una campaña real está indicada por el hecho de que las ideas, en todo, caso, son bastante menos potentes que los armados. Una noción, una propuesta, vale poco en un mercado donde imperan la boleta, el enganche, la colectora, la marca, la sigla, el slogan, el sello, la traba y la zancadilla.

Allí donde Julián Abad quería al menos entrar en el debate, un tecnicismo lo dejó fuera de combate en lo local. Y ahora lo obliga a mostrarse buscando el Senado. Donde Liliana Schwindt buscaba una puja con el oficialismo, le perdieron las listas. Y ahora es crítica del denarvaísmo que integró, al punto de amagarle con escraches. Donde el peronismo buscaba una representación, operaron las colectoras.

Hoy Abad no está en carrera local (sí parece haber reforzado su exposición senatorial), Schwindt tampoco, y las colectoras del Frente para la Victoria no pueden mencionar a su referente nacional, porque alejan el voto local.

La situación del Frente para la Victoria es paradojal: en ciertos segmentos del electorado peronista local, sobre todo el de mayor edad, ni siquiera les conviene nombrar a Néstor Kirchner. El dato es palpable cuando ni José Eseverri ni Miguel Santellán lo mencionan siquiera a la pasada.

Pero más lo es (y evidencia el modo en que la elección juega una verdadera interna del justicialismo) cuando una tercera postulante proveniente del justicialismo, Silly Cura, recorre los medios lanzando como una estocada un diagnóstico que huele a reproche público: ``Miguel Santellán es Kirchner´´, "José Eseverri es Kirchner´´, repitió como un reloj la candidata, ahora única, de Unión Pro.

Lo que nadie dice a toda boca es lo que casi todos admiten, y que también es el producto de una circunstancia, de un posicionamiento, de una caída, y no de los discursos ni de las propuestas: el tropiezo de Abad canalizará, en un alto porcentaje, hacia la boleta local de Ernesto Cladera.

Reparemos aquí en un dato adicional referente al ``Gato´´, que también será artilugio, aunque hay que repasar algunos últimos hechos.

1) Liliana Schwindt, separada de su boleta por ``el extravío´´ de su nómina en La Plata, ya rema en el ancho río de los heridos y desairados por Francisco De Narváez. Formó parte, sin estar, de la movida de Costa Salguero, el grupo de peronistas que al Colorado le dijeron ``con vos nunca más´´.

2) De Narváez vino a Olavarría a iniciar su campaña en la Séptima Sección. Igual que el viernes, cuando todos se sorprendieron por su presencia, estaba allí Julián Abad, el candidato del Pro desplazado de la contienda local por un ingreso tardío de su boleta en la Junta Electoral.

3) A Abad lo llamó Mauricio Macri, este jueves. El viernes se vieron gestos increíbles hace apenas una semana, cuando sus seguidores vociferaban contra la ``avivada´´ del curismo, que los dejó fuera de carrera por, supuestamente, presentar la alianza entre las nóminas de Silly Cura y de Miguel Arena como la de todas las listas, e inducir a la Junta Electoral a bajar la lista de Abad como si fuera parte de esa coalición, aunque estaba afuera.

4) De Narváez bendijo a Abad (un dirigente cuyos votos drenan hacia el claderismo) abiertamente. Más que a Silly. Cobró cuerpo la versión que marca que Unión-Pro tratará de consensuar una estrategia para la Séptima Sección que todavía necesita el aval del curismo.

Aquí llegamos al punto central: es un hecho que en Olavarría, el denarvaísmo está interesado en una operación que necesariamente debe contar con cierto aval del curismo. Se trata de una operación para captar el voto a concejal de Julián Abad sin que Julián Abad esté presente. Algo así como el voto fantasma de Julián Abad a concejal.

Esa operación chocaría, en teoría, con la aspiración de Silly Cura de retener en la Ciudad todo el voto de De Narváez que quedó ``guacho´´. Silly, también, cree que no todo el voto le decantará naturalmente.

