Juan José Aranguren: "Moreno es el fiel reflejo de lo que pide Kirchner"

Sufrió el boicot contra su empresa por parte del ex presidente Néstor Kirchner. Se plantó a Guillermo Moreno, secretario de Comercio Interior, cuando nadie lo hacía y en exclusiva rompe el silencio ante El Cronista Weekend. Qué opina del "caso Papel Prensa", qué piensa de la economía y del futuro doméstico. Secretos de un ejecutivo sin cassette.
"Los argentinos no le tienen que comprar a Shell ni una lata de aceite". La frase del ex presidente Néstor Kirchner data de marzo de 2005, cuando convocó a un boicot a la petrolera angloholandesa que se coronó con escraches a 33 estaciones de servicios y bloqueos a la refinadora de Dock Sud a cargo de grupos piketeros. La razón del enojo K había sido un aumento en los precios domésticos de entre el 2,6 y 4,2 por ciento, como consecuencia del incremento del precio internacional del petróleo, con un barril que cotizaba a u$s 55. Juan José Aranguren, presidente de Shell, hizo por entonces lo que pocos ejecutivos se animaban. Alzó la voz y fuerte cuando la mayoría de sus pares se refugiaba en el rentable sonido del silencio. Las subas de retenciones, cierres de exportaciones, inspecciones, clausuras millonarias y demás embestidas fueron creciendo durante los últimos años hasta llegar al record de 57 demandas penales que hoy enfrenta el número uno de la empresa que tiene más de 95 años de presencia en la Argentina y que ganó en 2008 la primera batalla judicial cuando el juez comercial Daniel Petrone falló que las multas que el secretario de Comercio Interior le había aplicado a la empresa que preside carecían de validez. Prágmatico, ingeniero de profesión y de estilo, Aranguren responde de todo: la economía, el caso Papel Prensa, la conflictividad laboral, su relación con el Gobierno y cómo es hacer hoy negocios en la Argentina. Autoridad para hablar de ello no le falta. Se incorporó a Shell en 1979 como becario del departamento de Tecnología de la Refinería Dock Sud y desde entonces hizo escalas en Australia, África y varios países de América latina. Desde 2003 ocupa el máximo sillón local y el de vicepresidente de Suministros para América latina. Desde diciembre de 2008 incorporó, además, responsabilidades de vicepresidente regional para Centro América y República Dominicana. El premio Konex de Platino como ejecutivo de la industria de la última década es tan sólo otro de sus últimos logros.

Usted fue uno de los primeros empresarios en plantarse a Guillermo Moreno, quien volvió ahora a ser noticia por la denuncia que hizo el director del Estado en Papel Prensa. ¿Cómo vivió esa denuncia?

- Creo que es una consecuencia del rol que han desempeñado los empresarios. Cuando alguien avanza es porque hay otro que retrocede, y creo que acá uno tiene que estar bien preparado para decir cuáles son aquellas acciones que tienden al genuino interés de lo que significa dar empleo, dar trabajo, desarrollar un negocio en determinado país. Si en este caso nos sorprendimos por una nueva demostración de ciertas mañas de algún funcionario público es porque alguien se deja avasallar. Y en este aspecto, no hizo más que traerme a la memoria ese famoso dicho de "están golpeando a mi puerta".

A usted le tocaron varias veces la puerta….

- Hace unos cuantos años ya golpearon a mi puerta y algunos empresarios dijeron o pensaron, esto a mi no me va a pasar y hoy les está pasando a muchos. Y es un poco donde se reivindica la posición de Shell que en su momento no dejó que eso quedara en el olvido. O mejor dicho, no agachó la cabeza.

¿Siente que hoy cambió un poco el silencio de los empresarios?

-Hoy se nota que hay un mayor grado de reconocimiento y hay ya entidades que supuestamente tendrían que haber alzado la voz antes como AEA, la Unión Industrial Argentina, entre otras, que están en condiciones de hablar con los periodistas no solamente off the record. Creo que ellos tendrían que haberlo hecho antes, y acá no estoy pasando ningún tipo de factura, es un análisis de la realidad. En los países anglosajones, a los funcionarios públicos se los llama public servant, servidor público. Es el funcionario el que nos sirve a nosotros y no al revés. Cuando digo nosotros estoy hablando de la sociedad.

¿No ocurre esto en la Argentina?

- En la Argentina se da todo lo contrario. Tenemos una postura muy machista en ese aspecto. De que la autoridad no tiene un poder delegado de nosotros sino que lo tiene para ejercerlo a costa de nosotros. Y esto es una inversión de los roles en la sociedad.

