Juan Tandil Del Potro

Juan Martín fue recibido por 40.000 personas en su ciudad, donde lo nombraron embajador deportivo.
Juan Martín del Potro anunció su baja de la gira asiática que culminaba en el Masters 1000 de Shanghai. "Me duele el hombro derecho", afirmó el campeón del US Open. "El recibimiento en Tandil fue inolvidable, pero saludar a tanta gente, levantar el brazo mil veces, también tuvo sus consecuencias.", agregó el Nº 5 del mundo, que descansará y comenzará a pensar en el Masters de Londres.

Tranquilos, calma, la noticia pertenece al terreno de la ficción. El hombro, también la muñeca, le deben doler de todas maneras, más por las cuatro horas de vitoreo incesante en su ciudad natal que por haber enfrentado a Federer y Nadal en días consecutivos. El rey de Nueva York llegó finalmente ayer por la tarde a Tandil, donde lo esperaron 40.000 personas (un tercio de la población) en un raid que comenzó en la rotonda de la ruta 226 y siguió por la calle Newton, de ahí al club Independiente -de donde surgieron Pérez Roldán, Davin, Tarabini, Zabaleta, Mónaco, Delpo, Junqueira, Machi González y los que vienen- para terminar en un balcón iluminado en una noche fría en lo climático, caliente por la comunión entre ídolo y vecinos. "Esto es demasiado, inolvidable, tiene más valor que haber ganado la Copa", dijo el nuevo embajador deportivo de la ciudad. Si en el US Open le entregaron las llaves de un Lexus, acá se quedó con las de la ciudad, que le entregó el intendente Miguel Lunghi en la Municipalidad, frente a la plaza.

Un día más tarde, Juan Martín sigue con la misma mirada perdida que cuando se encontró a charlar con Olé. Esta vez, la situación cambia: se encuentra en una autobomba que va al paso, seguida por cuatro cuadras de autos, motos y bicis. A su paso, lo saludan todos, incluida Viviana, portadora de un regalo original: una raqueta con seis huevos pegados con cinta scotch. ¿Hace falta explicar el chiste?

Pasa Chulo, el perro vestido de celeste y blanco. "A los del turno tarde nos vinieron a retirar nuestros papás para venir a conseguir un autógrafo", reconoció un alumno del Santo Domingo en la Sierra. Los vecinos supieron esperar dos horas, radio en mano (el relato de la llegada por las estaciones locales es contagioso) por el paso de la autobomba que apenas dura 30 segundos.

Delpo saluda y no sale del trance, hasta que lo domina una emoción que contagia. Sentado, bastante encorvado, achina sus ojos y se tapa la cara. Los gritos y olé Delpo terminan, para dar paso a un aplauso cada vez más fuerte. La gente se da cuenta de que su ídolo es de carne y hueso, que todavía es un pibe de 20, todavía aprendiendo a convertirse en figura que trasciende su actividad. Juan Martín se seca las lágrimas y trata de incorporarse. Los dos bomberos que lo asisten sostienen su metro 98, porque hoy la situación lo hace frágil. El viaje había comenzado después del fuerte y necesario abrazo de su madre, Patricia. Ella, papá Daniel y Julieta, la hermana menor, hacen un culto de la no exposición y según el propio Delpo, "eso nos viene dando resultados y no va a cambiar".

La llegada al club Independiente sirvió para descontracturar un poco. Sonaba otra vez "Matador", de los Cadillacs, mismo tema que oyeron los asistentes a la finalísima del Arthur Ashe. Delpo se paró, un poco más animado, y empezó a agitar la bandera pidiendo acompañamiento. Durante su caravana, un vistazo rápido y nada sociológico, indica que Delpo convocó a un amplio público adolescente. "Lo amo, lo amo", repetían las jumper teens. "Este año empezamos a jugar al tenis", prometieron un par de nenes subidos a un árbol, con vista privilegiada. "Basta de Delpo, me tienen podrido", gritó un adolescente que portaba una guitarra. "Sí, soy el Catastro Feroz de Tandil", se despedía invocando al personaje de Capusotto que se opone a lo popular y canta canciones contra Maradona. "Si alguien encontró un celular con tapita, por favor traerlo a la secretaría del club", pedía la voz del estadio.

"Me hicieron sentir el chico más feliz del mundo", dijo Delpo y destacó que en el balcón "por suerte no me quebré y pude hablar de corrido". No era su primera caravana: el año pasado, cuando llegó del US Open tras ganar sus primeros cuatro títulos, lo esperó un marco parecido, pero menos multitudinario y sin periodistas extranjeros. Esta vez, llegaron de Francia, Suiza y Cuba, y la capacidad hotelera de la ciudad se asemejó, por un día, al verano.

"Si está el Centinela y la Piedra, ¿por qué no puede haber Torre de Tandil?", bromeó Delpo sobre su nuevo apodo, que según él inventó la gente de ESPN. "Ahora necesito un poco de relax. Esto fue muy fuerte", dijo Del Potro, que dará fin al boom Delpo (al menos en la parte que él mismo genera) por unos días para descansar en el campo familiar. Después comenzará a pensar en la gira asiática, si el hombro le deja.

Comentá la nota