El juego de las escondidas no suma confianza

Por Hernán de Goñi

En privado, algunos ministros y funcionarios del gobierno nacional suelen exhibir más sensatez de la que muestran en público. Los problemas dejan de ser declarativos para transformarse en reales, y la búsqueda de soluciones deja de lado los prejuicios estériles. Pero en el medio, suele aparecer una actitud comunicacional que no transparenta esta vocación y que juega en contra de un factor clave en el proceso económico, que es la formación de expectativas.

Cuando Aníbal Fernández ratificó en público que en la reunión de Daniel Scioli con la presidenta Cristina Kirchner no se abordó la problemática del campo, información que finalmente corrigió ayer el propio mandatario bonaerense (confirmó que expuso su propuesta de bajar retenciones a los cereales y aumentar los subsidios para la producción de carne y leche), no estaba contribuyendo a despejar la incertidumbre que hoy pesa sobre la actividad económica.

No es el único caso, pero es una muestra de un comportamiento recurrente que desmerece la necesidad de las empresas de contar con una perspectiva clara sobre lo que va a hacer el Gobierno. Si va a haber estímulos para el campo, lo mejor para todos es ponerlo sobre la mesa. El juego de las escondidas no favorece a nadie.

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