Si como usted dice los empresarios ahora hablan y se denunció al secretario de Comercio por su accionar en Papel Prensa. ¿Por qué cree usted que sigue en su cargo?

- Porque es el fiel reflejo de lo que pide su presidente. Es claro que si hay un secretario de estado es porque la presidente o el presidente anterior quieren que esté y creen que cumple un rol adecuado. Yo estoy convencido de que Moreno es una circunstancia.

¿Es una circunstancia del gobierno argentino? ¿De la Argentina?

- Sí. Moreno va a pasar y después veremos dónde termina. De la capacidad intelectual de Moreno, yo puedo hablar. Porque de dialogar o de discutir, uno puede saber si tiene o no tiene capacidad para el puesto que está desempeñando. Gritar, prepotear, además de otras cosas que dicen que le ha hecho a otra gente. Esas no son partes de las capacidades que tiene que tener un funcionario público. El funcionario público tiene que tener y sostener un diálogo, la posibilidad de hacer. ¿Cuántas veces hemos visto un debate donde un funcionario se presenta en el Congreso a dar explicaciones, de cualquier índole?

El tema es que también sin intervención del Estado se producían abusos.

- Estoy de acuerdo en que el Estado tiene que ser controlar que haya una adecuada competencia, pero no estar actuando como empresario. No estar visitando quién le va a comprar papel o quién no le va a comprar papel de una determinada empresa. O llamando a los proveedores para que bajen un precio. O indicándole cual es el momento adecuado para aumentar un precio en función de ciertas pautas de aumento de índice de precios y de inflación. Por lo tanto, cuando digo que Moreno es una circunstancia, es simplemente un instrumento de un poder superior. Y un buen soldado. Ahora el problema es dónde ese buen soldado puede llevar a la Argentina. Pero insisto, la culpa no es solamente del chancho, sino del que le da de comer.

¿Se refiere al Gobierno?

- Me refiero al que ha aceptado un insulto, a una compañía que haya aceptado desplazar un gerente general porque lo pidió o lo exigió un secretario de Comercio. En el momento que eso se acepta, una vez que se agachó la cabeza, después levantarla cuesta mucho.

¿Le preocupa el creciente nivel de conflictividad?

- Sí, claro. La Argentina está viviendo últimamente momentos de crispación, la ausencia de diálogo es el principal sinónimo de violencia, que tengamos que hacer las cosas a las apuradas, sin darnos un mínimo consenso, sin tener la oportunidad de reflexionar sobre lo que se está discutiendo o aprobando. Que no nos demos ni el tiempo de evaluar el significado de la palabra bianual o bienal, en el caso de la revisión de las condiciones de ciertos contratos, llama mucho la atención porque no hay motivos por los cuales las cosas tienen que salir tan a las apuradas.

Esta crispación se ve en su situación personal como ejecutivo. Tiene hoy 57 causas penales…

- Sí, son 57 causas penales y obviamente hay otras más, por ejemplo multas. Porque no todas las multas fueron sujetas con una accesoria de causa penal. Hay dos procedimientos, uno civil y otro penal. Y el que ha ido avanzando es el civil, y la verdad es que del total, se presentaron unas 83 multas, de las cuales, por distintas circunstancias en la Justicia hay 44 multas, por un millón de pesos cada una. De esas 44, 18 ya fueron absueltas en primera instancia, una fue absuelta parcialmente porque se bajó el monto de un millón a cien mil y el resto sigue su curso. Hasta ahora la forma en que la Justicia se ha expedido es en defender o dar la razón, en este caso a la compañía. Y las causas penales de alguna manera vienen después. Están en la Justicia y todavía sometidas a una espera.

¿Le preocupa su evolución?

- La verdad, no. Primero porque cuando uno cree tener razón las posibilidades de preocuparse son limitadas. Segundo, nosotros estamos convencidos que tenemos razón, por distintas circunstancias, independientemente de que aún alguien considere que la ley de abastecimiento está vigente o que es constitucional, aunque nosotros decimos que no. Además siempre hemos cumplido con lo que dice la resolución. Duermo muy tranquilo, sé que en algún momento nos van a dar la razón. Mi preocupación, y creo que debería ser la preocupación de la sociedad argentina, es que normalmente la resolución de este tipo de casos van más allá del período administrativo que corresponde al funcionario que en este caso inculpó a alguien. Y esta es un poco la fortaleza que tienen: acuso, penalizo, denuncio, total cuando la Justicia termine fallando ya no voy a estar. Y en este aspecto, la Argentina está acostumbrada a que este tipo de cosas ocurran y de la misma sociedad civil se las fomenta cuando no se pagan los impuestos porque sé que va a venir una moratoria.

