El juego de las dos inflaciones, una política que apunta a cristalizarse

Tradicionalmente la gente desconfía de los índices de precios por considerar que la inflación que soportan es superior a la que marcan las estadísticas.
Las diferencias entre la medición oficial de la inflación y la sensación de cada persona frente al aumento de los precios, en general, son amplias, pero respecto del resultado de 2008 parecen ser gigantescas.

Tal es la sensación que si la inflación del año pasado fue de 7,2% y los aumentos de sueldos rondaron 20%, en 2008 se habría registrado una de las mayores recuperaciones salariales en términos reales de la historia.

Desde ya que cada asalariado podrá evaluar su resultado, pero difícilmente crea que es más rico que hace un año.

El desfasaje entre la estadística y la realidad del bolsillo comenzó en 2007, cuando los índices oficiales comenzaron a perder credibilidad. Y se profundizó el año pasado, con la creación de un esquema que está llamado a perdurar.

A comienzos de 2007, el Gobierno comenzó a cuestionar a los funcionarios del INDEC y a los índices que elaboraban entonces.

La etapa de la manipulación de indicadores comenzó a tomar cuerpo de la mano de un argumento oficial llamativo: los especuladores generarían presiones para aumentar la inflación como forma de hacer subir la renta que podían obtener comprando títulos indexados que el propio Gobierno había emitido en los tiempos de canje de deuda.

Así, mes a mes, comenzó a registrarse una asimetría entre la inflación oficial y la que medían los economistas privados. Una realidad que hoy, prácticamente, está institucionalizada.

Y que se resume en que para el Gobierno, en 2008, la inflación fue 7,2% y para los privados, de 19-20%.

Esa coexistencia, aunque con otros resultados, es la que está llamada a mantenerse en el tiempo.

Quedaron lejos los tiempos en los que empresarios y analistas esperaban que el Gobierno encarara un plan para hacerle ganar credibilidad a los números elaborados por el INDEC.

El Gobierno, lejos de hacer lo que los privados le pedían, cambió la metodología para elaborar el costo de vida.

Creó un índice con menos productos, donde la mayoría son de precios controlados a partir de acuerdos entre los empresarios y el Secretario de Comercio Guillermo Moreno.

Con esos acuerdos algunos productos quedan prácticamente congelados (los del índice) y otros liberados, con lo cual se cristaliza el esquema de dos inflaciones.

Así los funcionarios duermen tranquilos, los empresarios encuentran formas de sobrellevar las presiones oficiales y los consumidores siguen pagando.

Pero este año la brecha entre las dos inflaciones podría cerrarse significativamente. Y lo más probable es que no lo haga por motivos que entusiasmen.

La tarea la pueden hacer la baja de los precios de los productos que la Argentina exporta y el enfriamiento que ya se siente en la actividad económica.

La caída del petróleo y los granos en el mercado internacional, unidos a la sequía que afecta a zonas clave de la producción, hacen prever una baja de las exportaciones y menos presiones sobre los precios de los alimentos.

Por otra parte, una merma en el consumo le daría menos posibilidades de aumentos de precios por parte de empresas y comercios.

Desde ya que el panorama no es ni uniforme ni general.

Pero, a corto plazo, es poco probable esperar subas en precios de autos o de inmuebles, lo que no impide que puedan darse en muchos servicios privados (salud, educación, etc).

Esta realidad hace posible que este año la brecha se achique.

Economistas del sector privado apuestan a una inflación de 12% para 2009.

Se basan en que, según sus cálculos, la inflación anualizada del último trimestre es de 10%, un resultado muy bueno si no fuese porque es hijo de la menor actividad económica.

Frente al esquema de dos inflaciónes es difícil que el Gobierno se resista a hacer el cálculo de lo que, supuestamemente, se ahorró con un índice de 7,2%.

El 41% de la deuda está instrumentada en bonos que se ajustan por CER, que no es otra cosa que el aumento del costo de vida.

Los números dan que el supuesto ahorro equivaldría a US$ 16.000 millones en el término de dos años, una cifra realmente importante, pero teórica.

La Argentina no puede pasar por alto que desde que comenzó el proceso de manipulación y cambio de las estadísticas, la pérdida de credibilidad en los mercados de crédito se hizo evidente.

El aumento de la tasa de riesgo país (sobretasa que deben pagar los países a la hora de buscar créditos) fue en ascenso y después de octubre se disparó.

Desde ya que eso no fue el caso sólo de la Argentina, pero la profundización de la crisis financiera en EE.UU. cambió todo el panorama y al país no lo encontró en el mejor lugar.

Desde ya que se trata de un gráfico hecho por banqueros que representan intereses, pero el adjunto deja en claro que deberán pasar muchas cosas antes que la Argentina pueda volver a conseguir créditos a tasas similares a las de Brasil o Colombia.

El supuesto ahorro que implicaría pagar rentas de bonos que se indexan por la inflación oficial se paga, y con creces, por otro.

El Gobierno eso lo sabe y está dispuesto a seguir dando pelea dentro de su esquema.

La estatización del sistema de jubilaciones, el blanqueo de capitales, la moratoria impositiva, la colocación de bonos para obtener financiamiento de la ANSeS y del PAMI son parte del arsenal oficial para conseguir financiamiento y enfrentar el 2009.

Las cartas están dadas vuelta y jugadas. Incluso las referidas a la coexistencia del esquema de dos inflaciones.

Después de todo, con plata muchas cosas son posibles.

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