El juego de Néstor para captar votos de indecisos

"Por favor les pido", decía ayer Néstor Kirchner en la localidad de San Nicolás, pago del diputado nacional José María Díaz Bancalari. Tras el pedido, repetía: "Si la compañera Cristina pierde la mayoría, cosa que no va a pasar, volveremos al 2001".

El mensaje, más que apocalíptico, no solamente es una estrategia electoral para arrinconar al votante entre el "nosotros o la catástrofe" sino que también es cierto que el propio Kirchner comienza a reconocer una elección complicada. Y que luego de arduas negociaciones y por presiones de todo el peronismo, tuvo que aceptar ser candidato.

Sabe que perder o conseguir un empate técnico en junio próximo es lo que mismo que ingresar a la casa de velatorio para que sus seguidores lo lloren antes de la despedida final. Así lo grafican varios dirigentes kirchnerista, que nada tienen que ver con la oposición.

El temor existe y de eso no hay dudas. Tal vez por eso, ex el presidente se coloca como la única salvación política para profundizar el modelo de redistribución de la riqueza, modelo que convence a la gran mayoría de los argentinos, pero que no lo ven en su cotidiana realidad. En la práctica, no es palpable.

Sus dos últimos discursos también muestran un intento de supremacía, superando cualquier partido político. Con Kirchner la profundización del cambio, sin Kirchner, el caos económico e institucional. Es que el titular del PJ no quiere dejar el régimen kirchnerista que tanto costó sostener en seis años. Y la desesperación lo lleva a instalar el "juego del miedo".

Tiene perfectamente calculado que el porcentaje de indecisos ronda entre un 15 y 20%. Y esos votos podrían ser la herramienta que necesita para salir victorioso de esta elección. Cacerolas, corralito, y que "se vayan todos", es la representación que Kirchner instala con el solo hecho de nombrar aquel 2001. Cree que sus advertencias podrían darle una captación de votos en ese porcentaje, que hasta el momento no está definido.

Reconoce entre sus íntimos que en política "no se puede confiar en nadie". Por eso, mira de reojo a los intendentes que le dicen ser leales. Y aclara que si tuviera tanto poder territorial en la populosa Provincia, las elecciones no estarían pendiendo de un hilo. Piensa que muchos de los jefes comunales juegan a dos puntas, o en el peor de los casos, en tres, según lo que marcan las encuestas en los distritos kirchneristas.

Mientras tanto en la Secretaría General de la Presidencia se dice: "Abrimos la ventana para que entren todos. Nos tenemos que mantener". Nadie puede alejarse del poder K, todos tienen que estar contenidos, pero las decisiones que toma Néstor de último momento hace que muchos quieran fugar, o por los menos, correrse.

Los consejeros del ex presidente ya no son escuchados. "Hay que convencer muchachos", repite Kirchner, sin ninguna intromisión de sus asesores.

Así las cosas, Kichner insistirá con "el futuro" o con el "pasado reciente". La idea es conocer la tendencia númerica de los sondeos, luego de sus advertencias.

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