La mejor defensa es el ataque…

- Nosotros defendemos lo que corresponde. Ya sea el secretario de Comercio o la secretaria de Ambiente anterior, la licenciada Picolotti, que también hizo algo que a nuestro interés es contrario a derecho, cada vez que hemos tenido una circunstancia de esas características, hemos tratado de defender nuestro interés en la Justicia. Creo que eso también es el deber del empresario, del dirigente de empresas. Yo soy un dirigente de empresas, no un empresario. Así como somos fieles cumplidores de nuestras obligaciones, tenemos que hacer defender también fuertemente nuestros derechos.

Hoy se habla mucho de la batalla judicial tanto en el caso Aerolíneas, fútbol, ley de Medios….¿Es la batalla que viene?

- Esto es una cuestión de evidencias. Veamos simplemente cuál es el nivel de ingreso de capitales en la Argentina, si es que lo hay, comparado con otros países de la región y preguntémonos cuál es el motivo por el cual hay países donde el capital ingresa y otros países donde el capital es expulsado, los mismos argentinos lo sacamos afuera.

¿Cómo justifica usted esta tendencia?

- Porque no tenemos confianza en el futuro y si partimos de que hay desconfianza en el futuro es muy difícil que alguien pretenda que no sea la Justicia la que dilucide los problemas. Estamos en un problema cuando esperamos que sea la Justicia quien nos diga si tenemos o no tenemos razón. Cuanto más interviene es porque en la sociedad no hay denominadores comunes mínimos. Insisto, el sinónimo de la democracia es el Parlamento y querer aprobar una ley sin modificar una coma en una de las cámaras, en este caso la que representa a las provincias, es contrario a lo que dice la Constitución Nacional. Y acá hablo como un simple ingeniero, no soy abogado, si bien he tenido que aprender bastante en estos últimos años, pero lo que quiero decir es que el mínimo sentido común me indica que el ámbito específico donde la democracia tiene que mostrar toda su importancia en una sociedad es en el ámbito del Parlamento. ¡Qué es lo que puede cambiar si se demora una semana una determinada votación!

Falta de debate, corto plazo, inseguridad jurídica parecen ser las máximas de este año….

- Los argentinos tenemos un problema muy serio, estamos administrando nuestro recursos como país, como sociedad, pensando en el día de mañana, no en lo que ocurrirá en 15 o 20 años. Hay un dicho que asegura que la diferencia entre un político y un estadista es que el político piensa en la próxima elección y el estadista piensa en la próxima generación. Nosotros necesitamos estadistas y los estadistas no están solamente en la política o en la administración pública, están también en el sector empresario, en el sector social, es decir, nosotros tenemos que ser dirigentes empresarios, no debemos pensar en como zafar el mañana sino que queremos construir el largo plazo. Y hay algunos que especulan con la ganancia corta, rápida, con un muy buen bono a fin de año, en lugar de tener un desarrollo sustentable del sector en el cual operan.

La foto del sector energético no es la mejor por estos días...

- No es otra cosa que una respuesta a las señales que vinieron para resolver una determinada emergencia que, como toda emergencia, es probable que al inicio estaban bien esas señales, pero llega un momento en el que uno tiene que hacer correcciones. Eso ocurrió en el sector petrolero argentino. La Argentina tuvo durante 10 años planchado un precio que fue el del dólar en el marco de la convertibilidad. Había muchos, algunos políticos, muchos economistas que decían que había que salir en forma gradual de ese corset que daba el tipo de cambio. Acá se dio exactamente lo mismo. Durante muchos años, para atender a la crisis económica del año 2001, a inicios de 2002, se respondió con una ley de emergencia económica que estableció ciertas pautas de juego en el sector energético, un claro congelamiento de los precios, no a partir de una regulación, sino de la introducción, por ejemplo, de elementos como impuesto a la exportación.

Pero los precios se mantuvieron…

- Sí, los precios locales se mantuvieron en un rango que no superó nunca los u$s 47 el barril, ni cuando el crudo estaba a u$s 147. Eso trajo dos señales. Una para el que consume incentivándolo porque el precio estaba barato y no sólo en naftas o gasoil, estoy hablando de electricidad, gas, todos los servicios en general. El otro mensaje que da uno con los precios bajos es al inversor, que hoy piensa para qué voy a invertir acá si la rentabilidad que voy a obtener es tan magra, entonces aumento la demanda y le pongo un tope a la oferta que tarde o temprano termina en desabastecimiento y en tener que importar. El desabastecimiento no se evita con palabras o prepotencias sino con acciones de gobierno.

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