Por eso se avanza en una especie de corte consensuado: jugar a que los votantes flotantes de Abad a concejal, migrados a Cladera, corten boleta y voten Cladera en el distrito y lista de senadores provinciales. Además, es la idea que tienen respecto de Miguel Santellán, si es que algunos votos sde Abad (pocos) van para ese lado.

¿Cómo lo harán? Un partido con alta capacidad de organización repartiría boletas cortadas. Unión-Pro tiene el mismo nivel de organización que una marcha de protesta: casi ninguno, demostrado en que ``perdieron´´ decenas de boletas de concejales en toda la Provincia.

Por eso en lugar de cortar, inducen al corte: y por eso Francisco De Narváez se mostró en la visita a Olavarría al lado de Julián Abad, y no de Silly Cura, su candidata única en el distrito: de hecho fue al local del candidato a concejal caído y ni siquiera pasó por el local de la candidata a concejal activa. No sirve explicar que Julián pelea como senador: Silly también, y la dejaron esperando en Parque Mitre, de donde salió rauda para El Fortín cuando se dio cuenta de que la dejaban afuera de la foto.

Ese es el lado por el cual Cladera puede recibir un aporte que, en principio, no es producto de su campaña, ni de su dedicación, sino apenas el derrame de un candidato caído (Abad), sumado a las olas de la revancha de otro, nacional (De Narváez), que ayer bendijo a una tercera (Schwindt) que más tarde también quedó en el camino.

Cuando los candidatos crecen así, por aritmética, bajan por acá, por manoseo, o planifican allá, por encuesta, el resultado es una campaña pobre, donde al ajetreo de pantalla se le agrega el cálculo sobre lo que sucede tras bambalinas.

En estos días, es un hecho que Norma Urruty y Julio Alem se felicitan de no haber cedido a los cantos de sirena que los convocaban a formar parte del proceso electoral. ¿Alguien imagina hoy cuánto hubiese devaluado gratis Norma Urruty sin entraba en la picadora de carne de Unión-Pro y corría una suerte similar a la de Liliana Schwindt, pero encima sin la tabla de salvación peronista que la concejal sí tiene? ¿O se anima alguien a adivinar cuántos puntos habría clavado en descenso Alem si se metía en el berenjenal del Pro-peronismo que ni siquiera respetó la lista de su presidente partidario?

En tren de pobreza de campaña, tal vez sea momento de adivinar qué implican a futuro. Y si lo que se resuelve es la interna del peronismo, si Cladera avanza y se acerca a José Eseverri (de hecho el Intendente ya admite que perder la elección no es perder el Gobierno, aunque de hecho es muy difícil que aún aplastado por Kirchner pueda perder), el que puede crecer sin exponerse es Alem.

Caso curioso, ya dicho en esta columna: Alem puede pasar de sparring del oficialismo (el jefe de Gabinete, Héctor Vitale, lo golpea cuando puede, la bancada oficialista lo destrata, el propio Intendente lo ningunea) a figura oficial del futuro: si José Eseverri no aplasta es improbable que su Gobierno local tambalee. Ni siquiera es muy probable que la oposición pueda jaquearlo, aún si Cladera sorprende, descolla y gana.

Ese es el dilema central del eseverrismo: la gestión no es mala, si siquiera mediocre. Pero le cuesta horrores trasladar a votos y simpatía electoral ese consenso. El camino inverso tampoco es posible: la dificultad en conseguir votos no se traslada hacia un rechazo de su gestión. Resultado: una derrota, un empate, no complica a la administración local.

Con una salvedad: tal vez la obligue a cambiar de cabeza para la Intendencia del 2011.

Eso, de todos modos, es apenas futurología. Mucho más próximo, y temible, es el futuro seccional del eseverrismo si la caída en desgracia de la lista de Abad drena en votos a Cladera, pero masivos. En ese caso, la Coalición Cívica perforará el piso del 33%, quedará cerca de retener los tres senadores provinciales en juego y Cladera le aportará a su sector tantos votos como un Intendente.

Aunque no pierda poder local, será mal momento para el eseverrismo a la hora de explicar, en la Séptima, qué pasó con los votos. Aunque claro, hasta este comentario, en una campaña tan sosa, es mera especulación.

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