Jubilados de clase media, los más afectados por el sistema

No superan los efectos de la reducción de ingresos ni pasar de una obra social privada a un hospital público; tampoco saben adónde acudir por ayuda. La amistad es clave.
Encontrar una actividad y relacionarse con otros desde el afecto es la base de la estabilidad emocional y el disfrute de la tercera edad y también la forma más eficaz de prevenir enfermedades y reducir costos médicos.

En esta afirmación coincidieron los disertantes del I Congreso de Adultos Mayores del país, que se desarrolló en la Universidad Nacional del Sur, entre jueves y viernes últimos, con la participación de tres centenares de jubilados de todo el país.

Los conferencias, entre las que hubo de especialistas de distintas áreas, llegados especialmente para el encuentro organizado por la UNS y el Pami, coincidieron en indicar, además, que los jubilados provenientes de la clase media son los más afectados del sistema.

Y entre las razones, explicaron que son personas acostumbradas a un salario, que se ve reducido al dejar la actividad laboral formal, y que, entonces, deben comenzar a restringir sus hábitos de consumo.

Que, además, comienzan a aislarse, a abandonar sus actividades y su propia estética y desconocen cómo acceder a diversas prestaciones, no soportan la espera para los turnos y declinan directamente de informarse sobre qué se puede hacer al llegar a la tercera edad.

La doctora Haydeé Andrés, quien es psiquiatra, psicogeriatra, profesora de consulta del departamento de Salud Mental de la facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA), indicó que el aspecto económico es muy importante, a la hora de la jubilación.

"El pago no les alcanza para nada y, además, muchos deben compartir el dinero con el resto de la familia. La mayor problemática está en el sector de clase media, que ha tenido un nivel de vida que ahora se ha modificado.

"Si no era mucho, por lo menos era suficiente. Eso, ahora, no está. Eso afecta en que ya no tienen la posibilidad de las mismas vacaciones, que no pueden salir como antes. Hay muchas opciones gratuitas, pero la clase media no es fácil que concurra a un centro de jubilados y se pierde esas ofertas.

"En general, los más carecientes que llegan a esa edad saben a quién pedir ayuda, están acostumbrados a recurrir a un vecino o a una entidad estatal. Pero los que alguna vez tuvieron otra vida, una profesión, una dedicación laboral importante, no tienen ese ejercicio, no saben ni qué hay ni cómo llegar a eso. Y un hospital público les da miedo y sentimiento de retroceso. Ahí empieza un retroceso que no ayuda en la salud física.

"Entonces, se encierran, viven en departamentos de edificios con personas de la misma edad, pero sin relacionarse; miran televisión, escuchan radio. La amistad es clave a cualquier edad, pero en los jubilados es la mejor etapa, porque tienen más tiempo para compartir y más experiencia".

Indicó que existen "prejuicios en la llamada gente grande de que los únicos amigos son los de la infancia o los de toda la vida. Eso no es cierto. Amigos se puede hacer siempre y cuanto más edad uno tiene, tiene más experiencia para conocer a los demás.

"La amistad es fundamental para compartir en esa edad, cuando se han perdido pares y familiares y un rol en el núcleo más cercano. Además, los amigos no tienen por qué ser de la misma edad. Cuanto más jóvenes sean los amigos, más vitalidad les inyectan", acotó.

Indicó que la realización de cursos o actividades con pares, de cualquier tipo, resulta terapéutica.

"Comienzan a relacionarse con otros, se preocupan por su aspecto, se arreglan, se sienten mejor, ocupados. Eso no tiene precio, pero sí recompensa: más salud".

Experiencia

Los cursos para jubilados con docentes universitarios los iniciaron la UNS y el Pami, en 2005, y se replicaron en el resto del país. Versan sobre historia, jardinería, arquitectura. La mayoría logra una relación con sus pares que va más allá de los cursos y muchos exteriorizan gran afecto por los docentes.

"Es darles vida con muy poco", indican, desde ambas instituciones.

El Pami abona los salarios y la UNS aporta los docentes y el mantenimiento de los espacios y gastos de funcionamiento.

Actualmente, se llevan a cabo 450 cursos en 27 universidades nacionales públicas y seis privadas, con la participación de 15.400 mayores de 65 años.

La participación masiva en los cursos de la UNS llevó a la casa de altos estudios a implementar la diplomatura específica para adultos mayores, que, con dos años y medio de cursado y 15 materias, se inicia este mes, siendo la primera del país.

La importancia de la prevención

"Lo más grave, en la tercera edad, es la soledad y la dependencia de otros. No es la enfermedad. Todos empezamos, a los 55-60 años, un proceso de fragilidad: acá o en la China, hay problemas de visión, de movilidad o cognitivos.

"Anteojos vamos a necesitar todos, el problema es cómo accedemos a ellos; tanto en el aspecto económico como en la forma de buscar ayuda o de cómo el Estado lo provee es clave", destacó la doctora Estela Altalef, médica geriatra y gerontóloga, coordinadora del Programa Nacional de Promoción y Prevención Socio Comunitaria del Pami, quien indicó que "cada vez vivimos más años, pero si ese alargamiento es con más medicamentos y enfermedades, el panorama es catastrófico. La clave es la prevención y cualquier iniciativa que contemple la relación con otros y una actividad es trabajar en eso.

"El aspecto económico es importante, pero no determinante. Lo más importante es hallar un rol social, un círculo de amistades, una actividad que ocupe la cabeza.

"Los deslizados socialmente son los más perjudicados, porque no saben adónde pedir ayuda, adónde acudir y no superan el haber bajado de nivel de vida, salir de una prestación médica paga a un hospital público. Prefieren no ir...", expresó.

"Si una persona necesita que le hagan las compras, que le manejen los medicamentos, que la lleven y la traigan, es un mal pronóstico de aquí a cinco años", recalcó.

Reconoció que la relación con otros, como lo son los cursos en las universidades para jubilados, mejora el aspecto físico.

"Está comprobado que quien asiste a este tipo de propuestas mejora el padecimiento físico que posee. Tiene menos diabetes, menos colesterol, menos arritmia; la mayoría baja la ingesta de psicofármacos. Si las obras sociales advirtieran esto y trabajaran más en la prevención que en asistencialismo posterior, disminuirían sus costos médicos.

"Además, urge hacerlo, porque no hay manera de sostener un sistema con gente que cada vez vive más, pero llega a esa edad enferma", recalcó.

El 80% de los participantes de cursos y demás actividades para jubilados son mujeres y Altalef afirmó que se debe a que el hombre tiene mayores dificultades para la participación y que el desgaste por una vida dedicada a ser proveedor le dificulta ser receptor.

"Está estimado que, por diversos motivos, los hombres, en la Argentina, viven siete años menos que las mujeres --aclaró--, como consecuencia de una actividad social más restringida y menos atención a su salud.

"Las mujeres están, en general, más atentas y consultan más", acotó.

La doctora Laura Garau, médica neuróloga integrante del equipo de Neurología del hospital Fernández, explicó, por su parte, que, al llegar a los 60 años, existen situaciones normales de dicha franja etaria que son equivocadamente tomadas como síntomas de decrepitud.

"Hay muchos preconceptos en las propias personas y en sus allegados; que la pérdida de memoria, que la repetición son indicios de vejez prematura y que no se pueden superar. No es cierto: hay cosas que son propias de un cuerpo más desgastado, pero que un cambio de actitud pueden hacer pasar a segundo plano y pasar de ser un problema grave a una situación manejable.

"Hay gente que piensa que ya es tarde para hacer cosas; ese cambio de mentalidad es clave. No se puede hacer todo, pero sí muchas cosas. El ejercicio mental es fundamental", culminó.

Comentá la nota